domingo, 18 de abril de 2010

FIN


“Last night” era la última noche en Nueva York y al otro lado del Atlántico, pero no era el final del semestre sabático, que termina hoy. Mañana vuelvo a trabajar y empieza otra etapa de mi vida. Ayer me afeité la barba.

El primer día en España fue el peor, entre el “jet lag” y la sensación de sentirte extraño en tu casa y no estar muy seguro de algunas rutinas básicas que uno solía hacer (¿Dónde estaban los vasos?). La primera sorpresa fue descubrir que la televisión no funcionaba; he sido víctima del apagón analógico. Por otro lado, he recuperado el número de mi móvil, que ya está operativo, aunque sí he perdido todos los teléfonos que tenía apuntados en la tarjeta de memoria.

Han sido días de hacer algunas gestiones pendientes y de quedar con familiares y amigos para contar el viaje en directo. La sensación más fuerte es lo rápido que pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando me estaba despidiendo, y, como, gracias al correo y al blog, en el fondo no he estado tan lejos. A Málaga bajo el próximo fin de semana. ¿Qué si me apetece “pescaito”? Mato por un espeto de sardinas en Pedregalejo.

He releido las primeras entradas para comprobar si he sido fiel al espíritu de este viaje. Como recomendaba mi amigo de vuelo, me he pesado. Aunque con tres kilos menos, creo que sigo siendo el mismo, básicamente, aunque sí siento que vuelvo mejor. Más seguro de mi mismo, con menos miedos absurdos, más curioso, desde luego más informatizado, pero, sobre todo, más abierto al mundo y a descubrir lo que este ofrece, más consciente de las cosas importantes de la vida. He conocido gente maravillosa y he visto paisajes increíbles. He visto un continente lleno de vida y espero que esta sea de verdad su década. A mi no me lo van a tener que contar porque volveré para verlo. Seguramente no tanto tiempo y espero que la próxima vez acompañado, pero volveré. De este viaje saldrán más viajes. Como decía la canción de Moon River. “There are such a lot of world to see”.

Me queda un profundo agradecimiento a mis amigos del otro lado del charco y a los que he conocido en el viaje. A la mayoría no los volveré a ver, aunque quien sabe, el mundo es cada vez más pequeño. Pocas cosas negativas me han pasado, la peor, con diferencia, la pena por el terremoto de Chile. Me ha sorprendido que en Estados Unidos hay muchos recordatorios por Haití, pero ninguno por Chile. Me queda pendiente invitar a una cena a Lalo Lloves y a Carlos Bote en el Pimpirinpausa de Santiago. Puede que tarde algunos años, pero lo haré; soy cabezón.

Aquí termina el blog y el semestre sabático, pero no el año sin invierno. La primavera no ha hecho más que empezar. Dentro de unos meses, espero que con algunas entradas más y más fotos, esto se convierta en un libro. Ya le estoy dando vueltas a la portada. Habrá que ir pensando en plantar un árbol. Lo otro,…, lo otro lo veo más difícil.
Madrid. 18 abril 2010.

domingo, 11 de abril de 2010

LAST NIGHT


Hoy es la última noche en Nueva York y en esta orilla del Atlántico. Mañana por la tarde vuelo a Madrid y el martes por la mañana estaré en España. ¡Qué poco queda ya de esta aventura!

Hoy he quedado con Elisa y sus hijas para disfrutar de la primavera en Central Park. Un domingo esplendido y todo verde. ¡Qué diferencia con la otra visita que hice a principios de marzo, cuando los árboles estaban desnudos y la tierra sin césped! Ni siquiera había nieve, salvo algunos montones con barro. Creo que fueron las dos únicas semanas de invierno en estos seis meses. Aunque el verano patagónico no está muy lejos de un invierno malagueño; no de este invierno, según me han contado.

Para la última noche en NY he escogido una despedida a lo grande: subir al Empire State Building de noche y decir adios a esta ciudad y, de paso, a este viaje. La vista es espectacular y cubre todo Manhattan, Brooklyn, New Jersey, Hooboken, … pero yo he mirado al sur, muy lejos, muy lejos y, si cerraba un poco los ojos, me parecía ver el Salar de Atacama, las Torres del Paine, el Perito Moreno y la Isla de Santa Catarina.

sábado, 10 de abril de 2010

I HAVE A DREAM







Al principio, dudaba si seis días eran muchos días para Washington. Al final, se me han pasado volando. El tiempo espectacular, más de verano que de primavera, aunque me pierdo con los setenta y tantos, u ochenta de la escala Fahrenheit. Me he pegado unas palizas de andar, que pa mí se quedan. Salía del hotel por la mañana y ya no regresaba hasta la noche después de cenar.

Los primeros días los dediqué a patear el Cherry Blossom, el Mall y los Memoriales de los Presidentes. Es el momento en que hay más turistas y no tenía muchas ganas de hacer colas. Para subirse al obelisco (Washington Memorial) había que estar a las seis y media de la mañana, por lo que me tuve que conformar con verlo desde abajo. Visitar la Casa Blanca, ni lo intenté; creó que se necesita invitación.

Tenía muchas ganas de ver el Memorial de Lincoln, con esa estatua gigantesca que casi no cabe en el templo griego (jaula) en que lo han metido. Ese abogado de provincias por el que nadie daba un duro en la Convención republicana. Uno de los grandes, aunque siempre se le ha criticado que la guerra, en el fondo, no la hizo para liberar a los negros, sino para salvaguardar la Unión.

En la escalinata del Memorial, fue donde Martin Luther King dio el famoso discurso “I have a dream” ante la multitud reunida en el Mall, en la marcha por los derechos civiles. El guía turístico, un guarda de los Parques Nacionales, ha puesto un radiocassette en la escalera y se escucha la voz, emocionante y profunda, del discurso:

(…)
I have a dream that one day this nation will rise up and live out the true meaning of its creed: "We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal."

I have a dream that one day on the red hills of Georgia, the sons of former slaves and the sons of former slave owners will be able to sit down together at the table of brotherhood.

I have a dream that one day even the state of Mississippi, a state sweltering with the heat of injustice, sweltering with the heat of oppression, will be transformed into an oasis of freedom and justice.

I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character.
I have a dream today!

I have a dream that one day, down in Alabama, with its vicious racists, with its governor having his lips dripping with the words of "interposition" and "nullification" -- one day right there in Alabama little black boys and black girls will be able to join hands with little white boys and white girls as sisters and brothers.

I have a dream today!

I have a dream that one day every valley shall be exalted, and every hill and mountain shall be made low, the rough places will be made plain, and the crooked places will be made straight; "and the glory of the Lord shall be revealed and all flesh shall see it together."
(…)

Se te pone la piel de gallina. Yo me acordaba de las caras tristes que vi en los negros de Savannah (Georgia). Junto a mí, hay una familia negra. El padre y la madre escuchan emocionados la voz del discurso; ella con los ojos húmedos, al borde de la lágrima. ¡Qué no habrá visto de joven! Al lado, los hijos adolescentes se agitan nerviosos en la escalinata, aburridos.

