miércoles, 31 de marzo de 2010

BREAKFAST IN AMERICA

My nephew Diego challenges me to write the blog in English. So I go.

One of my favourite moments in the days I´ve spent in Savannah is breakfast time. “Breakfast in America” was a famous song by Supertramp. That´s what I have every day. Most of the Inn´s guests stay just a few days so they change continuously. They come from all over the United States and Canada. One of the days there was a phillipine family so it was more a United Nations´ breakfast.

It usually starts at 8:30 and it ends at 10:00. We all sit in the big table of the dinning room of the Inn and enjoy Elaine´s food. Natural juice, coffee or tea, yoghourt with fruits, one big dish and a final dessert. The big dish varies; sometimes it is an Italian bruschetta or sometimes a more American dish with eggs and grits. Grits is a “puré” made of corn that is typical southern food.

The food is delicious but what I really enjoy is the talk. The first question is where are you from but it expands to a lot of subjects: recommendations in Savannah, Spain and Europe in general, travels, jobs, Obama´s project about Health Care,…

I can´t remember everybody but these are some of them:

- A couple from San Antonio that runs a Bed&Breakfast there.

- A couple of Canadians. They are retired now. He was an officer in the Canadian Army and afterwards worked in a bank. She was married previously with a man from Syria and it was a complete disaster. I went with them to have dinner in one of the best restaurants in Savannah, Elizabeth´s, that is included in a list of one of the 1,000 Places to Visit Before Dye.

- A couple of gay men. One of them was in the Navy and the other was a student. I don´t realise their condition, but Elaine told us the day after, because the Canadian man had asked them about the policy on gay subject in the US Army.

- A couple in their honeymoon. They left the Inn one day before expected because she thought the house was haunted. Afterwards I slept in the same room and I didn´t see or listening anything at all, maybe the spirit doesn´t speak spanish.

- A young sculptor from Pasadena and his girlfriend, a cloth designer, from New York.

- A mid-twenty man from New Jersey that has been fired from a financial company and was travelling through the south to think what he would like to do the rest of his life.

- A couple of old ladies from Arkansas that had come for the Homes and Gardens Tour. This is celebrated one weekend a year in Savannah and you can visit several private houses that open their doors. By chance I was in the same tour so we did it together.

- A couple of Canadian men. They have travelled to Florida to pick a friend´s car and they have to drive it back to Toronto, but they were not in a hurry. It was a convertible red car. They plan to visit a lot of cities in their way back.

- A couple from Sarasota (Florida). He plays the french horn in an orchestra and she is music teacher in a school.

- A couple of phillipines that live in Atlanta and were visiting Savannah with two relatives.
- A nice couple from Baltimore. They recommend me to go to Washington for the Cherry Blossom. It is similar to the Jerte´s cherryes but in DC.

- And couples from Atlanta, Nebraska, Alabama, Chicago,…Usually they spend a few days in Savannah or just they stopped here for one day in a travel somewhere, usually to Florida.

As you see it is really Breakfast in America. This is another way of travelling. I met people from several places but I stay in the same place, even in the same table.
Inn at 909 Lincoln St. Savannah. March 31st 2010.

sábado, 27 de marzo de 2010

SPANISH MOSS


Para empezar una precisión. ¿Quién es Judith? No la conozco, pero por las fotos parece una señora mayor muy saludable. La carriage house no está pegada a la casa del Bed&Breakfast, sino a la casa donde vive Elaine, que está hacía el sur y lejos del centro histórico, lo que me obligaba a coger taxis o a pegarme una gran caminata, por una zona menos recomendable. Elaine tenía para alquilar una casa más cerca del centro, que pertenece a una amiga jubilada, que está en California, así que desde el viernes estoy en su casa. Si voy todos los días a desayunar al B&B, unos veinte minutos andando. Mañana vuelvo a la casa principal hasta el lunes.

Continuando con la historia de Savannah, en la Guerra de Secesión, cuando el general unionista William T. Sherman marchaba con su ejercito triunfante por el sur, el general confederado le mandó un mensaje, diciéndole que estaba dispuesto a rendirse con la condición de que no quemase la ciudad, de manera que Savannah no sufrió la misma suerte que Atlanta (“Lo que el viento se llevó”) o Charleston. Como esto ocurrió a finales de diciembre, Sherman mandó un famoso telegrama al Presidente Lincoln: “Me complace ofrecerle como regalo de Navidad, la Ciudad de Savannah con 150 cañones pesados y abundante munición; y también unas 25.000 balas de algodón”.

