sábado, 30 de enero de 2010

ENTRE GLACIARES Y TEMPANOS


El principal protagonista de El Calafate es el Perito Moreno. El glaciar más famoso del mundo, aunque no es el más grande ni el más alto. El más grande de la Patagonia es el Pio XI (por el Papa), que está en Chile y para llegar a él desde Puerto Natales hay que navegar un día. El Perito Moreno es más famoso porque es el más bonito (aunque es opinable), el más accesible y sobre todo por las famosas rupturas, ya que en su avance interrumpe la conexión entre dos brazos del lago y la presión de las aguas provoca esta ruptura. La última fue en julio de 2008. Últimamente están siendo cada dos años. Cuando yo lo vi estaba lejos de interrumpir el paso, por lo que no se puede producir. Eso no quita que no parezca vivo y uno oiga crujidos, pequeños derrumbamientos y la caída de enormes pedazos que producen un fuerte estruendo y crean unas olas fenomenales. Pero además de su tamaño, es un espectáculo de formas y de colores, con todas las gamas del blanco al turquesa. Uno se quedaría horas contemplándolo. Por cierto, ¿sabíais que glaciar y ventisquero es lo mismo?; suena mejor glaciar, claro.

Hay tres excursiones típicas para verlo. La primera es una navegación corta (una hora) por el lado sur, en el que el catamarán se acerca a unos 300 metros y empieza a recorrerlo lentamente de un lado a otro. Luego se desembarca y se puede contemplar por unas pasarelas desde tierra. Todo el mundo atento a poder ver un gran derrumbe.
La segunda es una navegación larga que lleva primero a otros dos glaciares, el Upsala y el Spegazzini. El Upsala ha soltado tantos témpanos que no es posible acercarse. Otro espectáculo es contemplar esos grandes icebergs a la deriva por el lago. De pronto, en uno se parte un trozo grande por el desgaste del agua y se rompe el antiguo equilibrio. El témpano se queda como unos segundos pensando y después se da la vuelta y rota hasta encontrar el nuevo equilibrio. Ahora, en su nueva postura, la zona de desgaste es otra y por eso van adquiriendo esas formas tan caprichosas. El Spegazzini es incluso más alto que el Perito Moreno y permite ver las lenguas de hielo que caen de las montañas, pero no tiene la elegancia de aquel. Finalmente el catamarán va al rey del lago, el Perito, para pasear por su cara norte.
La tercera es un pequeño trekking sobre el glaciar de una hora y media, utilizando calzado con crampones. La rodilla sufre un poco, así que me lo desaconsejaron. Tuve que conformarme con contemplarlo de lejos.

Francisco Pascasio Moreno, que le da nombre, fue un explorador e investigador de estos lugares. No llegó a ver “su” glaciar, pero si el Lago Argentino en el que desemboca. Fue nombrado experto argentino en la delimitación de fronteras con Chile. La anécdota que cuentan de él es que él proponía que se utilizarán las cumbres de las montañas más altas como referencia y los chilenos que los valles fuesen de un lado u otro según los ríos desembocasen en el Pacífico o en el Atlántico. Para él ese criterio no era estable, aunque los chilenos se empeñaron. Para demostrárselo, hizo un pequeño movimiento de tierras y consiguió que un río cambiase su vertiente y bajase hacia el Atlántico, con lo que la zona pasó a ser argentina. Esto lo cuentan los argentinos con mucho orgullo, dentro de sus piques con los vecinos.

El Calafate ha crecido mucho en los últimos años, especialmente desde que construyeron el aeropuerto en 2001. Ahora es un sitio bastante turístico, aunque con cierto toque hippy de paz y amor. Yo me esperaba un paisaje verde de bosques, tipo Ushuaia o Bariloche, pero lo que hay alrededor es pura estepa, aunque los bosques sí están cerca.

Desde El Calafate aprovecho para visitar otra estancia, Nibepo Aike, que tiene unas vistas impresionantes al Lago Roca y al brazo sur del Lago Argentino. Esta fue una de las estancias en que paró la Reina Beatriz de Holanda en su visita al país de su nuera. Allí hice una pequeña cabalgata (con caballos mansos), luego hubo una pequeña demostración de perros pastores y esquila, y, para terminar, como no, un buen asado de cordero. Como en las historias de Asterix.
Hotel Amancay. El Bolsón. 30 de enero de 2010.

martes, 26 de enero de 2010

EL SUR DEL SUR


Para llegar a Ushuaia en autobús, se tardan 12 horas desde Río Gallegos. Hay que cruzar la frontera con Chile primero, luego atravesar el Estrecho de Magallanes en una barcaza, en la zona que llaman Primera Angostura, y finalmente cruzar de nuevo a Argentina. La primera frontera es la peor. Mi mochila fue precisamente una de las 4 que eligieron para revisar, aunque gracias a Dios solo la pasaron por el scannner.