El tercer gran Memorial es el de Jefferson, que fue un empeño de Roosevelt (FDR), que quería empatar con los republicanos, por Lincoln, y hacer un homenaje a su presidente demócrata favorito. El Memorial es un gran templo, inspirado en el Panteón de Roma. El guía cuenta con una pasión no frecuente la historia de su construcción en plena Gran Depresión, las damas de la alta sociedad que se encadenaron (como la Thyssen) para que no talasen los cerezos, las críticas de los arquitectos,… Frank Lloyd Wright propuso que era más acorde con los tiempos modernos construir un estadio de futbol dedicado a Jefferson. Por cierto el Memorial de Kennedy es un centro de espectáculos (ópera, conciertos, teatro,…).

Roosevelt, el presidente con el mandato más largo (1933–1945) quiso para si una simple losa de mármol en la Avenida Pennsylvania, la que une la Casa Blanca y el Capitolio. Le hicieron caso, pero no por mucho tiempo, en los noventa le hicieron un Memorial, más horizontal y moderno, con grandes rocas, fuentes y esculturas. Hay una parte dedicada a cada mandato, con frases del presidente, famoso por sus discursos en la radio. Más que la guerra, a mí me interesa especialmente la parte de la Gran Depresión y el New Deal, con tantas similitudes con la época actual. Hay una escultura con una familia a la que le embargan la casa, otra con una cola de parados; los turistas, divertidos, se hacen fotos posando sonrientes entre ellos. ¡Imbéciles! Simplemente mirad a vuestro lado lo que ESTA pasando. Como se necesita ahora alguien realista como Steinbeck que nos cuente lo que le ocurre a la gente, pero también alguien optimista como Capra que nos diga que se puede (Yes, We Can!).

La representación del presidente está basada en la foto de la cumbre de Yalta, en la que una gran capa militar le cubre casi todo el cuerpo; al lado su perrito. Esta estatua fue muy criticada, porque disimula el hecho de que, como consecuencia de la polio, prácticamente hizo toda su carrera política desde una silla de ruedas, una simple silla de cocina adaptada. A principios de los dos mil, se añadió un prólogo al monumento en el que aparece otra estatua, más pequeña, de FDR en su silla de ruedas. En su época era un gran secreto, un secreto de Estado.



jueves, 8 de abril de 2010

CHERRY BLOSSOM




Cherry Blossom (Cerezos en flor) es el momento en que Washington DC se pone guapa. En 1912 los japoneses regalaron cerezos a Estados Unidos como símbolo de la amistad entre los dos pueblos. Los plantaron en la capital, alrededor del Tidal Basin y en la ribera este del Potomac. Tidal Basin es un gran estanque cerca del Mall, el gran parque que une el Capitolio a un lado, con el Memorial de Lincoln al otro, y la Casa Blanca en medio. Desde el estanque se ve al norte el gran obelisco (Memorial de Washington) y el Memorial de Jefferson, al sur. El sitio es realmente “terreno sagrado” para Estados Unidos, como recordaba una de las autoridades en una de las ceremonias. No sé cuantos árboles regalaron, pero ahora hay más de tres mil, además de otros muchos dispersos por la capital.

Durante un par de semanas al año, se produce la floración. La fecha varía cada año, dependiendo de la temperatura, pero normalmente es entre finales de marzo y principios de abril. Yo llegué el día 2 de abril y ya había pasado el momento culminante y estaban empezando a caer las flores y a reverdecer los cerezos. La ciudad aprovecha para celebrar un festival que dura unas tres semanas. Se celebra la llegada de la primavera (este invierno, por lo visto, ha nevado muchísimo), la amistad con el pueblo japonés, pero, sobre todo, el espectáculo de la naturaleza, esa belleza temporal y frágil, que llena la ciudad de colorido. Rosa y blanco.

Washington se llena de turistas, cientos de autobuses cargados de gente que toma posesión de los parques. Como me decía el taxista que me trajo del aeropuerto, un hindú de Tanganika, eso es el Cherry Blossom, una horda de turistas que se saltan los semáforos y arrasan el césped. Rodeado de gente, uno tiene una sensación anticipada del próximo futuro de este mundo nuestro: Asia. Hay americanos blancos, sí, hay negros, sí, hay latinos, sí, pero por encima de todo hay asiáticos: amarillos, e hindúes y pakistanies. Muchas familias, con muchos niños y cargados de bolsas de comida. El siglo XXI es de ellos, ya podemos ir preparándonos.

La ciudad tiene una belleza elegante y clásica. Es un concentrado del idealismo de los padres fundadores (“We the People” – Nosotros el Pueblo-, como dice el preámbulo de su Constitución) y de sus grandes figuras y presidentes. Pero, detrás de ese idealismo, que uno percibe con la vista, uno no puede dejar de sentir el poder, la fuerza bruta, que emana de la Casa Blanca y del Capitolio. Pues bien, ver esa misma Casa Blanca o el Capitolio, a través de los cerezos, da esa sensación de que el mundo podría ser mejor, más armónico, menos duro con los débiles. Es una especie de revolución de los claveles, pero en este caso no es el pueblo el que pone flores en los fusiles y en los cañones de los tanques, es la Naturaleza la que pone flores en esos símbolos de poder para recordarnos, ahora que empieza una nueva estación, que otro mundo es posible. Ojalá.

Con el festival, se celebran varios espectáculos, aunque yo estaba bastante perdido. El sábado al anochecer ví que la gente no se iba y acampaba esperando algo. Pregunté y pude ver los fuegos artificiales. El domingo de casualidad pillé la ceremonia del encendido de la linterna. Es una llama en un monumento de piedra, de cientos de años de antigüedad, que Japón regaló en los años cincuenta a EEUU para conmemorar el centenario del primer Tratado de Comercio que los dos países firmaron en 1854; allí encendieron una linterna similar. (Vamos a llamarle “tratado”, pero fue cuando la marina de guerra estadounidense, al mando del Comodoro Perry, obligó a Japón a abrirse al comercio internacional). En la ceremonia, hay japonesas vestidas de kimono, se tocan instrumentos tradicionales y un pequeño coro cantó, entre otros, los dos himnos y una divertida versión “a capella” de la Marcha Radetzky. Hay discursos de autoridades, muy simpático el del embajador del Japón y, también, claro y directo el del Senador de Virginia que preside el Comité de Relaciones con Japón, recordando su primera visita a es país, como marine.

Mi hotel, el Helix, de la cadena Kimpton, está bien situado (unos diez minutos al norte de la Casa Blanca), pero es bastante peculiar. Lo elegí porque tenía una oferta para seis días coincidiendo con el Cherry Blossom. Las críticas de Tripadvisor no tenían término medio: o lo ponían por las nubes o no les gustaba nada. Digo peculiar, porque es un hotel muy “pop”, con una decoración muy moderna, un poco gay. En el armario, hay un albornoz y ropa interior de leopardo, por si los quieres comprar y sacar tu lado salvaje. Something Wild? No, thanks.
Hotel Best Western President. Nueva York. 8 marzo 2010.