Esto salvó a la ciudad y sus mansiones de la destrucción, pero la derrota de los Dixies, provocó la decadencia de la ciudad, al verse afectado el principal motor de su economía, el cultivo del algodón. Desde entonces se mantuvo como una ciudad con mucho pasado pero que vivía aislada, como una isla. Una famosa diputada inglesa, Lady Astor, visitó la ciudad en 1946 y dijo de Savannah que era “a beautiful lady with a dirty face” (una dama guapa con la cara sucia).

En los cincuenta, el centro histórico estaba abandonado e invadido por las drogas y la prostitución. La clase alta construía sus casas en el sur de la ciudad. En los cincuenta, una de las casas coloniales, Davenport House, fue adquirida por un inversor para derribarla y construir un aparcamiento. La vieja Savannah reaccionó y siete damas decidieron comprarla y restaurarla. Nació así la Historic Savannah Foundation que compraba casas del centro histórico y las vendía a quién estuviese dispuesto a recuperarlas. Poco a poco las viejas familias volvieron al centro histórico y ese esfuerzo de conservación ha permitido que hoy podamos contemplar una vieja ciudad del sur en todo su esplendor. La ciudad se convirtió en un modelo mundial de recuperación de los cascos históricos y ahora el turismo es la principal fuente de riqueza.

¿Todo es bonito en Savannah? Todo no. Hay unas moscas diminutas (sand gnats) que son un poco molestas. Ellos recomiendan no prestarles atención y, sobre todo, no rascarse. Creo que tengo la suerte de que mi sangre no les debe gustar mucho y de momento me están respetando, aunque las veo revolotear de vez en cuando. También está el spanish moss. La imagen romántica de los árboles y jardines se ve acentuada por el “spanish moss” (musgo español), que es como una especie de barba vegetal que crece en las ramas de los árboles y les da un aspecto gótico, como de película de Tim Burton. No sé por qué le llaman “spanish”, porque yo nunca lo he visto en España; si en Argentina, en Ushuaia le llamaban “barbas de viejo”. En realidad, no es musgo, sino una especie parásita, pariente de la piña. No es buena para el árbol, porque se nutre de su savia y puede llegar a matarlo, y no es buena para los humanos, porque están llenas de bichitos que irritan la piel si los tocas. Supongo que le llamaron “spanish” por la rivalidad con los españoles de Florida, como nosotros con el “mal francés”.

La otra cosa mala es la comida. Hay gambas, ostras y cangrejos, pero la preparación es regular con muchas especias y mal empanados. La comida del sur (grits, tomates verdes fritos,…) tampoco es una maravilla; los “grits” son una especie de gachas con harina de maíz. Aunque sea la ciudad de Paula Deen, una Arguiñana de Estados Unidos.

Según uno de los personajes del Libro (Midnight…), en Savannah hay tres reglas básicas. La primera es “Always stick around for one more drink” (siempre quédate para una copa más), porque ese es el momento en que las cosas ocurren y uno encuentra lo que necesita. Yo no la sigo, porque raramente estoy en la calle pasadas las diez de la noche. No me gusta beber sólo, aunque suelo terminar con una caña en River St.; después a casa y peliculita.

La segunda es “Never go south of Gaston Street” (nunca vayas al sur de la calle Gastón). Esa calle es la que da al parque Forsyth y marca el límite del distrito histórico; de ahí hasta el río. El B&B está un poco al sur, en el barrio victoriano. La casa de Judith sí está al norte, aunque justo pasado Price St., otro de los límites, por el este.

La tercera sí la cumplí en lo que me tocaba. La tercera es “Observe the high holidays – Saint Patrick´s Day and the day of the Florida-Georgia football game”. Esa sí, al menos, St Patricks y por supuesto que me puse algo verde, mi polo Lacoste y tres “peazo” collares de bolitas.
The Inn at 909 Lincoln St. Savannah 27 marzo 2010

viernes, 26 de marzo de 2010

HOSTESS CITY OF THE SOUTH


Savannah es conocida como la capital de la hospitalidad del sur de Estados Unidos. En general, la gente del sur tiene fama de ser más amable y educada, pues bien, esta ciudad es considerada la más en este sentido. Es una ciudad que tradicionalmente disfrutaba de una intensa vida social. Tenía un puerto importante, por lo que estaba acostumbrada a acoger forasteros, y los ricos algodoneros celebraban grandes fiestas en sus mansiones, “ante bellum”, como dicen aquí, antes de la guerra.