Ushuaia creo que ya es bastante conocida en España porque es una de las paradas obligadas de los viajes a Argentina. Yo pensaba que la gracia estaba sólo en que era la ciudad más al sur del mundo, pero la ciudad, rodeada de montañas y con el Canal del Beagle al frente, es francamente bonita. Todas las bromas sobre Ushuaia giran en torno a esta circunstancia: la farmacia más austral, el restaurante más austral…

Realmente el pueblo más austral es Puerto Williams, que es chileno y está en la isla de Navarino, al otro lado del canal Beagle. La orilla norte es argentina y la orilla sur es chilena. No obstante, Puerto Williams es una base militar que se fundó en los años cincuenta para afianzar la soberanía sobre el territorio y solo tiene los servicios auxiliares y poca infraestructura turística, según dicen.

Para que os hagáis una idea de lo al sur que está Ushuaia, en la Península de Valdés si uno sigue el paralelo correspondiente puede dar la vuelta al mundo sin tocar tierra, salvo un trocito del sur de Australia. Sudáfrica queda a la altura de Buenos Aires. Desde la Península de Valdés seguid bajando. Ushuaia está a 1.000 kilómetros de la Antártida (Punta Arenas a unos 1.180). Así que es el puerto en el que atracan los buques que hacen este viaje. Las ofertas de última hora, para 11días -10 noches (casi all inclusive) son de 3.990 USD en un barco ruso. Por aquí he visto otro barco antártico impresionante, el National Geographic Explorer.

La parte norte de la isla de Tierra de Fuego es árida como la parte del continente, pero hacia la mitad el paisaje se va volviendo más verde hasta convertirse en un auténtico bosque. En esta zona Los Andes se tuercen y van de oeste a este, quedando Ushuaia al otro lado. El sitio esta muy aprovechado turísticamente. En invierno se esquía, e incluso hay trineo con perros en un valle que queda helado.

Después de la misión anglicana, fue una prisión muy famosa, a la que mandaban presos peligrosos y reincidentes. La antigua prisión está ahora convertida en museo sobre la propia historia del penal, pero también sobre la navegación por estas aguas y sobre la Antártida. Impresiona un mapa en el que se recogen los naufragios ocurridos en las distintas zonas.

Las dos fotos son vegetales. Una es el lupino que es una flor muy bonita, que por lo visto sólo se da en Tierra de Fuego. La gente se lleva semillas para otras zonas, pero no prospera. Según una guía, un jardinero lo había conseguido, regándola con agua helada, pero no tenía ni el tamaño ni el color de aquí. La otra es de lo que aquí llaman un árbol bandera. Uno de los protagonistas de la Patagonia es el viento. Siempre hay viento y, a veces, muy fuerte.

Bueno, he cruzado el Estrecho de Magallanes y he navegado el Canal del Beagle, hasta la estancia Harberton. Dos hitos más en mi historial náutico. El Cabo de Hornos se lo dejaremos a los profesionales.

Hotel Amado. El Calafate. 26 de enero de 2010.

sábado, 23 de enero de 2010

THOMAS GOODALL, SUPONGO


Como contaba, las estancias de la Patagonia son más “pobres” que las del norte. No permiten casi agricultura. El suelo originalmente se regalaba, unas 20.000 hectáreas, a los colonos que quisiesen venir a ocupar el territorio. Obviamente en estas tierras vivían indios nómadas (tehuelches, pampa, comechingones,…según las zonas) que cazaban guanacos y ñandúes, y caballos y vacas cimarronas. Las ovejas las trajeron los ingleses a finales del siglo XIX desde las Malvinas y se desarrollaron espectacularmente, aunque son más agresivas para la vegetación, porque arrancan las raíces de los matorrales.

Desde la invención de los tejidos sintéticos y, especialmente a partir de los noventa, por exceso de oferta, el precio de la lana bajó mucho y la rentabilidad de las estancias es baja. Algunas se han abandonado y otras han tenido que complementar los ingresos con el turismo. Tenía ganas de alojarme en alguna, pero resulta difícil cuando se viaja en autobús, porque suelen estar a cientos de kilómetros de los pueblos o ciudades.

En Ushuaia me propuse visitar a toda costa la Estancia Harberton que tiene una historia bien bonita. Está a 180 kilómetros de la ciudad. Intenté ir en autobús, pero el grupo mínimo es de 4 personas y prácticamente no sale ningún día. Había otra excursión por mar que, después de recorrer varias islas del canal del Beagle, desembarca en Harberton, está unas horas y luego vuelve por tierra. Sólo era unas horas, pero era mi oportunidad.