VANYA EN LA CALLE 48




Tengo un par de entradas sobre Washington, pero no me resisto a contar una anécdota que me ha sucedido hace unos minutos.

Mi primer encuentro con un actor. Al bajar del taxi en Nueva York para llegar a mi hotel, un señor esperaba a que quedase libre. Lo he reconocido. El dialogo no ha sido muy impresionante:

- “Are you an actor, aren´t you? Tio Vanya in forty …. street. Beautiful movie".

- “Thanks, thanks”.

Ha sonreido, se ha metido en el taxi y se ha ido. En el hotel han visto la escena y me lo han comentado. No es muy conocido, no es un galán, pero tengo muy buen recuerdo de la película. Si la memoria no me falla, la última del director francés Louis Malle.


El título es “Vanya on 42nd St.”, basada en “Tio Vanya” de Chejov. He buscado su nombre en Internet, Wallace Shawn, y he visto que ha hecho otras películas, como “La princesa prometida”, casi todas en papel cómico, no la de Vanya.

Por cierto, mi hotel está en la calle 48th.







viernes, 2 de abril de 2010

MIDNIGHT IN THE GARDEN OF GOOD AND EVIL


En Savannah, “Medianoche en el jardín del Bien y del Mal” es “El Libro”. Pocas veces un libro ha convertido una ciudad en un destino turístico, especialmente cuando su tema central es un posible asesinato. A los habitantes no les gusta la imagen que da de ellos, pero le están agradecidos, “porque puso a la ciudad en el mapa”. El incidente ocurrió a principios de los ochenta y el libro no se publicó hasta enero de 1994. Fue un auténtico bestseller y durante 5 años estuvo en la lista de libros más vendidos del New York Times. La película, dirigida por Clint Eastwood, es de 1996 y tiene una muy buena banda sonora, con canciones de John Mercer, que es uno de los savannenses más famosos. Es el autor de la letra de canciones muy conocidas, entre otras “Moon River” (la música es de Henry Manzzini).

A finales de los setenta, un periodista neoyorquino, John Berendt, se da cuenta de que por lo que cuesta una cena en NY puede volar a una ciudad de Estados Unidos y decide gastar su dinero conociendo su país. Durante una estancia en Charleston le animan a bajar a Savannah y saludar a la amiga de un amigo. La ciudad le resulta una auténtica sorpresa y decide quedarse más días de lo que esperaba. Se da cuenta de que vive al margen de todo y de que es una auténtica desconocida. Va conociendo personajes muy singulares (en Savannah lo extraordinario es lo ordinario) e historias muy extravagantes. Alquila un apartamento y pasa temporadas largas, hasta que finalmente está más días aquí que en NY. Piensa que puede escribir un buen libro sobre la ciudad.

Entre estos personajes está Joe Odom, Lady Chablis, Luther Driggers, Emma Kelly, Jim Williams y muchos otros. Joe Odom, “sentimental gentleman”, es un abogado, dedicado con poco éxito al negocio inmobiliario, que es encantador y toca el piano como pocos. Invade mansiones abandonadas y allí desembarca con su trouppe de amigos. Cuando se le acaba el rollo, cambia de casa. Hay vecinas que entran a ver que está pasando para denunciarlo a la policía y salen como una amiga más y con la permanente hecha, porque entre los ocupas hay un simpático peluquero.
Lady Chablis es una drag queen negra. Actúa en cabarets y es un personaje deslenguado y muy lanzado. Alberto me preguntó si todavía está viva. Sí, lo está, ahora reside en Carolina del Sur, pero sigue actuando en Savannah un par de veces al mes en el Club One, como se puede ver en la foto. La última fue el día de St. Patricks´. Debe tener cerca de sesenta años, pero yo creo que morirá con los tacones puestos.
Emma Kelly, la mujer de las seis mil canciones, como la bautizó Johnny Mercer por el número de canciones que se sabía. Era un personaje imprescindible en las fiestas de la ciudad y también tocaba su piano en varias iglesias los domingos. Incansable. Conducía como una loca de una fiesta a otra, y, si a algún policía novato se le ocurría pararla, al día siguiente se llevaba una buena bronca de su jefe.
Luther Driggers era un inventor loco, que paseaba con moscas atadas con hilos. La gente le temía porque se rumoreaba que guardaba un veneno que pensaba echar en el sistema de aguas de la ciudad.
Jim Williams era un nuevo rico que había hecho fortuna vendiendo antigüedades y restaurando casas. Era irónico y mordaz. Celebraba unas fiestas de Navidad increíbles a las que toda Savannah quería ser invitada.

Estando John Berendt en Savannah, Jim Williams disparó a un joven en su casa en lo que él alegó como legítima defensa. El caso dió lugar a cuatro juicios y es el tema central del libro. No cuento como termina porque recomiendo vivamente que veáis la película. En ella intervienen como actores algunos personajes reales, como Lady Chablis (aunque su papel es mucho mayor en la película), Emma Kelly, el peluquero, o el abogado Sonny Sailer, que en la película hace de juez. Otro personaje interpreta a su padre; Uga IV, un bulldog blanco que hace de Uga III, la mascota del equipo local de futbol (americano).

El nombre tan largo, “Medianoche en el jardín del Bien y del Mal”, se le ocurrió al propio autor. El acusado, Jim Williams, contrató para su defensa a un abogado, pero decidió recurrir también a Minerva, una bruja de “vudú”. Esta recomendó ir a un cementerio a media noche, porque la media hora anterior a las doce pertenece al Bien y la media hora siguiente al Mal, y ella pensaba que en este caso iba a necesitar a ambos.

“´We're going to go to the garden´, she said, which is the graveyard. And she said, `We have to go at deadtime. Now you know about deadtime. Deadtime lasts onehour--half-hour before midnight to a half-hour after midnight. First half-hour´s for doing good. Second half-hour´s for doing evil. Seems like we need a little bit of both tonight´.”

Para la cubierta del libro la editorial mandó a un fotógrafo a la ciudad. Estuvo en el cementerio de Bonaventure y descubrió una preciosa escultura, the Bird Girl, la de la foto. La estatua se hizo tan famosa que la familia propietaria de la tumba, harta del acoso de los fans de la novela, decidió sacarla del cementerio y depositarla en un museo.

Para terminar de un modo menos truculento y en homenaje a John Mercer, adjunto el video de You Tube de “Moon River”, en la película “Desayuno con diamantes”. A los chicos, imaginad que acabáis de alquilar un apartamento y la primera noche escucháis una canción, os asomáis a la ventana y veis lo que veis. Irresistible.

Adios Savannah. Franky goes to Washington.
Chartlotte´s Airport. 2 marzo 2010.

miércoles, 31 de marzo de 2010

BREAKFAST IN AMERICA

My nephew Diego challenges me to write the blog in English. So I go.

One of my favourite moments in the days I´ve spent in Savannah is breakfast time. “Breakfast in America” was a famous song by Supertramp. That´s what I have every day. Most of the Inn´s guests stay just a few days so they change continuously. They come from all over the United States and Canada. One of the days there was a phillipine family so it was more a United Nations´ breakfast.