Para reflejar la diferencia con otras ciudades de Georgia, cuentan lo siguiente. Si uno va a Atlanta, lo primero que te preguntan es a qué te dedicas. En Macon, a qué iglesia vas. En Augusta, cuál es el apellido de soltera de tu abuela. En Savannah, la primera pregunta es qué te apetece beber (What would you like to drink?). Parece que aquí nunca se aplicó de verdad la ley seca, y siempre la gente buscó manera de conseguir alcohol.

La ciudad fue fundada en 1733 por un general inglés, James Oglethorpe, que pidió autorización al rey Jorge II de Inglaterra para establecer una colonia más al sur de Carolina. El rey accedió encantado porque eso suponía una barrera frente a los españoles de Florida. Oglethorpe estaba muy impresionado por los presos que estaban en la cárcel por no poder pagar sus deudas, entre otros, un amigo suyo, y buscaba ofrecer una salida a la gente sin trabajo que pululaba por Londres. Viendo la latitud de Savannah, pensó que sería un buen lugar para viñedos y hojas de morera (por la seda), aunque con el tiempo se demostró que la tierra era más buena para el algodón. Así se fundó la ciudad, a orillas del río Savannah y a 18 millas del mar. Desde el principio, contó con la colaboración del jefe indio de la zona, Tomo-chi-chi, ¡vaya nombrecito!

Otra demostración del aspecto benéfico que inspiró a sus fundadores, es que al principio no estaba permitida la esclavitud, a diferencia de las colonias vecinas, aunque finalmente la presión de los terratenientes hizo que se autorizase para poder mantener la competitividad de las plantaciones de algodón.

El fundador dibujó un plano de la futura ciudad, basado en los campamentos romanos, con calles en cuadrícula y plazas cada cierta distancia. En origen, este diseño era defensivo, pero con el tiempo esas plazas son las que dan personalidad a la ciudad. Las 24 plazas están distribuidas, de modo casi simétrico en una cuadrícula de 13 por 16 calles que hoy constituye el Centro Histórico, que va desde el parque Forsyth hasta el río Savannah. En la orilla hay un paseo, River St, como una especie de Paseo Marítimo, que es una de las zonas más animadas de la ciudad. El río es bastante ancho y por él pasan barcos mercantes, cargados de contenedores, de un tamaño que parece imposible. Las plazas hoy se conocen como las “priceless jewels” de la ciudad, esto es, joyas de incalculable valor. En la vida moderna, tienen una virtud añadida, obligan a los coches a rodearlas, lo que hace que el tráfico por la ciudad sea más lento y agradable para el paseante.

En la Guerra de la Independencia, sufrió un famoso asedio por mar de los insurgentes y de sus aliados franceses. Por aquí pasó Washington, Lafayette y otros personajes de la época. Al primer presidente, George Washington, le recibió el regimiento de artillería de Chatam, que preparó un coctel en el que cada oficial echaba la primera bebida que tenía a mano. Así nació el hoy famoso Chatam Artillery Punch, que se hace mezclando bastantes alcoholes, una especie de “tumbadioses”; yo no me he atrevido a pedirlo.

Después de la Independencia vino el gran momento de la ciudad. Era el principal puerto del comercio de algodón y la ciudad se llenó de mansiones de los terratenientes, que querían demostrar su riqueza. Las plazas fueron adquiriendo el aspecto elegante que hoy tienen, con grandes árboles, fuentes y monumentos, rodeadas de palacetes y casas señoriales. Es la época de las grandes fiestas que todavía marca el carácter se sus habitantes. Todo un mundo que se vino abajo con el fin de la Confederación y la abolición de la esclavitud.

Judith´s House. Savannah. 26 marzo 2010.

miércoles, 24 de marzo de 2010

ST PATRICK´S DAY







El miércoles pasado, casi recién llegado, coincidí con la celebración del día de San Patricio, que es la principal festividad en la ciudad. Por lo visto es la tercera en importancia, después de la de Nueva York y Chicago, pero por delante de Boston y Philadelphia. No es una ciudad colonizada por irlandeses, pero parece que hace un siglo sí había una asociación irlandesa muy activa, la Hibernian Society, que ha conseguido que la fiesta cale en la ciudad y la transforme esos días. El 17 todos somos irlandeses, aunque sea de corazón.