La historia es la siguiente. En Inglaterra a mediados del XIX, encuentran un niño abandonado debajo de un puente, con una “T” bordada en el traje. Lo adopta un misionero y le bautiza como Thomas Bridges. Este dirigía una misión que pretendía convertir a los indios yámanas, que vivían en los canales de la Tierra del Fuego. Para ello van a las Malvinas y desde allí hacen varios intentos, que terminan con el asesinato por los indios de los que desembarcaron. El padre decide abandonar, pero el pequeño Tom decide aprender primero el idioma de los indios con algunos yámanas que han llevado a las Malvinas. Cuando domina la lengua, vuelve a la zona y forma un poblado que es el origen de la actual Ushuaia. Años después Argentina envía soldados y monta una prisión para afianzar la soberanía sobre el territorio, algo que no consideraba suficientemente garantizado con una simple misión anglicana con indios.

Poco a poco la zona va creciendo y empiezan a constituirse estancias ovejeras en la zona. Thomas Bridges siente que eso terminará con el territorio de los indios. Decide solicitar al gobierno argentino un terreno de 20.000 kilómetros cuadrados en el que los yámanas podrían vivir libremente con sus costumbres y él les proporcionaría alimento a cambio de trabajo. Así nace Harberton. Posteriormente, uno de los hijos, Lucas, decide crear otra estancia parecida en las montañas para los indios onas, la Estancia Viamonte. El libro de Lucas “El último confín de la Tierra”, en el que cuenta estas historias es impresionante.

Actualmente las dos estancias siguen en poder de la familia. El principal dueño es Thomas Goodall, que representa a la cuarta generación y desciende de una de las hijas de Thomas Bridges. Ahora Harberton ya no tiene ganado y se dedica prácticamente al turismo. En el libro que comentaba en el blog anterior, hacen una descripción perfecta de él, tímido, que parece un viejo leñador canadiense. Así que cuando bajamos del barco y veo a un señor mayor con pantalón de peto que ayuda a amarrar el barco, me digo ese es y en cuanto puedo me escapo de mi grupo y le persigo. Parafraseando al famoso Doctor Livingstone, le pregunto: “Thomas Goodall, I presume”. Efectivamente es él y le pido que me dedique el libro. Lo hace, pero se nota que estas cosas no le gustan nada. Al irnos es el primero en acercarse al autobús, pero se esconde, cuando aparece la gente. Aunque su familia es fueguina de cuatro generaciones y habla español, a uno le sale hablarle en inglés. Es “british” por los cuatro costados.

La estancia Harberton es bonita. Tiene la belleza de lo sencillo y de lo auténtico, pero mucho más bonita es su historia. La pena es que ya sin ganado y sin empleados indios es como un precioso árbol que ya está seco. En todo caso, toda mi admiración y mi respeto por lo que hicieron los Bridges en estas tierras.
Hotel Amado. El Calafate. 23 enero 2010.




viernes, 22 de enero de 2010

EL PAIS DE LAS ESTANCIAS



Ya he recorrido en autobús la práctica totalidad de la ruta 3. Nace en el palacio del Congreso de Buenos Aires y termina 3.079 kilómetros después en la bahía de Lapataia, pasado Ushuaia. Digo la práctica totalidad porque en el camino a Bahía Blanca el autobús, a la altura de San Antonio, durante unos cientos de kilómetros abandona la ruta 3 y circula por un camino alternativo.

Argentina se conoce como el país de las estancias. Las estancias son explotaciones ganaderas o agrícolas, que en ocasiones tienen unas dimensiones impresionantes. El norte es más verde y el suelo, por lo que dicen es extremadamente fértil. Sólo he visto los campos verdes y planos del comienzo de la ruta 3 y efectivamente son kilómetros y kilómetros de pasto con vacas y algún caballo. Llano, llano, llano. Cuando por la zona del Mardel se ve la Sierra del Tandil (el lugar de origen del tenista El Potro), llama mucho la atención, pero son unos cerritos pequeños, como pequeñas mesetas.

Conforme se va bajando el terreno se va volviendo más árido y el pasto va dejando paso al matorral, cada vez más bajo y más seco. Desde el Chubut (los galeses) hasta la mitad de la isla de Tierra de Fuego sólo hay puertos y estancias. Las estancias ocupan miles de kilómetros y son básicamente ganaderas. Por lo visto, dada la pobreza de la vegetación hacen falta unas 5 hectáreas por oveja, con lo que podéis calcular las dimensiones de las que tienen 1.000 o 5.000 ovejas, las pequeñas, y de ahí para arriba.

En la librería Ateneo de BsAs me compré un libro precioso, “Viejas Estancias de la Patagonía”, escrito por una viejita que tiene un programa en la televisión por cable dedicado a la vida rural argentina. En él, va contando la historia de la colonización de cada zona y se detiene en la de algunas estancias emblemáticas que ha visitado. Las famosas de los Benetton están al final del río Chubut, al pie de los Andes por Esquel y Trevelin, aunque tienen otras.