It usually starts at 8:30 and it ends at 10:00. We all sit in the big table of the dinning room of the Inn and enjoy Elaine´s food. Natural juice, coffee or tea, yoghourt with fruits, one big dish and a final dessert. The big dish varies; sometimes it is an Italian bruschetta or sometimes a more American dish with eggs and grits. Grits is a “puré” made of corn that is typical southern food.

The food is delicious but what I really enjoy is the talk. The first question is where are you from but it expands to a lot of subjects: recommendations in Savannah, Spain and Europe in general, travels, jobs, Obama´s project about Health Care,…

I can´t remember everybody but these are some of them:

- A couple from San Antonio that runs a Bed&Breakfast there.

- A couple of Canadians. They are retired now. He was an officer in the Canadian Army and afterwards worked in a bank. She was married previously with a man from Syria and it was a complete disaster. I went with them to have dinner in one of the best restaurants in Savannah, Elizabeth´s, that is included in a list of one of the 1,000 Places to Visit Before Dye.

- A couple of gay men. One of them was in the Navy and the other was a student. I don´t realise their condition, but Elaine told us the day after, because the Canadian man had asked them about the policy on gay subject in the US Army.

- A couple in their honeymoon. They left the Inn one day before expected because she thought the house was haunted. Afterwards I slept in the same room and I didn´t see or listening anything at all, maybe the spirit doesn´t speak spanish.

- A young sculptor from Pasadena and his girlfriend, a cloth designer, from New York.

- A mid-twenty man from New Jersey that has been fired from a financial company and was travelling through the south to think what he would like to do the rest of his life.

- A couple of old ladies from Arkansas that had come for the Homes and Gardens Tour. This is celebrated one weekend a year in Savannah and you can visit several private houses that open their doors. By chance I was in the same tour so we did it together.

- A couple of Canadian men. They have travelled to Florida to pick a friend´s car and they have to drive it back to Toronto, but they were not in a hurry. It was a convertible red car. They plan to visit a lot of cities in their way back.

- A couple from Sarasota (Florida). He plays the french horn in an orchestra and she is music teacher in a school.

- A couple of phillipines that live in Atlanta and were visiting Savannah with two relatives.
- A nice couple from Baltimore. They recommend me to go to Washington for the Cherry Blossom. It is similar to the Jerte´s cherryes but in DC.

- And couples from Atlanta, Nebraska, Alabama, Chicago,…Usually they spend a few days in Savannah or just they stopped here for one day in a travel somewhere, usually to Florida.

As you see it is really Breakfast in America. This is another way of travelling. I met people from several places but I stay in the same place, even in the same table.
Inn at 909 Lincoln St. Savannah. March 31st 2010.

sábado, 27 de marzo de 2010

SPANISH MOSS


Para empezar una precisión. ¿Quién es Judith? No la conozco, pero por las fotos parece una señora mayor muy saludable. La carriage house no está pegada a la casa del Bed&Breakfast, sino a la casa donde vive Elaine, que está hacía el sur y lejos del centro histórico, lo que me obligaba a coger taxis o a pegarme una gran caminata, por una zona menos recomendable. Elaine tenía para alquilar una casa más cerca del centro, que pertenece a una amiga jubilada, que está en California, así que desde el viernes estoy en su casa. Si voy todos los días a desayunar al B&B, unos veinte minutos andando. Mañana vuelvo a la casa principal hasta el lunes.

Continuando con la historia de Savannah, en la Guerra de Secesión, cuando el general unionista William T. Sherman marchaba con su ejercito triunfante por el sur, el general confederado le mandó un mensaje, diciéndole que estaba dispuesto a rendirse con la condición de que no quemase la ciudad, de manera que Savannah no sufrió la misma suerte que Atlanta (“Lo que el viento se llevó”) o Charleston. Como esto ocurrió a finales de diciembre, Sherman mandó un famoso telegrama al Presidente Lincoln: “Me complace ofrecerle como regalo de Navidad, la Ciudad de Savannah con 150 cañones pesados y abundante munición; y también unas 25.000 balas de algodón”.

Esto salvó a la ciudad y sus mansiones de la destrucción, pero la derrota de los Dixies, provocó la decadencia de la ciudad, al verse afectado el principal motor de su economía, el cultivo del algodón. Desde entonces se mantuvo como una ciudad con mucho pasado pero que vivía aislada, como una isla. Una famosa diputada inglesa, Lady Astor, visitó la ciudad en 1946 y dijo de Savannah que era “a beautiful lady with a dirty face” (una dama guapa con la cara sucia).

En los cincuenta, el centro histórico estaba abandonado e invadido por las drogas y la prostitución. La clase alta construía sus casas en el sur de la ciudad. En los cincuenta, una de las casas coloniales, Davenport House, fue adquirida por un inversor para derribarla y construir un aparcamiento. La vieja Savannah reaccionó y siete damas decidieron comprarla y restaurarla. Nació así la Historic Savannah Foundation que compraba casas del centro histórico y las vendía a quién estuviese dispuesto a recuperarlas. Poco a poco las viejas familias volvieron al centro histórico y ese esfuerzo de conservación ha permitido que hoy podamos contemplar una vieja ciudad del sur en todo su esplendor. La ciudad se convirtió en un modelo mundial de recuperación de los cascos históricos y ahora el turismo es la principal fuente de riqueza.

¿Todo es bonito en Savannah? Todo no. Hay unas moscas diminutas (sand gnats) que son un poco molestas. Ellos recomiendan no prestarles atención y, sobre todo, no rascarse. Creo que tengo la suerte de que mi sangre no les debe gustar mucho y de momento me están respetando, aunque las veo revolotear de vez en cuando. También está el spanish moss. La imagen romántica de los árboles y jardines se ve acentuada por el “spanish moss” (musgo español), que es como una especie de barba vegetal que crece en las ramas de los árboles y les da un aspecto gótico, como de película de Tim Burton. No sé por qué le llaman “spanish”, porque yo nunca lo he visto en España; si en Argentina, en Ushuaia le llamaban “barbas de viejo”. En realidad, no es musgo, sino una especie parásita, pariente de la piña. No es buena para el árbol, porque se nutre de su savia y puede llegar a matarlo, y no es buena para los humanos, porque están llenas de bichitos que irritan la piel si los tocas. Supongo que le llamaron “spanish” por la rivalidad con los españoles de Florida, como nosotros con el “mal francés”.

La otra cosa mala es la comida. Hay gambas, ostras y cangrejos, pero la preparación es regular con muchas especias y mal empanados. La comida del sur (grits, tomates verdes fritos,…) tampoco es una maravilla; los “grits” son una especie de gachas con harina de maíz. Aunque sea la ciudad de Paula Deen, una Arguiñana de Estados Unidos.

Según uno de los personajes del Libro (Midnight…), en Savannah hay tres reglas básicas. La primera es “Always stick around for one more drink” (siempre quédate para una copa más), porque ese es el momento en que las cosas ocurren y uno encuentra lo que necesita. Yo no la sigo, porque raramente estoy en la calle pasadas las diez de la noche. No me gusta beber sólo, aunque suelo terminar con una caña en River St.; después a casa y peliculita.