Ya el martes se veía el ambiente festivo y la gente compraba cosas verdes para ponerse: camisetas, gorros, collares, gafas…Incluso ponen colorante verde en las fuentes para celebrarlo. Así que la gran fuente del parque Forsyth echaba el agua de un verde brillante por todos sus chorros. Según una de las guías, en los años sesenta intentaron teñir las aguas del río Savannah, pero el resultado fue muy pobre.

El martes el ambiente se concentraba en la zona del City Market, donde están la mayoría de los bares. Los miembros de las bandas de música ya habían llegado y se juntaban entre ellos formando corrillos entre el público, mientras ensayaban y calentaban. Se oía el inconfundible sonido de las gaitas que a mí, de siempre, me emociona particularmente. Casi todos hombres, aunque había alguna gaitera. No sé la profesión de los músicos, pero la mayoría llevaba falda escocesa y camisetas de un cuerpo de policía o bomberos, de algún distrito de Nueva York o de distintos condados. Por lo visto el uniforme de gala de la policía, al menos en Nueva York, incluye la falda escocesa. Unos muy tradicionales, otros con camisetas y tatuajes, pero todos agarraban una cerveza en cuanto podían y tocaban, a veces juntándose distintos grupos entre los aplausos del público.

El miércoles era el gran desfile, the Parade. En el desayuno ya se podían oir las primeras gaitas y el jaleo de los preparativos. Yo elegí una de las plazas más bonitas, la de Lafayette, y me propuse verlo entero. Casi tres horas. La mayoría de la gente pone sillas en el recorrido y tienen mesas auxiliares con comida y bebida. La ciudad a tope.

El desfile en sí es muy heterogéneo: coches adornados, carrozas o simplemente gente desfilando o andando. Da la sensación de que cualquiera podría ponerse una chaqueta verde y unirse a la marcha. En coche desfila el Grand Marshall de este año, junto con su familia, que va andando detrás, incluso con los niños en carrito. También los Marshall de otros años, el obispo, una juez, un diputado del Parlamento de Irlanda, uno que tiene un deportivo y hace sonar el motor entre los alaridos del público. A los americanos les gusta mucho dar esos gritos de alegría, WOW, WOW, para demostrar que se lo están pasando en grande. Los de los coches saludan a un lado y a otro, y van todos con esa sonrisa tan enorme que sólo saben poner los estadounidenses.
Las carrozas son de sociedades irlandesas, de clanes familiares, de instituciones, pero también de Coca-Cola, de Home Depot o de algunos negocios locales. Una de las más divertidas es la de los miembros del Alee Temple, con sus gorros turcos; esta sociedad es una mezcla de rotarios y de peña de cachondos. Las carrozas están adornadas de modo casero, sin grandes lujos, lo que le da una gracia especial a la celebración. ¡Que diferencia con las lujosas carrozas del carnaval de Floripa!

A pie desfilan bandas de gaitas y tambores, grupos disfrazados de la época de la revolución americana, soldados, veteranos de guerra, sociedades irlandesas y las bandas de música de las High School; con estas se mezcla la negritud y su alegría en esta fiesta irlandesa. Cuando pasa la bandera, los policías que vigilan la marcha se cuadran de modo marcial y también lo hacen algunos del público. Los que desfilan tienen que tener cuidado porque son asaltados continuamente por mujeres del público que les dan un sonoro beso, dejándoles en la mejilla una marca carmín bien visible. Delante de mí hay una chica gordita que es una auténtica “killer” en este aspecto.

Una vez terminado el desfile la fiesta continúa en River Street y en el City Market, donde se concentran los pubs y bares. Hay algunas actuaciones al aire libre de folk, rock y, como no, gaitas. Yo me retiré sobre las diez de la noche y para mi sorpresa el ambiente sigue alegre, pero sin peleas ni broncas, aunque llevan bebiendo desde la mañana. La policía mira relajada y algunos grupos de ellos se ponen hasta arriba de cerveza, claro que no son los de Savannah, sino los que han desfilado y ahora están de marcha con sus uniformes.