En estas estancias del sur, el ganado se cría sólo. Esta suelto dentro del vallado y sólo se recoge para esquilarlo. Dentro de la estancia, hay una zona de viviendas, con la casa del patrón o administrador, el galpón de esquila y edificios auxiliares, y normalmente un pequeño jardín y huerto. Por la carretera uno ve vallas, alguna tranquera (puerta) y pocas ovejas. Algunas estancias se ven desde la ruta, pero otras están a decenas de kilómetros de la tranquera.

En la ruta paré en Comodoro Rivadavia, Puerto Deseado y Río Gallegos, antes de cruzar a Tierra de Fuego. Comodoro Rivadavia es la capital del petróleo, YPF, aunque casualmente las gasolineras no tenían carburante por no sé que huelga de la refinería. Es grande (cien mil habitantes) pero bastante fea; tiendas y poco más. De Río Deseado hablé en el blog anterior.

A Río Gallegos llegué de día, ya que fui durmiendo en el bus. Mientras me liberaban la habitación del hotel hice tiempo en una cafetería con WiFi, que resultó ser la de la casa de España; la que está pegada al edificio amarillo. En una mesa redonda pegada a la cristalera se va formando una tertulia de hombres que hablan de todo: política, futbol, mujeres, cotilleos,…siempre en un tono guasón y faltón entre ellos. Casi al final empiezo a hablar con alguno, pensaban que era extranjero y que no entendía lo que decían. Como la hacen todos los días, quedo en pasarme al día siguiente y me integro en el grupo. Qué placer la vieja tertulia española, hablando de todo y de nada. Aquí tampoco defienden a los Kitchner. Nestor fue gobernador de la provincia con sede en Río Gallegos. Ellos lo conocen y se han tomado algún café con él en este mismo sitio.

En Río Gallegos, mientras espero encontrar plaza en un autobús a Ushuaia, sigo en la tele las elecciones chilenas. Veo la conversación entre la presidenta Bachelet y el ganador Piñera. Escucho los mensajes de los líderes de los principales partidos. Es un cambio grande después de 20 años de Concertación. Me impresiona el tono mesurado, patriótico y constructivo de todos ellos. ¡Qué envidia visto desde el tono agresivo y mezquino de la política española!
Hotel Austral. Ushuaia. 21 de enero de 2010.

domingo, 17 de enero de 2010

PINGÚINOS PUNKYES


Puerto Deseado está en la desembocadura de un río, aunque la parte final es más bien una ría. El nombre le viene de que aquí paró el inglés Cavendish con su barco “Desire”, que tradujeron como “deseado”. Es uno de los puertos pesqueros más importantes de Argentina y muchas de las empresas son españolas o conjuntas. Sirve de base a los barcos que pescan en altura por estas aguas. Aquí está la fábrica de Argentina que prepara el surimi, aunque lo llaman kani-kama.

El pueblo es soso, porque hay pocos cafés y poca gente en la calle. Sí tiene excursiones interesantes, ya que, en la ría y en islas cercanas a la desembocadura, hay colonias de lobos marinos y pingüinos. Yo ya he visto unas cuantas, pero si tengo curiosidad por conocer los pingüinos de penacho amarillo, que sólo están aquí, en la Isla de los Pingüinos, y en las Islas Malvinas. Así que me apunto a la excursión de la agencia Darwin.

El día es espectacular para la zona con un sol radiante. Después de una hora de viaje a mar abierto en una zodiac grande, llegamos a la isla. Primero vemos loberas y nos acercamos bastante más que en Península Valdés, tanto que el olor es muy fuerte. ¡Cómo huelen los lobos marinos! Luego desembarcamos en la isla, que está llena de pingüinos magallánicos, los que ya he visto otras veces.

Al final de la isla, en unas rocas, están los de penacho amarillo, que son más pequeñitos. También les llaman “rockhoppers” o “saltarrocas”. Efectivamente son muy hábiles para trepar por las rocas. Inclinan el cuerpo como jorobados y dan un salto hacia adelante, agarrándose con unas patas grandes. Pero lo más gracioso es la pinta, parecen punkyes, con los ojos rojos, con unas crestas amarillas y un rayazo amarillo como sombra de ojos. No parecen reales, sino que los hubiese dibujado alguien. Las fotos son mías y las rocas son rojizas; así que el color blancuzco es guano sobre guano.

De carácter también son muy diferentes. Los magallánicos se estresan cuando ven personas y hay que andar despacio entre ellos, para darles tiempo a escapar si quieren hacerlo. Según las guías, alguno ha muerto de infarto. Los de penacho amarillo, en cambio, no se agobian cuando la gente está a su alrededor y toman tranquilamente el sol. También son bastante más brutos tratando a sus pichones y les pegan picotazos en el cuello.