La segunda es “Never go south of Gaston Street” (nunca vayas al sur de la calle Gastón). Esa calle es la que da al parque Forsyth y marca el límite del distrito histórico; de ahí hasta el río. El B&B está un poco al sur, en el barrio victoriano. La casa de Judith sí está al norte, aunque justo pasado Price St., otro de los límites, por el este.

La tercera sí la cumplí en lo que me tocaba. La tercera es “Observe the high holidays – Saint Patrick´s Day and the day of the Florida-Georgia football game”. Esa sí, al menos, St Patricks y por supuesto que me puse algo verde, mi polo Lacoste y tres “peazo” collares de bolitas.
The Inn at 909 Lincoln St. Savannah 27 marzo 2010

viernes, 26 de marzo de 2010

HOSTESS CITY OF THE SOUTH


Savannah es conocida como la capital de la hospitalidad del sur de Estados Unidos. En general, la gente del sur tiene fama de ser más amable y educada, pues bien, esta ciudad es considerada la más en este sentido. Es una ciudad que tradicionalmente disfrutaba de una intensa vida social. Tenía un puerto importante, por lo que estaba acostumbrada a acoger forasteros, y los ricos algodoneros celebraban grandes fiestas en sus mansiones, “ante bellum”, como dicen aquí, antes de la guerra.

Para reflejar la diferencia con otras ciudades de Georgia, cuentan lo siguiente. Si uno va a Atlanta, lo primero que te preguntan es a qué te dedicas. En Macon, a qué iglesia vas. En Augusta, cuál es el apellido de soltera de tu abuela. En Savannah, la primera pregunta es qué te apetece beber (What would you like to drink?). Parece que aquí nunca se aplicó de verdad la ley seca, y siempre la gente buscó manera de conseguir alcohol.

La ciudad fue fundada en 1733 por un general inglés, James Oglethorpe, que pidió autorización al rey Jorge II de Inglaterra para establecer una colonia más al sur de Carolina. El rey accedió encantado porque eso suponía una barrera frente a los españoles de Florida. Oglethorpe estaba muy impresionado por los presos que estaban en la cárcel por no poder pagar sus deudas, entre otros, un amigo suyo, y buscaba ofrecer una salida a la gente sin trabajo que pululaba por Londres. Viendo la latitud de Savannah, pensó que sería un buen lugar para viñedos y hojas de morera (por la seda), aunque con el tiempo se demostró que la tierra era más buena para el algodón. Así se fundó la ciudad, a orillas del río Savannah y a 18 millas del mar. Desde el principio, contó con la colaboración del jefe indio de la zona, Tomo-chi-chi, ¡vaya nombrecito!

Otra demostración del aspecto benéfico que inspiró a sus fundadores, es que al principio no estaba permitida la esclavitud, a diferencia de las colonias vecinas, aunque finalmente la presión de los terratenientes hizo que se autorizase para poder mantener la competitividad de las plantaciones de algodón.

El fundador dibujó un plano de la futura ciudad, basado en los campamentos romanos, con calles en cuadrícula y plazas cada cierta distancia. En origen, este diseño era defensivo, pero con el tiempo esas plazas son las que dan personalidad a la ciudad. Las 24 plazas están distribuidas, de modo casi simétrico en una cuadrícula de 13 por 16 calles que hoy constituye el Centro Histórico, que va desde el parque Forsyth hasta el río Savannah. En la orilla hay un paseo, River St, como una especie de Paseo Marítimo, que es una de las zonas más animadas de la ciudad. El río es bastante ancho y por él pasan barcos mercantes, cargados de contenedores, de un tamaño que parece imposible. Las plazas hoy se conocen como las “priceless jewels” de la ciudad, esto es, joyas de incalculable valor. En la vida moderna, tienen una virtud añadida, obligan a los coches a rodearlas, lo que hace que el tráfico por la ciudad sea más lento y agradable para el paseante.

En la Guerra de la Independencia, sufrió un famoso asedio por mar de los insurgentes y de sus aliados franceses. Por aquí pasó Washington, Lafayette y otros personajes de la época. Al primer presidente, George Washington, le recibió el regimiento de artillería de Chatam, que preparó un coctel en el que cada oficial echaba la primera bebida que tenía a mano. Así nació el hoy famoso Chatam Artillery Punch, que se hace mezclando bastantes alcoholes, una especie de “tumbadioses”; yo no me he atrevido a pedirlo.

Después de la Independencia vino el gran momento de la ciudad. Era el principal puerto del comercio de algodón y la ciudad se llenó de mansiones de los terratenientes, que querían demostrar su riqueza. Las plazas fueron adquiriendo el aspecto elegante que hoy tienen, con grandes árboles, fuentes y monumentos, rodeadas de palacetes y casas señoriales. Es la época de las grandes fiestas que todavía marca el carácter se sus habitantes. Todo un mundo que se vino abajo con el fin de la Confederación y la abolición de la esclavitud.

Judith´s House. Savannah. 26 marzo 2010.

miércoles, 24 de marzo de 2010

ST PATRICK´S DAY







El miércoles pasado, casi recién llegado, coincidí con la celebración del día de San Patricio, que es la principal festividad en la ciudad. Por lo visto es la tercera en importancia, después de la de Nueva York y Chicago, pero por delante de Boston y Philadelphia. No es una ciudad colonizada por irlandeses, pero parece que hace un siglo sí había una asociación irlandesa muy activa, la Hibernian Society, que ha conseguido que la fiesta cale en la ciudad y la transforme esos días. El 17 todos somos irlandeses, aunque sea de corazón.

Ya el martes se veía el ambiente festivo y la gente compraba cosas verdes para ponerse: camisetas, gorros, collares, gafas…Incluso ponen colorante verde en las fuentes para celebrarlo. Así que la gran fuente del parque Forsyth echaba el agua de un verde brillante por todos sus chorros. Según una de las guías, en los años sesenta intentaron teñir las aguas del río Savannah, pero el resultado fue muy pobre.

El martes el ambiente se concentraba en la zona del City Market, donde están la mayoría de los bares. Los miembros de las bandas de música ya habían llegado y se juntaban entre ellos formando corrillos entre el público, mientras ensayaban y calentaban. Se oía el inconfundible sonido de las gaitas que a mí, de siempre, me emociona particularmente. Casi todos hombres, aunque había alguna gaitera. No sé la profesión de los músicos, pero la mayoría llevaba falda escocesa y camisetas de un cuerpo de policía o bomberos, de algún distrito de Nueva York o de distintos condados. Por lo visto el uniforme de gala de la policía, al menos en Nueva York, incluye la falda escocesa. Unos muy tradicionales, otros con camisetas y tatuajes, pero todos agarraban una cerveza en cuanto podían y tocaban, a veces juntándose distintos grupos entre los aplausos del público.

El miércoles era el gran desfile, the Parade. En el desayuno ya se podían oir las primeras gaitas y el jaleo de los preparativos. Yo elegí una de las plazas más bonitas, la de Lafayette, y me propuse verlo entero. Casi tres horas. La mayoría de la gente pone sillas en el recorrido y tienen mesas auxiliares con comida y bebida. La ciudad a tope.