¿Qué imagen me queda como resumen del desfile? Muchas, pero, sin duda, la mejor son los gestos, serios y profundos, con que los jefes de las bandas de gaitas llevan el paso del desfile, agitando en el aire una maza, que también utilizan para dirigir la música y hacer que pare. Ese paso marcial que contrasta con el desenfado festivo de la gente alrededor.
The Inn at 909 Lincoln St. Savannah. 23 marzo 2010.



jueves, 18 de marzo de 2010

SAVANNAH


Después de Nueva York quería buscar un sitio en los Estados Unidos que cumpliese varios requisitos. Mi intención era bajar el ritmo del viaje y quedarme en un lugar varias semanas, sin estar cambiando de hotel, y buscar un profesor de inglés para unas cuantas horas al día de conversación. Así que el destino elegido debía cumplir varios requisitos. Mejor tiempo, para recuperar “el año sin invierno”; luego tenía que ser hacia el sur. No podía ser una zona “latina”, lo que descartaba toda Florida y California, y Texas y estados limítrofes a México. Debía ser una ciudad de tamaño medio, para facilitar la búsqueda del “profesor” y para que pudiese conocerla paseando, sin necesidad de coche. También era bueno alojarme en un Bed&Breakfast, porque eso me daría la oportunidad de conversar con sus dueños. No sé por qué me apetecía una de esas ciudades del Sur, de la vieja Confederación, donde dicen que la gente es amable y el tiempo pasa más despacio. Lo que buscaba no era fácil y pienso que Elisa alucinó un poco viendo lo poco que tenía planificado. Iba a ser puro fluir. Este viaje está hecho un poco de corazonadas.

Vagamente recordaba una película de Clint Eastwood, “Medianoche en el jardín del Bien y del Mal”, que estaba ambientada en Savannah (Georgia). La película trata de un asesinato y tiene una cierta atmosfera turbia, pero deja en el espectador la imagen de una ciudad fascinante que dan ganas de visitar. Una primera consulta por ordenador (tamaño, previsiones meteorológicas, vuelos,…) me confirmó que cumplía los requisitos. Una consulta a Alberto y Helena, mis amigos de Málaga más estadounidenses, me animó aún más; según ellos, era una de sus ciudades favoritas del Sur y me la recomendaron vivamente.

El problema surgió con la reserva de alojamiento. Inicialmente decidí reservar una semana y ampliar mi estancia si la ciudad cumplía mis expectativas. Los primeros B&B me contestaron diciendo que estaban completos para esos días. Uno de ellos me señalaba en su respuesta que había elegido las dos semanas más difíciles del año, porque coincidían con la celebración del día de San Patricio, que es la fiesta más importante de la ciudad, y con un festival de música justo a continuación. Afortunadamente el tercero me dijo que sí tenía plaza, aunque dos días tendría que cambiar la habitación a la “carriage house”, que por lo visto es una construcción aneja a la casa, donde antiguamente se aparcaban los carruajes. Las críticas de Tripadvidsor eran muy buenas (amabilidad de la dueña, fantásticos desayunos, cerca del centro histórico,…), después de tantas camas como he probado en este viaje, qué más me daba un “carriage house” más o menos. Los correos que intercambiamos fueron divertidos, porque en el mío le contaba que era español y de modo muy resumido lo que buscaba. Ella me preguntó si era del norte de Andalucía, porque hace unos años viajó por los pueblos blancos y le habían gustado mucho. Buenas vibraciones, así que adelante, Savannah.

Llegué el lunes a media tarde. De momento, está superando incluso mis mejores expectativas. La dueña del B&B, Elaine, es muy simpática y está siempre pendiente de todo. Ha restaurado de arriba a abajo una casa victoriana y la tiene impecable. Me ha buscado profesor y me ha prestado libros y películas. Los desayunos son impresionantes y duran más de una hora, lo que me da la oportunidad de hablar con los huéspedes, que rotan continuamente. De momento, una pareja que gestiona otro B&B en San Antonio, dos estudiantes estadounidenses y un matrimonio de canadienses con los que he quedado a cenar esta noche.

Justo ahora, acabo de terminar mi primera clase con mi profesor. Es un estudiante de cine, es mexicano, pero habla inglés perfectamente. Se llama Guti, de Gutierrez, porque así le llamaban en la escuela. Las dos horas se nos han pasado volando y creo que él también se ha entretenido. Con lo que me gusta a mi “cascar”.