Cuando ya estamos llegando de vuelta al puerto aparecen 4 delfines australes y una tonina (una especie de delfín pequeño) y se ponen a jugar con las dos zodiacs durante un buen rato. Día completo. Sólo faltaron las orcas, aunque según los de Darwin, es muy difícil que aparezcan. La última vez que las vieron fue a finales de octubre, 4 adultos y dos crías. Viendo la fragilidad de las barcas, uno casi se alegra de no hayan venido.

Entre los integrantes de la excursión hay un bonaerense, descendiente de malagueños, un cachondo. Dice que su abuelo era un tal Francisco Bellido Navarrete, que construyó edificios altos en el Paseo Marítimo y que su nombre aparece en alguno de ellos. Por sus explicaciones, yo creo que están más bien en la alameda. ¿A alguién les suena? También hay un par de mujeres nacidas en Puerto Deseado, que se casaron con pescadores vigueses y que, aunque ahora viven en Panamá, han vuelto con sus hijos para que vean donde nacieron. ¡Qué historias!

Yo estoy ahora en Río Gallegos y mañana salgo para Ushuaia.

Hotel Sehuen. Rio Gallegos. 17 enero 2010.

viernes, 15 de enero de 2010

TY NAIN


No. No se me ha estropeado el teclado. Es el nombre de una de las casas de té de Gaiman. La zona del río Chubut fue repoblada por pioneros galeses. La historia es bastante curiosa. Nadie quería venir a esta zona, que es bastante árida. Los intentos españoles habían fracasado y los argentinos, ya independientes, buscaban desesperadamente colonos para tomar posesión del territorio y evitar que cayese en manos de ingleses o franceses.
Gales había estado bajo dominio inglés desde la Edad Media, pero estos les habían dejado bastante a su aire. Hasta que en la Revolución Industrial necesitan carbón y empieza la explotación: niños en las minas,…Entonces nacionalistas galeses deciden buscar un lugar en el mundo donde puedan mantener su cultura y no depender de Inglaterra. Deciden la Patagonia, basándose en las descripciones del capitán Fitzroy (el del Beagle de Darwin), bastante optimistas, sobre el valle del río Chubut. En 1865 llega el velero “Mimosa” cargado de pioneros galeses, a los que el gobierno argentino les regala tierras y les da provisiones y herramientas.
Los primeros años fueron durísimos por la falta de agua. Las cosechas fueron muy pobres y dependieron de las ayudas de Gales y del gobierno argentino durante casi seis años. No eran agricultores y desde luego no tenían cultura de secano. Por casualidad, aprendieron a aprovechar el agua del río mediante zanjas y al sexto año consiguieron una cosecha de trigo aceptable. Así, poco a poco hasta hoy.
En este caso, los galeses sí convivieron con los indios tehuelches y compartieron su pobreza. Los indios les enseñaron a cazar y utilizar las boleadoras, y ellos les vendían lo poco que tenían. Dos panes por un caballo, en los primeros tiempos. Así fundaron Puerto Madryn, Rawson, Trelew y Gaiman, cerca de la costa y, más adelante, hacia el interior, Esquel y Trevelin. En ellas queda algún edificio de la época y, sobre todo, capillas de las distintas sectas protestantes, ya que los galeses eran (¿son?) muy religiosos.
De todas ellas, la más bonita es Gaiman que tiene unas famosas casas de té, donde te sirven pasteles galeses de nombres impronunciables, con vajillas de porcelana y mantelitos de ganchillo. Ty Nain es la que yo visité. La dueña es decendiente de uno de los Jones pioneros y recuerda historias de convivencia con los indios, de lo dura que era la vida antes (inviernos, inundaciones,…). El pueblo tiene unas casitas “galesas” preciosas con sus jardines con flores; está pegado al río y el paseo con álamos resulta muy agradable.


En Gaiman está también el parque El Desafio que es un jardín surrealista, realizado por un jubilado con productos reciclados y lleno de carteles con frases sabias y dichos. Las flores están hechas a partir de botellas de PVC, abiertas y pintadas. Muchas latas de cerveza para hacer los senderos y luego placitas y adornos. Es bastante grande. Un sueño un poco loco, como los anuncios de Aquarius. En mis guías decían que el autor, Joaquín Alonso, tenía más de ochenta años. Al salir le pregunté a la vigilante, que resultó ser su hija. Me dijo que su padre murió feliz esta misma Navidad, hace quince días, con noventa años cumplidos. Me hubiese gustado conocerlo.
Yo me alojé en Trelew, que es más grande, aunque aquí la presencia galesa casi no se nota. Trelew significa literalmente el pueblo (“tre”) de Luis (“Lew”, por Lewis), por uno de los fundadores. Aquí va a ser hoy cuando escribo, 15 de enero, el primer concierto de Sabina de su gira por Latinoamérica, y el único en la Patagonia. Comiendo en el Viejo Molino, en la mesa de al lado están sentados “Los guasones”, un grupo de rock que va a dar un concierto por la zona. El cantante está asustado porque se lió con una y el novio ha publicado en Facebook que lo va a matar. Los amigos le tranquilizan: “si te fuese a matar de verdad, no lo publicaría en Facebook”. Creo que no lo consiguieron.
Residencial Las Bandurrias. Puerto Deseado. 15 de enero de 2010.