El desfile en sí es muy heterogéneo: coches adornados, carrozas o simplemente gente desfilando o andando. Da la sensación de que cualquiera podría ponerse una chaqueta verde y unirse a la marcha. En coche desfila el Grand Marshall de este año, junto con su familia, que va andando detrás, incluso con los niños en carrito. También los Marshall de otros años, el obispo, una juez, un diputado del Parlamento de Irlanda, uno que tiene un deportivo y hace sonar el motor entre los alaridos del público. A los americanos les gusta mucho dar esos gritos de alegría, WOW, WOW, para demostrar que se lo están pasando en grande. Los de los coches saludan a un lado y a otro, y van todos con esa sonrisa tan enorme que sólo saben poner los estadounidenses.
Las carrozas son de sociedades irlandesas, de clanes familiares, de instituciones, pero también de Coca-Cola, de Home Depot o de algunos negocios locales. Una de las más divertidas es la de los miembros del Alee Temple, con sus gorros turcos; esta sociedad es una mezcla de rotarios y de peña de cachondos. Las carrozas están adornadas de modo casero, sin grandes lujos, lo que le da una gracia especial a la celebración. ¡Que diferencia con las lujosas carrozas del carnaval de Floripa!

A pie desfilan bandas de gaitas y tambores, grupos disfrazados de la época de la revolución americana, soldados, veteranos de guerra, sociedades irlandesas y las bandas de música de las High School; con estas se mezcla la negritud y su alegría en esta fiesta irlandesa. Cuando pasa la bandera, los policías que vigilan la marcha se cuadran de modo marcial y también lo hacen algunos del público. Los que desfilan tienen que tener cuidado porque son asaltados continuamente por mujeres del público que les dan un sonoro beso, dejándoles en la mejilla una marca carmín bien visible. Delante de mí hay una chica gordita que es una auténtica “killer” en este aspecto.

Una vez terminado el desfile la fiesta continúa en River Street y en el City Market, donde se concentran los pubs y bares. Hay algunas actuaciones al aire libre de folk, rock y, como no, gaitas. Yo me retiré sobre las diez de la noche y para mi sorpresa el ambiente sigue alegre, pero sin peleas ni broncas, aunque llevan bebiendo desde la mañana. La policía mira relajada y algunos grupos de ellos se ponen hasta arriba de cerveza, claro que no son los de Savannah, sino los que han desfilado y ahora están de marcha con sus uniformes.

¿Qué imagen me queda como resumen del desfile? Muchas, pero, sin duda, la mejor son los gestos, serios y profundos, con que los jefes de las bandas de gaitas llevan el paso del desfile, agitando en el aire una maza, que también utilizan para dirigir la música y hacer que pare. Ese paso marcial que contrasta con el desenfado festivo de la gente alrededor.
The Inn at 909 Lincoln St. Savannah. 23 marzo 2010.



jueves, 18 de marzo de 2010

SAVANNAH


Después de Nueva York quería buscar un sitio en los Estados Unidos que cumpliese varios requisitos. Mi intención era bajar el ritmo del viaje y quedarme en un lugar varias semanas, sin estar cambiando de hotel, y buscar un profesor de inglés para unas cuantas horas al día de conversación. Así que el destino elegido debía cumplir varios requisitos. Mejor tiempo, para recuperar “el año sin invierno”; luego tenía que ser hacia el sur. No podía ser una zona “latina”, lo que descartaba toda Florida y California, y Texas y estados limítrofes a México. Debía ser una ciudad de tamaño medio, para facilitar la búsqueda del “profesor” y para que pudiese conocerla paseando, sin necesidad de coche. También era bueno alojarme en un Bed&Breakfast, porque eso me daría la oportunidad de conversar con sus dueños. No sé por qué me apetecía una de esas ciudades del Sur, de la vieja Confederación, donde dicen que la gente es amable y el tiempo pasa más despacio. Lo que buscaba no era fácil y pienso que Elisa alucinó un poco viendo lo poco que tenía planificado. Iba a ser puro fluir. Este viaje está hecho un poco de corazonadas.

Vagamente recordaba una película de Clint Eastwood, “Medianoche en el jardín del Bien y del Mal”, que estaba ambientada en Savannah (Georgia). La película trata de un asesinato y tiene una cierta atmosfera turbia, pero deja en el espectador la imagen de una ciudad fascinante que dan ganas de visitar. Una primera consulta por ordenador (tamaño, previsiones meteorológicas, vuelos,…) me confirmó que cumplía los requisitos. Una consulta a Alberto y Helena, mis amigos de Málaga más estadounidenses, me animó aún más; según ellos, era una de sus ciudades favoritas del Sur y me la recomendaron vivamente.

El problema surgió con la reserva de alojamiento. Inicialmente decidí reservar una semana y ampliar mi estancia si la ciudad cumplía mis expectativas. Los primeros B&B me contestaron diciendo que estaban completos para esos días. Uno de ellos me señalaba en su respuesta que había elegido las dos semanas más difíciles del año, porque coincidían con la celebración del día de San Patricio, que es la fiesta más importante de la ciudad, y con un festival de música justo a continuación. Afortunadamente el tercero me dijo que sí tenía plaza, aunque dos días tendría que cambiar la habitación a la “carriage house”, que por lo visto es una construcción aneja a la casa, donde antiguamente se aparcaban los carruajes. Las críticas de Tripadvidsor eran muy buenas (amabilidad de la dueña, fantásticos desayunos, cerca del centro histórico,…), después de tantas camas como he probado en este viaje, qué más me daba un “carriage house” más o menos. Los correos que intercambiamos fueron divertidos, porque en el mío le contaba que era español y de modo muy resumido lo que buscaba. Ella me preguntó si era del norte de Andalucía, porque hace unos años viajó por los pueblos blancos y le habían gustado mucho. Buenas vibraciones, así que adelante, Savannah.

Llegué el lunes a media tarde. De momento, está superando incluso mis mejores expectativas. La dueña del B&B, Elaine, es muy simpática y está siempre pendiente de todo. Ha restaurado de arriba a abajo una casa victoriana y la tiene impecable. Me ha buscado profesor y me ha prestado libros y películas. Los desayunos son impresionantes y duran más de una hora, lo que me da la oportunidad de hablar con los huéspedes, que rotan continuamente. De momento, una pareja que gestiona otro B&B en San Antonio, dos estudiantes estadounidenses y un matrimonio de canadienses con los que he quedado a cenar esta noche.

Justo ahora, acabo de terminar mi primera clase con mi profesor. Es un estudiante de cine, es mexicano, pero habla inglés perfectamente. Se llama Guti, de Gutierrez, porque así le llamaban en la escuela. Las dos horas se nos han pasado volando y creo que él también se ha entretenido. Con lo que me gusta a mi “cascar”.