Y, por ultimo, la ciudad. Impresionante. En la Guerra de Secesión, los generales decidieron no combatir en la ciudad, con lo que fue una de las pocas de la Confederación que no quedaron destruidas. El centro histórico es una delicia para pasear, lleno de mansiones y de plazas ajardinadas. Poco a poco la iréis conociendo en los próximos blogs.
909 Lincoln St. Inn. Savannah. 18 marzo 2010.

martes, 9 de marzo de 2010

CONTRASTES DE NUEVA YORK





Llegó Fran y con él el buen tiempo, con un solazo y unas temperaturas entre 12º y 15º que invitan a estar todo el día en la calle. Así que contratamos la excursión de "Los contrastes de NY", recomendado por Elena Rodríguez, que nos llevó por Park Avenue, la artería principal del Upper East Side, donde están los multimillonarios. A partir de la 96th Street, todo cambia. Esa calle establece una frontera invisible y los taxis amarillos no continúan su camino sino que tuercen a la derecha o la izquierda para buscar clientes en la mejor zona de la ciudad. Nos adentramos en Harlem, aunque el primer tramo conocido como “El Barrio” es ya latino, de portorriqueños. En la 125th St está el edificio donde ha puesto su oficina Clinton en un deseo por hacer más próspera dicha zona.
De Harlem al sur del Bronx. Elisa, como criminóloga, disfrutó al encontrarse con los graffitis y las historias de pandilleros que tanto ha leído en los textos académicos. Fue esperanzador observar cómo, gracias a Dios, el Bronx ya no es lo que era. Incluso la comisaría nº 42, famosa por la película "Distrito Apache", y sus alrededores se veía con cierto aire civilizado, ausente antaño cuando el barrio era de los más peligrosos del país. El barrio entero está en construcción y poco a poco van desapareciendo los solares abandonados. En el Bronx está el famoso estadio de los Yankees, el equipo de béisbol, recién construido al lado del antiguo que está en pleno proceso de demolición.
Del Bronx pasamos a Queens. El barrio de las Malvas con sus mansiones, junto al río, contrastaba realmente con las zonas comerciales de los asiáticos y latinos. En este último nos paramos a comer en un restaurante colombiano, Cosas Ricas, donde bebimos jugo de fresa y de guanábana (chirimoya). Lo siguiente fue Brooklyn, donde visitamos el barrio judío. Era sabath (sábado), el día sagrado para ellos, por lo que fue impresionante verlos por la calle vestidos con sus atuendos camino de casa o de la sinagoga. Ellos con sus levitas negras y una especie de gorros cilíndricos de piel. Ellas con pañuelos en la cabeza y siempre tres pasos detrás de los hombres. Ese día no pueden conducir.
Por último, vimos el puente de Brooklyn y atravesamos el puente de Manhattan en dirección a Chinatown, donde nos dejó el autobús. Tras un paseo por ese barrio nos dirigimos a Little Italy donde comimos en un restaurante típico.
Volvimos a Hoboken. La gran sorpresa del día fue que la tranquila ciudad de Elisa estaba invadida por veinteañeros vestidos de verde y venidos de Manhattan y de otras partes de New Jersey para celebrar por adelantado San Patrick. Paloma, que vino a recoger a las niñas para que nosotros pudiéramos salir por la noche, comentó "pero si esto parece la feria de Málaga", refiriéndose a la del centro de nuestra ciudad por la cantidad de gente que había invadido la calle y bebía y se divertían sin ton ni son.
Por la noche, Fran, Jose (un amigo argentino de Elisa) y Elisa nos fuimos al Village (Christopher St) a disfrutar de la noche neoyorkina escuchando Jazz y Blues.
El domingo teníamos planeado un Brunch de lujo, pero no se nos ocurrió reservar. Así que fue imposible. El buen tiempo y las resacas del San Patrick hizo que todos quisieran empezar el domingo de la misma manera, con un brunch, así que nos costó encontrar sitio. Finalmente, fue en un irlandés donde conseguimos tomarnos unos huevos con beicon, café y zumo de naranja. Lo suficiente para reponer fuerzas y patearnos Central Park de norte a sur en un día soleado y templado acompañados de cientos de neoyorkinos que, como nosotros, salieron en busca de un calorcito que ya echábamos de menos.

Hoboken. 9 marzo 2010.

viernes, 5 de marzo de 2010

GAZPACHO EN NUEVA YORK

Como comentábamos en el blog anterior este va a ser un blog conjunto. Las dos historias (estancia en Nueva York y los seis meses sabáticos) empezaron a pensarse hace mucho tiempo y la casualidad hizo que se hiciesen realidad coincidiendo en el tiempo. Así que dos viajes muy diferentes tuvieron desde el principio un vínculo en común, con un grupo de amigos que seguía las dos historias y una especie de ánimo recíproco que nos decía a cada uno “adelante”, cuando en el fondo los dos estábamos un poco asustados por la incertidumbre de lo que nos esperaba.