lunes, 11 de enero de 2010

NADANDO CON LOBOS



El fin de semana pasado fue otro de los grandes del viaje. Estuve en Puerto Madryn que da acceso a la Península Valdés. Este lugar es famoso por el avistamiento de ballenas francas. La Península crea dos golfos a los lados (Nuevo y San José) que son una especie de piscinas tranquilas que aprovechan las ballenas para dar a luz (si me oyera Fernando Rueda). La temporada es larga, de mayo a mediados de diciembre, pero cuando he llegado ya no queda ninguna ballena.

Con todo la Península Valdés es un paraíso para la fauna. Además de guanacos, ñandúes (avestruces), cormoranes y petreles, que ya he visto sobradamente en otros lugares, es una reserva de pingüinos, lobos marinos y elefantes marinos. La ventaja de esta zona es que siempre hay algo.

Los pingüinos son magallánicos, pequeñitos, son la especie que vi en el Seno Otway, cerca de Punta Arenas. Allí estaban empollando los huevos y el padre, o la madre (se turnan), está tumbado en el nido mientras el otro va a la playa a pescar. Nada de hielo. Los nidos son agujeros, parecidos a los de los conejos debajo de matas espinosas. Los machos llegan primero y preparan los nidos. Las hembras llegan después, eligen casa (por su cercanía al mar, por lo protegido,…) y de paso al macho que la ha preparado. Eso fue a principios de diciembre. En Península Valdés ya han nacido los pichones (uno, dos o tres por nido) y están pidiendo comida, con lo que el padre y la madre tienen que hacer más viajes a por el pescado. En la Punta Norte hay un sendero entre los nidos, del que no te puedes salir, pero los pingüinos pasan por todos lados yendo y viniendo e incuso se para alguno a tus pies para aprovechar tu sombra.

La excursión incluye también un viaje en un barquito a una lobera en Punta Pirámides. En este momento los lobos marinos (o leones marinos) están pariendo. Se forman como harenes de unas diez hembras y un macho grande, que posa erguido con su melena; uno entiende entonces por qué les llaman también leones marinos. Los lobos están en plataformas de rocas formadas por la erosión, a las que suben con la marea o por pequeños salientes. Desde el mar vemos el momento emocionante de cómo nace un lobito y cómo luego se lanzan las gaviotas a comerse la placenta. La gestación dura casi un año. Las hembras vienen a dar a luz y sólo están siete días en celo hasta que vuelven a quedarse a embarazadas y al año volverán a la zona a repetir el ciclo. Algunos juveniles, como llaman a los que todavía no son adultos, están por el agua practicando la natación y la pesca.

A mediodía vamos a la Caleta Valdés a ver otra lobera desde tierra. El espectáculo es impresionante, de visión y de sonido, con sus berreos y gruñidos. Se ven machos peleando, juveniles que distraen a los machos en grupo, para intentar robarle alguna hembra,…Uno se quedaría todo el día mirando las pequeñas historias de la colonia. Hay también unos pocos elefantes marinos, pero en esta época están tumbados al sol, cambiando la piel. Por lo visto sus peleas de machos, hace unos meses, son aún más impresionantes. En esta zona pueden aparecer orcas a comer lobos o pingüinos. Ese día no vimos ninguna, ni siquiera aletas en el agua. Parece que es más fácil en febrero, cuando los pingüinos jóvenes y los lobos recién nacidos empiezan a nadar y hay más caza.

Al día siguiente hice una excursión que recomiendo a todo el que vaya. snorkling (o buceo, el que sepa) con lobos marinos. Un barquito te acerca al lobera de Punta Loma y te deja en al agua a unos cincuenta metros. Enseguida se acercan juveniles a jugar con los buzos y nadan entre ellos. Puedes acariciarlos con cuidado. La foto es de la página web de Aquqtours, pero se ven a esa distancia. A mi uno me picoteó las gafas de bucear. De los mejores momentos del viaje. La pena es que uno del grupo se mareó y el instructor prácticamente no pudo hacer fotos. .

Toda la zona de Península Valdés es propiedad privada. Por ejemplo, la parte norte pertenecía a familias vascas, Benzunarte y luego Machinea. Ahora son ricos, pero cuando llegaron a criar ovejas a finales del XIX, las condiciones de vida eran durísimas. Los primeros siete años la mujer del estanciero no fue al pueblo ni una sola vez. En ese tiempo tuvo siete hijos y, estando embarazada, no podía ir en sulky (pequeño carromato) dando botes por las piedras. No había caminos. Bueno un poco como las lobas marinas, a hijo por año.