Y, por ultimo, la ciudad. Impresionante. En la Guerra de Secesión, los generales decidieron no combatir en la ciudad, con lo que fue una de las pocas de la Confederación que no quedaron destruidas. El centro histórico es una delicia para pasear, lleno de mansiones y de plazas ajardinadas. Poco a poco la iréis conociendo en los próximos blogs.
909 Lincoln St. Inn. Savannah. 18 marzo 2010.

martes, 9 de marzo de 2010

CONTRASTES DE NUEVA YORK





Llegó Fran y con él el buen tiempo, con un solazo y unas temperaturas entre 12º y 15º que invitan a estar todo el día en la calle. Así que contratamos la excursión de "Los contrastes de NY", recomendado por Elena Rodríguez, que nos llevó por Park Avenue, la artería principal del Upper East Side, donde están los multimillonarios. A partir de la 96th Street, todo cambia. Esa calle establece una frontera invisible y los taxis amarillos no continúan su camino sino que tuercen a la derecha o la izquierda para buscar clientes en la mejor zona de la ciudad. Nos adentramos en Harlem, aunque el primer tramo conocido como “El Barrio” es ya latino, de portorriqueños. En la 125th St está el edificio donde ha puesto su oficina Clinton en un deseo por hacer más próspera dicha zona.
De Harlem al sur del Bronx. Elisa, como criminóloga, disfrutó al encontrarse con los graffitis y las historias de pandilleros que tanto ha leído en los textos académicos. Fue esperanzador observar cómo, gracias a Dios, el Bronx ya no es lo que era. Incluso la comisaría nº 42, famosa por la película "Distrito Apache", y sus alrededores se veía con cierto aire civilizado, ausente antaño cuando el barrio era de los más peligrosos del país. El barrio entero está en construcción y poco a poco van desapareciendo los solares abandonados. En el Bronx está el famoso estadio de los Yankees, el equipo de béisbol, recién construido al lado del antiguo que está en pleno proceso de demolición.
Del Bronx pasamos a Queens. El barrio de las Malvas con sus mansiones, junto al río, contrastaba realmente con las zonas comerciales de los asiáticos y latinos. En este último nos paramos a comer en un restaurante colombiano, Cosas Ricas, donde bebimos jugo de fresa y de guanábana (chirimoya). Lo siguiente fue Brooklyn, donde visitamos el barrio judío. Era sabath (sábado), el día sagrado para ellos, por lo que fue impresionante verlos por la calle vestidos con sus atuendos camino de casa o de la sinagoga. Ellos con sus levitas negras y una especie de gorros cilíndricos de piel. Ellas con pañuelos en la cabeza y siempre tres pasos detrás de los hombres. Ese día no pueden conducir.
Por último, vimos el puente de Brooklyn y atravesamos el puente de Manhattan en dirección a Chinatown, donde nos dejó el autobús. Tras un paseo por ese barrio nos dirigimos a Little Italy donde comimos en un restaurante típico.
Volvimos a Hoboken. La gran sorpresa del día fue que la tranquila ciudad de Elisa estaba invadida por veinteañeros vestidos de verde y venidos de Manhattan y de otras partes de New Jersey para celebrar por adelantado San Patrick. Paloma, que vino a recoger a las niñas para que nosotros pudiéramos salir por la noche, comentó "pero si esto parece la feria de Málaga", refiriéndose a la del centro de nuestra ciudad por la cantidad de gente que había invadido la calle y bebía y se divertían sin ton ni son.
Por la noche, Fran, Jose (un amigo argentino de Elisa) y Elisa nos fuimos al Village (Christopher St) a disfrutar de la noche neoyorkina escuchando Jazz y Blues.
El domingo teníamos planeado un Brunch de lujo, pero no se nos ocurrió reservar. Así que fue imposible. El buen tiempo y las resacas del San Patrick hizo que todos quisieran empezar el domingo de la misma manera, con un brunch, así que nos costó encontrar sitio. Finalmente, fue en un irlandés donde conseguimos tomarnos unos huevos con beicon, café y zumo de naranja. Lo suficiente para reponer fuerzas y patearnos Central Park de norte a sur en un día soleado y templado acompañados de cientos de neoyorkinos que, como nosotros, salieron en busca de un calorcito que ya echábamos de menos.

Hoboken. 9 marzo 2010.

viernes, 5 de marzo de 2010

GAZPACHO EN NUEVA YORK

Como comentábamos en el blog anterior este va a ser un blog conjunto. Las dos historias (estancia en Nueva York y los seis meses sabáticos) empezaron a pensarse hace mucho tiempo y la casualidad hizo que se hiciesen realidad coincidiendo en el tiempo. Así que dos viajes muy diferentes tuvieron desde el principio un vínculo en común, con un grupo de amigos que seguía las dos historias y una especie de ánimo recíproco que nos decía a cada uno “adelante”, cuando en el fondo los dos estábamos un poco asustados por la incertidumbre de lo que nos esperaba.

El miércoles se fusionaron los dos viajes en NY y nos dedicamos a pasear por Hoboken y ponernos al día de las experiencias de los últimos meses. Lo que no sale en los blogs. Una vuelta por lo que ha sido el pueblo de Elisa en los últimos meses: la calle Washington con sus tiendas y bares, los parques, el famoso mirador a la orilla del río Hudson,… sitios que tantas veces han salido mencionados en su blog. Hoboken es un pueblito tranquilo, acogedor, con casas victorianas, donde la gente es amable, pero sorprendentemente a un tiro de piedra de Manhattan.

Fran no ha llegado como las demás visitas a verlo todo en poco tiempo. El sabático y su fluidez recientemente adquirida le hacen tomarse estos días en NY con cierto sosiego.

Cafecito en el Starbucks, cervecita en un irlandés que se prepara ya para el día de San Patricio (sábado 6 de marzo) y hamburguesa en Johnny Rockets, decorado al estilo de los cincuenta y que parece sacado de una película. En un momento dado los camareros paran y se ponen a cantar y a hacer su pequeña coreografía. Es la América de Norman Rockwell. Recoger a Marta y Eli del cole, ir al supermercado y potajito en casa. Para Fran una rutina hogareña muy diferente de los últimos meses.

El jueves Elisa se va a su universidad, John Jay College, cerca de Central Park, y Fran aprovecha para patear el Middletown de Manhattan, con una visita guiada a las Naciones Unidas, aunque está vez el guía en español no es la japonesa que ha estado en Frigiliana. Para Fran es invierno y tiene que ponerse todo lo que tiene, incluso una bufanda prestada. Para Elisa los días han mejorado ya mucho, aunque todavía quedan restos de nieve por la calle.

Por la noche Broadway, Elisa ha quedado con varios compañeros y nos vamos a ver el Rey León. Nos quedamos todos maravillados con el espectáculo y lo bien hecho que está todo, la selva llena de animales que recibe el nacimiento de Simba, la estampida de búfalos en la que muere el Rey Mufasa. ¡Cómo dominan los estadounidenses el Show Business!

¡Hakuna Matata!
Hoboken. 5 marzo 2010.

NEW YORK, NEW YORK

El miércoles llegué a Nueva York. De Río de Janeiro hablaré en un blog posterior.

