sábado, 6 de febrero de 2010

NOCHES PORTEÑAS


Buenos Aires me recibe como un país tropical, con lluvia casi todo los días y alguna tormentilla. Algunos dicen que siempre llovió en verano y otros que es el cambio climático. En todo caso me he librado de varios días de calor pegajoso de casi cuarenta grados. Llueve pero al menos refresca algo la cosa.

El primer día en Buenos Aires empieza mal. Me paso casi una tarde para conseguir una guía Lonely Planet de Brasil. Ni mi querida librería Ateneo, ni librerías especializadas. Hay guías de casi todos los países, pero las de Brasil (y Perú) han volado. Una agencia de viajes que me habían recomendado me manda unas ofertas de precios, que son un 20% superiores a las que cualquiera (yo por ejemplo) puede encontrar en internet. Tengo que ir preparando el viaje a Brasil y la entrada en Estados Unidos para principios de marzo, por si se han endurecido las condiciones.

Los siguientes días todo cambia, a pesar de la lluvia. Primero, funciona perfectamente el internet del hotel, lo que me permite avanzar en mis temas pendientes. Aunque se anuncia como Internet de alta velocidad en las habitaciones, ya me ha jugado varias. Por otro lado, contacto con varios amigos de amigos, lo que me permite despedirme de la ciudad con dos noches porteñas muy agradables. En Buenos Aires, a diferencia de Santiago, no conocía a nadie directamente.
Luis, un compañero de mi primo Juan, me lleva a Don Julio, una parrilla tradicional en el barrio de Palermo. Prefiero no pesarme después de este mes y pico en Argentina.

En principio, no tenía previsto ir a un espectáculo de tangos. Ya fui a uno en 2003 y pensaba que hago yo solo en una mesa de 8 o 10 personas. En mi hotel, sobre las nueve de la noche, el hall se llena de brasileños arregladitos (fuera chanclas hawaianas) esperando que el bus turístico los venga buscar para la cena con tango.
Silvina, una amiga de una amiga de Madrid, me convence para ir a un local, “Clásica y Moderna”, que es más para porteños. Actúan tres viejas damas que ya hicieron ese mismo espectáculo, “Tres mujeres para el show”, hace treinta años. El local es pequeño lo que permite una mayor cercanía. Las tres hablan con el público entre canción y canción y agradecen la presencia de conocidos.
Amelita Baltar, la de la izquierda, canta tangos de Astor Piazzolla y protagoniza un momento gracioso de la noche. A mitad de actuación se da cuenta de que se ha puesto el vestido al revés y que el “escote” de la espalda, más pronunciado, lo lleva por delante. Con sus tablas, sonríe divertida al público y avisa que “nadie se asuste si de pronto asoma algo”.
Marikena Montes, la de la derecha, tiene el repertorio más internacional con su punto fuerte en la Piaf. Cuenta una anécdota de Marilyn Monroe que yo no conocía. Le preguntaron qué era lo que más le gustaba en la vida y ella contestó: “un whisky antes y un cigarrillo después”. No está mal. Sobre la base de esa respuesta alguien compuso una canción.
Pero para el final queda la mejor, Susana Rinaldi, con sus tangos llenos de fuerza y de emoción. Vale la pena luchar y existir, dice uno de ellos, después de confesar sus 74 años. Todo un temperamento de mujer.
Me quedo con ganas de ir a algún teatro. La cartelera empieza a llenarse de estrenos, después de las vacaciones de verano, pero tengo que continuar viaje.

La foto que adjunto es un sitio que me ha hecho gracia. Es un kiosko que está en la calle Maipú con Paraguay. El cartel no se ve bien, pero dice “La esquina de Cachito” – “El gran Canillita amigo. Compañero - futbolero – tanguero, te recordaremos por siempre!!! Tus amigos del barrio y bares”. Debió ser todo un personaje.
Hotel Holiday Inn. Porto Alegre (Brasil). 6 febrero 2010.

1 comentario:

  1. Fran, ya estás en mi tierra!!!!!

    Que itinerario has pensado? o no lo tienes aun? Pasarás por Sao Paulo?

    Un beso muy fuerte

    ResponderEliminar