Hotel Galicia. Trelew. 11 enero 2009.






viernes, 8 de enero de 2010

BsAs


¡Hace frio, no! Yo he pasado un calor agobiante en Buenos Aires. Ahora ya estoy a veintipocos grados.

Bs As es la abreviatura de Buenos Aires, como NY o BCN. A continuación voy a contar mi impresión sobre Buenos Aires, aunque aviso que puede ser muy subjetiva y estar influenciada por el hecho de pasar allí la Navidad, que, quizás ha sido el momento más duro de este viaje.

Yo había estado en Buenos Aires en 2003. Me pareció una ciudad impresionante. El batacazo (diciembre 2001) estaba muy reciente y me encontré una ciudad “de rodillas”, pero con mucha vida. Me explico. Por un lado. las cosas estaban muy duras y especialmente triste era ver familias enteras (padre, madre y niños) que bajaban con un carro y un burrito a rebuscar en la basura del centro de la ciudad. Todo era baratísimo para el euro pero se apreciaba todavía una alegría impresionante en la gente. Con la mirada te estaban diciendo: “Ahora estamos mal, para que lo vamos a negar, pero vos no sabés lo que era esto”.
Y efectivamente si uno miraba, veía una ciudad que había sido esplendorosa (una de las primeras economías del mundo a principios del siglo XX, muy por delante de España, por supuesto), pero también una ciudad muy alegre Y moderna hasta hace nada, ¿setentas?¿ochentas?. Ariel Roth y Alejo Stivel, los de Tequila, alucinaron cuando se encontraron una España tan atrasada en los setenta. Los argentinos, que en España son insufribles, allí resultaban amables y agradables.

Mi sensación es totalmente diferente ahora. Reconozco que en parte se debe a que ahora viajo sólo y la ciudad parece más dura, y al clima. Cuando estuve en 2003 era final de invierno y la temperatura era perfecta, no hacía frío para un madrileño, y no llovió especialmente. Ahora es verano y el clima es una combinación diabólica para un turista de hotel, Un calor impresionante (y húmedo) y, de pronto un chaparrón del demonio.

Fuera de estas circunstancias subjetivas, mi sensación es que el pesimismo ha calado en los porteños. Se han hecho a la idea de que no tienen solución, que la cosa es así y que tienen que aguantarse con lo que hay. Ahora Bs As está llena de brasileños comprando como locos, y los porteños te miran como diciendo: “Lo vé, invadidos de brasileños. ¡Qué bajo hemos caido!”. Los argentinos, que se comparaban a Europa y que veían a todos los latinoamericanos por encima del hombro.

Aún así la ciudad sigue siendo teniendo partes fascinantes. ¿Cómo me reí con el granadero Quintero, que enseñaba la Casa Rosada en un día de puertas abiertas, y era un cachondo mental. Me encanta toda la zona de Recoleta. Impresionante el café de la Biela al anochecer o cualquier lugar de la calle Junín con el cementerio de Recoleta al fondo cómo si fuese un escenario de Tim Burton. ¿Por qué las señoras mayores de Bs As parece que se hubiesen dedicado en el pasado al “show business”, de pintadas, de coquetas. Impresionante el Ateneo Gran Esplendid, que es un teatro reconvertido en librería con cafetería y música en vivo. Impresionante Palermo y Belgrano. En cambio, ha empeorado mucho la Avenida Corrientes y Callao, que hace unos años me parecieron llenas de vida, de libros y teatros.

Viene Sabina, que es el auténtico ídolo aquí, pero no sé si podré verlo. Pongamos que hablo de Buenos Aires.
Hotel Vasconia. Puerto Madryn. 8 de enero de 2010.

jueves, 7 de enero de 2010

MARDEL



Las fotos son de Chile y son las que tenía preparadas para acompañar el artículo anterior, pero problemas con el Internet del hotel lo impidieron. La foto con Carlos Bote es en la especie de Isla Negra que se ha construido en un pueblito de la costa, con unas vistas impresionantes al mar, incluyendo a una lobera (de lobos marinos, se entiende) y su mascarón de proa y todo. La foto con Eduardo Lloves y Felipe es en Chiloé.

Ya estoy en Puerto Madryn, en camino de la Patagonia argentina. Mi idea es bajar por la ruta 3, pegada al mar, y volver por la ruta 40 (interior). En principio, voy a prescindir del avión, por lo que me estoy pegando unas palizas de bus importantes. Los autobuses aquí están bastante bien; voy en una especie de semicama, que permite reclinar el asiento y levantar un poco los pies. En el viaje de hoy (Bahía Blanca – Puerto Madryn, 9 horas) hasta amenizaban con un pequeño bingo para entretener a la gente. ¡Cómo se echa de menos el AVE para recorrer estas distancias!

