sábado, 27 de marzo de 2010

SPANISH MOSS


Para empezar una precisión. ¿Quién es Judith? No la conozco, pero por las fotos parece una señora mayor muy saludable. La carriage house no está pegada a la casa del Bed&Breakfast, sino a la casa donde vive Elaine, que está hacía el sur y lejos del centro histórico, lo que me obligaba a coger taxis o a pegarme una gran caminata, por una zona menos recomendable. Elaine tenía para alquilar una casa más cerca del centro, que pertenece a una amiga jubilada, que está en California, así que desde el viernes estoy en su casa. Si voy todos los días a desayunar al B&B, unos veinte minutos andando. Mañana vuelvo a la casa principal hasta el lunes.

Continuando con la historia de Savannah, en la Guerra de Secesión, cuando el general unionista William T. Sherman marchaba con su ejercito triunfante por el sur, el general confederado le mandó un mensaje, diciéndole que estaba dispuesto a rendirse con la condición de que no quemase la ciudad, de manera que Savannah no sufrió la misma suerte que Atlanta (“Lo que el viento se llevó”) o Charleston. Como esto ocurrió a finales de diciembre, Sherman mandó un famoso telegrama al Presidente Lincoln: “Me complace ofrecerle como regalo de Navidad, la Ciudad de Savannah con 150 cañones pesados y abundante munición; y también unas 25.000 balas de algodón”.

Esto salvó a la ciudad y sus mansiones de la destrucción, pero la derrota de los Dixies, provocó la decadencia de la ciudad, al verse afectado el principal motor de su economía, el cultivo del algodón. Desde entonces se mantuvo como una ciudad con mucho pasado pero que vivía aislada, como una isla. Una famosa diputada inglesa, Lady Astor, visitó la ciudad en 1946 y dijo de Savannah que era “a beautiful lady with a dirty face” (una dama guapa con la cara sucia).

En los cincuenta, el centro histórico estaba abandonado e invadido por las drogas y la prostitución. La clase alta construía sus casas en el sur de la ciudad. En los cincuenta, una de las casas coloniales, Davenport House, fue adquirida por un inversor para derribarla y construir un aparcamiento. La vieja Savannah reaccionó y siete damas decidieron comprarla y restaurarla. Nació así la Historic Savannah Foundation que compraba casas del centro histórico y las vendía a quién estuviese dispuesto a recuperarlas. Poco a poco las viejas familias volvieron al centro histórico y ese esfuerzo de conservación ha permitido que hoy podamos contemplar una vieja ciudad del sur en todo su esplendor. La ciudad se convirtió en un modelo mundial de recuperación de los cascos históricos y ahora el turismo es la principal fuente de riqueza.

¿Todo es bonito en Savannah? Todo no. Hay unas moscas diminutas (sand gnats) que son un poco molestas. Ellos recomiendan no prestarles atención y, sobre todo, no rascarse. Creo que tengo la suerte de que mi sangre no les debe gustar mucho y de momento me están respetando, aunque las veo revolotear de vez en cuando. También está el spanish moss. La imagen romántica de los árboles y jardines se ve acentuada por el “spanish moss” (musgo español), que es como una especie de barba vegetal que crece en las ramas de los árboles y les da un aspecto gótico, como de película de Tim Burton. No sé por qué le llaman “spanish”, porque yo nunca lo he visto en España; si en Argentina, en Ushuaia le llamaban “barbas de viejo”. En realidad, no es musgo, sino una especie parásita, pariente de la piña. No es buena para el árbol, porque se nutre de su savia y puede llegar a matarlo, y no es buena para los humanos, porque están llenas de bichitos que irritan la piel si los tocas. Supongo que le llamaron “spanish” por la rivalidad con los españoles de Florida, como nosotros con el “mal francés”.

La otra cosa mala es la comida. Hay gambas, ostras y cangrejos, pero la preparación es regular con muchas especias y mal empanados. La comida del sur (grits, tomates verdes fritos,…) tampoco es una maravilla; los “grits” son una especie de gachas con harina de maíz. Aunque sea la ciudad de Paula Deen, una Arguiñana de Estados Unidos.

Según uno de los personajes del Libro (Midnight…), en Savannah hay tres reglas básicas. La primera es “Always stick around for one more drink” (siempre quédate para una copa más), porque ese es el momento en que las cosas ocurren y uno encuentra lo que necesita. Yo no la sigo, porque raramente estoy en la calle pasadas las diez de la noche. No me gusta beber sólo, aunque suelo terminar con una caña en River St.; después a casa y peliculita.

La segunda es “Never go south of Gaston Street” (nunca vayas al sur de la calle Gastón). Esa calle es la que da al parque Forsyth y marca el límite del distrito histórico; de ahí hasta el río. El B&B está un poco al sur, en el barrio victoriano. La casa de Judith sí está al norte, aunque justo pasado Price St., otro de los límites, por el este.

La tercera sí la cumplí en lo que me tocaba. La tercera es “Observe the high holidays – Saint Patrick´s Day and the day of the Florida-Georgia football game”. Esa sí, al menos, St Patricks y por supuesto que me puse algo verde, mi polo Lacoste y tres “peazo” collares de bolitas.
The Inn at 909 Lincoln St. Savannah 27 marzo 2010

4 comentarios:

  1. Veo que te vas adaptando perfectamente a la ciudad. Supongo que despue de tanto ajetreo de viaje te estará costando acostumbrarte a un poco de rutina.
    Ah me dice diegui que si has idi a aprender ingles deberias escribir una de las crónicas in english.
    Un beso muy fuerte de todos, te echaremos de menos en la semana santa que ya empieza y en la corrida de Jose Tomas.

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  2. Hola Fran: ¿cómo van esas clases de inglés? ¿Tienes intención de hacer excursiones o algún viaje desde Savannah?

    Seguimos en la lectura...

    Un abrazo.




    Juan Francisco

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  3. Tenías que estar pa verte con los collares de bolitas verdes.Aunque a mí ya no me llamaría la atención después de lo que vimos por aquí, jejeje Gracias por tus crónicas.
    Besos

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  4. Hay que cumplir las normas del entorno... por lo menos lo de la copa más. Lo de no ir al sur de Gaston (Se llama SOGA al barrio?) puede que te sea menos cómodo...con lo del Spanish moss, efectivamente, los franceses lo llamaban "Barbe espagnole" y los españoles "Cabello francés" como tantas que tienen la nacionalidad del que te cae mal. Hay una leyenda por ahí, (por supuesto, más falsa que la de que merdellón viene de Merde Gens) sobre un tal Gorez Goz o algo así. Hay una más amable sobre un soldado español y una princesa india...
    Nada, que me enrollo otra vez. Sigue absorbiendo y por supuesto, estoy muy de acuerdo con Diego.
    Un abrazo

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