El miércoles se fusionaron los dos viajes en NY y nos dedicamos a pasear por Hoboken y ponernos al día de las experiencias de los últimos meses. Lo que no sale en los blogs. Una vuelta por lo que ha sido el pueblo de Elisa en los últimos meses: la calle Washington con sus tiendas y bares, los parques, el famoso mirador a la orilla del río Hudson,… sitios que tantas veces han salido mencionados en su blog. Hoboken es un pueblito tranquilo, acogedor, con casas victorianas, donde la gente es amable, pero sorprendentemente a un tiro de piedra de Manhattan.

Fran no ha llegado como las demás visitas a verlo todo en poco tiempo. El sabático y su fluidez recientemente adquirida le hacen tomarse estos días en NY con cierto sosiego.

Cafecito en el Starbucks, cervecita en un irlandés que se prepara ya para el día de San Patricio (sábado 6 de marzo) y hamburguesa en Johnny Rockets, decorado al estilo de los cincuenta y que parece sacado de una película. En un momento dado los camareros paran y se ponen a cantar y a hacer su pequeña coreografía. Es la América de Norman Rockwell. Recoger a Marta y Eli del cole, ir al supermercado y potajito en casa. Para Fran una rutina hogareña muy diferente de los últimos meses.

El jueves Elisa se va a su universidad, John Jay College, cerca de Central Park, y Fran aprovecha para patear el Middletown de Manhattan, con una visita guiada a las Naciones Unidas, aunque está vez el guía en español no es la japonesa que ha estado en Frigiliana. Para Fran es invierno y tiene que ponerse todo lo que tiene, incluso una bufanda prestada. Para Elisa los días han mejorado ya mucho, aunque todavía quedan restos de nieve por la calle.

Por la noche Broadway, Elisa ha quedado con varios compañeros y nos vamos a ver el Rey León. Nos quedamos todos maravillados con el espectáculo y lo bien hecho que está todo, la selva llena de animales que recibe el nacimiento de Simba, la estampida de búfalos en la que muere el Rey Mufasa. ¡Cómo dominan los estadounidenses el Show Business!

¡Hakuna Matata!
Hoboken. 5 marzo 2010.

NEW YORK, NEW YORK

El miércoles llegué a Nueva York. De Río de Janeiro hablaré en un blog posterior.

Voy a pasar una semana en casa de una amiga que lleva en Nueva York desde septiembre. Elisa se vino con sus dos hijas a pasar diez meses como profesora visitante de criminología. Es de mi pandilla de Málaga de toda la vida y habíamos hablado de nuestros respectivos proyectos de viaje hace años, cuando parecían que se quedarían en eso, en proyectos, en sueños, pero con muchas dificultades para poder llevarlos a cabo. La casualidad hizo que se hiciesen realidad al mismo tiempo.
Así que Elisa se fue a Nueva York y empezó su blog, “Gazpacho en Nueva York”, un poco antes, pero enseguida me lancé yo a mi año sabático y nació “Un año sin invierno”. Durante muchos meses nuestros amigos comunes han seguido las dos historias de esos dos locos que se han liado la manta a la cabeza y han cruzado el charco.

Elisa alquiló una casa en Hoboken, que está en Nueva Jersey, pero muy cerca de Nueva York. Paseando a la orilla del Rio Hudson se ve Manhattan y el famoso skyline. Yo estaré en Estados Unidos hasta mediados de abril, aunque no sé donde todavía, pero por una semana voy a tener a mi amiga como anfitriona para conocer la gran manzana. Ya me avisa que nada es cómo me han contado, que Manhattan es hasta tranquilo, que es relativamente fácil orientarse y que la gente es superamable. Por supuesto, en cuanto titubeé con el inglés casi seguro que me contestan en español.

En el próximo blog, hemos decidido publicar el mismo texto los dos. Cada uno en el suyo.
Hoboken (New Jersey). 5 marzo 2010.

lunes, 1 de marzo de 2010

¡FUERZA, CHILE!