La Nochebuena la pasé con unos brasileños que conocí en Santiago. Ellos habían quedado con una amiga que está casada con un argentino. No fue una cena familiar, aunque al menos echamos unas risas. Buenos Aires está llena de brasileños que están enloquecidos con las compras.

La Nochevieja en Buenos Aires no me seducía mucho, aunque me perdiese la salida del Dakar. Un cartel decía que disparar al aire no es pirotecnia. Me salió una posibilidad de ir a Mar del Plata con unos argentinos y aproveché para ir unos días a la playa. Mardel, que es como llaman los argentinos a Mar del Plata, es la principal ciudad turística de Argentina. Efectivamente es un poco Benidorm, especialmente por lo masificadas que están las playas y por el ambiente de las calles céntricas por la noche, con actuaciones en vivo de payasos y gente disfrazada, y bailes de verbena.

Allí pasé Nochevieja, en una parrillada multitudinaria en un chalet cerca de la Playa de la Perla. El ambiente un poco porrerillo, pero bueno. Yo no vi uvas por ningún lado, aunque parece que en cada familia se celebran según su tradición.

Me ha venido bien descansar uno días y pegarme algún bañito, aunque el clima de Mardel es un poco raro. El mismo día hacía sol y al rato empezaba a llover; un día, incluso granizó. También he aprovechado para ir al teatro, toda una tradición en esta ciudad, especialmente los espectáculos cómicos, tipo revista. La obra “Baraka” estuvo en Madrid, pero yo no la recuerdo. Va sobre 4 amigos que se reencuentran, un poco como Arte, pero en versión gritada. El premio al mejor actor del año pasado fue precisamente al actor que más gritaba. Así es esta ciudad, un poco excesiva, aunque con los días uno le va cogiendo cariño y va entendiendo por qué les apasiona a los porteños.

Fue el sitio de veraneo exclusivo a mediados del siglo pasado. Todavía queda alguna mansión, pero en conjunto es más bonita Viña del Mar. La jet argentina va ahora a Punta del Este en Uruguay. Dentro de Argentina, me habían recomendado Pinamar, pero creo que en el fondo este viaje pide más Torremolinos que Marbella.
Hotel Vasconia. Puerto Madryn. 7 enero 2010.

viernes, 1 de enero de 2010

¡FELIZ AÑO!


Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha, de mis pies cansados
Con ellos anduve ciudades y charcos
Playas y desiertos, montañas y llanos
Y la casa tuya, tu calle, tu patio.

Esta es una de las estrofas de la canción “Gracias a la vida” de Violeta Parra. Va como anillo al dedo, al hacer balance de este año 2009. Los deseos se cumplen, aunque a veces hay que tener una voluntad de hierro para que así sea. Por eso quiero dar gracias a la vida y también a mucha gente que ha hecho que este año sin invierno está siendo posible.
Por supuesto, a mi familia desde Málaga y a mis amigos de Madrid y Málaga que están siguiendo la ruta y dándome su apoyo desde la distancia. Sé que muchos me hubiesen acompañado en alguna etapa si las circunstancias familiares se lo permitiesen. A Manu, Paco, María y demás compañeros que están terminando los temas que dejé pendientes. No he recibido todavía ni una sola consulta de trabajo lo que demuestra lo bueno que es que funcionen los equipos y que nadie sea imprescindible. Pero también me acuerdo de cosas concretas, como la mochila de Jose (¿Cómo hubiese podido hacer el viaje sin esa mochila, ideal para etapas cortas?) o las guías Turistel de Antonio, que ya no se publican (¡cómo he echado en falta la del Sur!).
Gracias a Lalo y Pilar (y la Nina y la Bea), a Carlos y Beatriz (y la Antonia y la Rafaela), a Rodrigo y Mónica y sus hijos, a Pedro, a Leonardo, a Tatiana y a tantos amigos de Chile. ¡Cómo se agradece una comida casera cuando uno lleva tantas semanas de hotel y restaurante!
A Pancho, Sole, María, Luis, Andreina, Francis, Angela, Teresa y todos los compañeros de ruta y de excursiones… Algunos ya habrán vuelto a casa, otros siguen todavía "on te road".

Me llevo un recuerdo imborrable de Chile, de la fuerza de su naturaleza y de la amabilidad de su gente. Es un país que recomiendo vivamente. Volveré. Ahora, después de pasar la Navidad en Buenos Aires y Mar del Plata, a por la Patagonia argentina, que el tiempo pasa volando.

Adjunto el link de la canción completa en You Tube. Es la versión de la propia Violeta Parra, auque reconozco que suena mejor cantada por Mercedes Sosa, la “Negra” argentina que nos dejó en 2009.

http://www.youtube.com/watch?v=PYEw3e5x5Es
Hotel Gran Continental. Mar del Plata. 1 de enero de 2010