Todavía estoy impresionado por las imágenes que veo del fuerte terremoto que ha sufrido Chile. Cómo sabéis los seguidores de este blog, Chile ha sido el principal lugar de este año sin invierno, casi dos meses, aunque la zona más afectada por el terremoto es precisamente una de las que no visité, desde Valparaiso hasta Osorno. En las imágenes de los destrozos he podido reconocer zonas ya familiares para mi, como el precioso Palacio de Bellas Artes, o infraestructuras importantes, como la América Vespucio, pero, sobre todo, las caras de dolor y sufrimiento de los chilenos, un pueblo trabajador y acostumbrado a luchar para salir adelante, a que nadie les regale nada.
Por los correos que he recibido veo que este blog os ha acercado también a vosotros un poco más a Chile, un gran desconocido, y os ha hecho sentir la tragedia un poco más cerca. Como decía mi hermano Javier en un comentario antiguo, para él, Puerto Montt era ya como Cuenca.

Yo me enteré del terremoto el sábado por la mañana en al avión de Florianópolis a Río, porque junto a mi viajaba Carlos, un estudiante chileno-brasileño, que iba a pasar un día con sus abuelos y luego volaba a Santiago. En su móvil tenía un mensaje de que el aeropuerto de Santiago estaba cerrado por un terremoto, pero no pensábamos que era uno de los grandes. Compartimos taxi hasta Ipanema, y el taxista ya nos dijo que había sido fuerte y que había 45 muertos, con lo que ya se empezó a preocupar.
En Río el día estaba nublado y justo ese día la temperatura, antes a 40 grados, había bajado casi 15 grados de golpe. Al pasar por la Lagoa, no se sabe todavía por qué, habían muerto miles de peces, que los servicios de limpieza estaban sacando y el olor de toneladas de pescado muerto invadía el ambiente, como si fuese una anticipación de lo que iba a ver al encender la tele en el hotel.
En el hotel me conecté a Internet y a la tele, especialmente CNN, con una cierta sensación que me recordaba al 11-M de Madrid. Conforme pasaban las horas la programación de los informativos brasileños recuperaba su normalidad y la CNN parecía dedicar más atención al previsible tsunami en Hawai y a los preparativos de evacuación, así que salí a pasear por la playa de Ipanema para despejarme. Me acordaba de los carteles de rutas de escape de maremotos que había visto en Iquique y que me habían parecido ridículos, porque a 20 metros del mar, señalaban la dirección contraria. No estoy seguro de si hice alguna foto.
No he contactado con mis amigos chilenos, porque tengo la certeza de que están bien, teniendo en cuenta las zonas afectadas, y no me los imagino conduciendo a las tres de la mañana. Seguro que están ahora lidiando con problemas cotidianos de aprovisionamiento, de transporte, de localizar conocidos,… y siento que mi correo sería una molestia más que una ayuda.

Precisamente uno de mis amigos españoles me había comentado que estadísticamente tocaba un terremoto fuerte cada diez años y que el último había sido en 1995, creo, así que…Casi todo Santiago está construido con casas bajas, pero en los últimos años se habían construido muchas torres grandes y aunque cumplían la normativa antisísmica no se sabía de verdad que podría pasar con ellas. Este terremoto no ha sido fuerte, ha sido muy fuerte, más de cien veces el de Haití, porque las escalas de medición son exponenciales, pero parece que efectivamente se había construido bien y cumpliendo la ley, lo que ha permitido limitar muchísimo el número de muertes. Días después, por el contrario parece que no ha funcionado tan bien la previsión de maremotos y las alertas de evacuación. La mala suerte es que ha afectado a las zonas más pobladas del país, aunque a unas horas en que no suele haber mucha gente en las carreteras.

Una de las ideas que he intentado transmitir en mi blog es que lo que más llama la atención en Chile es la fuerza de la Naturaleza, que hace aparecer a los hombre como hormigas, como vulnerables ante el enorme tamaño de todo, de las montañas, de los bosques, de los desiertos,...Esa sensación tiene algo de mágico, para los que venimos de partes del mundo donde el hombre parece dominarlo todo. Pero también su lado oscuro. Desgraciadamente esa fuerza de la naturaleza ha pegado un coletazo más, como regularmente suele hacer, y va a poner a prueba una vez más el carácter de los chilenos. No es la primera vez, ni será la última. Pero si creo que les conozco algo, me parece que van a tardar muy poco tiempo en secarse las lágrimas y enterrar a sus muertos, para ponerse manos a la obra.

Así que me uno a su Presidenta y les animo: ¡Fuerza, Chile!
Hotel Ipanema Inn. Rio de Janeiro. 1 de marzo de 2010.