Voy a pasar una semana en casa de una amiga que lleva en Nueva York desde septiembre. Elisa se vino con sus dos hijas a pasar diez meses como profesora visitante de criminología. Es de mi pandilla de Málaga de toda la vida y habíamos hablado de nuestros respectivos proyectos de viaje hace años, cuando parecían que se quedarían en eso, en proyectos, en sueños, pero con muchas dificultades para poder llevarlos a cabo. La casualidad hizo que se hiciesen realidad al mismo tiempo.
Así que Elisa se fue a Nueva York y empezó su blog, “Gazpacho en Nueva York”, un poco antes, pero enseguida me lancé yo a mi año sabático y nació “Un año sin invierno”. Durante muchos meses nuestros amigos comunes han seguido las dos historias de esos dos locos que se han liado la manta a la cabeza y han cruzado el charco.

Elisa alquiló una casa en Hoboken, que está en Nueva Jersey, pero muy cerca de Nueva York. Paseando a la orilla del Rio Hudson se ve Manhattan y el famoso skyline. Yo estaré en Estados Unidos hasta mediados de abril, aunque no sé donde todavía, pero por una semana voy a tener a mi amiga como anfitriona para conocer la gran manzana. Ya me avisa que nada es cómo me han contado, que Manhattan es hasta tranquilo, que es relativamente fácil orientarse y que la gente es superamable. Por supuesto, en cuanto titubeé con el inglés casi seguro que me contestan en español.

En el próximo blog, hemos decidido publicar el mismo texto los dos. Cada uno en el suyo.
Hoboken (New Jersey). 5 marzo 2010.

lunes, 1 de marzo de 2010

¡FUERZA, CHILE!

Todavía estoy impresionado por las imágenes que veo del fuerte terremoto que ha sufrido Chile. Cómo sabéis los seguidores de este blog, Chile ha sido el principal lugar de este año sin invierno, casi dos meses, aunque la zona más afectada por el terremoto es precisamente una de las que no visité, desde Valparaiso hasta Osorno. En las imágenes de los destrozos he podido reconocer zonas ya familiares para mi, como el precioso Palacio de Bellas Artes, o infraestructuras importantes, como la América Vespucio, pero, sobre todo, las caras de dolor y sufrimiento de los chilenos, un pueblo trabajador y acostumbrado a luchar para salir adelante, a que nadie les regale nada.
Por los correos que he recibido veo que este blog os ha acercado también a vosotros un poco más a Chile, un gran desconocido, y os ha hecho sentir la tragedia un poco más cerca. Como decía mi hermano Javier en un comentario antiguo, para él, Puerto Montt era ya como Cuenca.

Yo me enteré del terremoto el sábado por la mañana en al avión de Florianópolis a Río, porque junto a mi viajaba Carlos, un estudiante chileno-brasileño, que iba a pasar un día con sus abuelos y luego volaba a Santiago. En su móvil tenía un mensaje de que el aeropuerto de Santiago estaba cerrado por un terremoto, pero no pensábamos que era uno de los grandes. Compartimos taxi hasta Ipanema, y el taxista ya nos dijo que había sido fuerte y que había 45 muertos, con lo que ya se empezó a preocupar.
En Río el día estaba nublado y justo ese día la temperatura, antes a 40 grados, había bajado casi 15 grados de golpe. Al pasar por la Lagoa, no se sabe todavía por qué, habían muerto miles de peces, que los servicios de limpieza estaban sacando y el olor de toneladas de pescado muerto invadía el ambiente, como si fuese una anticipación de lo que iba a ver al encender la tele en el hotel.
En el hotel me conecté a Internet y a la tele, especialmente CNN, con una cierta sensación que me recordaba al 11-M de Madrid. Conforme pasaban las horas la programación de los informativos brasileños recuperaba su normalidad y la CNN parecía dedicar más atención al previsible tsunami en Hawai y a los preparativos de evacuación, así que salí a pasear por la playa de Ipanema para despejarme. Me acordaba de los carteles de rutas de escape de maremotos que había visto en Iquique y que me habían parecido ridículos, porque a 20 metros del mar, señalaban la dirección contraria. No estoy seguro de si hice alguna foto.
No he contactado con mis amigos chilenos, porque tengo la certeza de que están bien, teniendo en cuenta las zonas afectadas, y no me los imagino conduciendo a las tres de la mañana. Seguro que están ahora lidiando con problemas cotidianos de aprovisionamiento, de transporte, de localizar conocidos,… y siento que mi correo sería una molestia más que una ayuda.

Precisamente uno de mis amigos españoles me había comentado que estadísticamente tocaba un terremoto fuerte cada diez años y que el último había sido en 1995, creo, así que…Casi todo Santiago está construido con casas bajas, pero en los últimos años se habían construido muchas torres grandes y aunque cumplían la normativa antisísmica no se sabía de verdad que podría pasar con ellas. Este terremoto no ha sido fuerte, ha sido muy fuerte, más de cien veces el de Haití, porque las escalas de medición son exponenciales, pero parece que efectivamente se había construido bien y cumpliendo la ley, lo que ha permitido limitar muchísimo el número de muertes. Días después, por el contrario parece que no ha funcionado tan bien la previsión de maremotos y las alertas de evacuación. La mala suerte es que ha afectado a las zonas más pobladas del país, aunque a unas horas en que no suele haber mucha gente en las carreteras.

Una de las ideas que he intentado transmitir en mi blog es que lo que más llama la atención en Chile es la fuerza de la Naturaleza, que hace aparecer a los hombre como hormigas, como vulnerables ante el enorme tamaño de todo, de las montañas, de los bosques, de los desiertos,...Esa sensación tiene algo de mágico, para los que venimos de partes del mundo donde el hombre parece dominarlo todo. Pero también su lado oscuro. Desgraciadamente esa fuerza de la naturaleza ha pegado un coletazo más, como regularmente suele hacer, y va a poner a prueba una vez más el carácter de los chilenos. No es la primera vez, ni será la última. Pero si creo que les conozco algo, me parece que van a tardar muy poco tiempo en secarse las lágrimas y enterrar a sus muertos, para ponerse manos a la obra.

Así que me uno a su Presidenta y les animo: ¡Fuerza, Chile!
Hotel Ipanema Inn. Rio de Janeiro. 1 de marzo de 2010.

viernes, 26 de febrero de 2010

PRAIA DO ROSA II




He buscado algunas fotos en Google porque la verdad es que en mi foto salía bastante desmejorada. No quiero que se enfade conmigo Demian por antimarketing. Una pena que mi habitación no tuviese vistas.


PRAIA DO ROSA


Una vez que se fue mi hermano, decidí buscar una playa tranquila en el mismo Estado de Santa Catarina, pero ya en el continente. Había dos opciones: Bombinhas y Porto Belo (al norte) o Praia do Rosa (al sur). Mi olfato me decía que la segunda iba a ser menos turística y creo que acerté.

Primero, no hay autobús directo. En la estación me dicen que tome el autobús a Garopaba. Después de unas dos horas, el copiloto me dice que hemos llegado al cruce con la carretera a Praia do Rosa, que es donde me tengo que bajar. Una vez abajo, nada, un cartel que señala la dirección sin decir la distancia y domingo a medio día con todo cerrado. En una farmacia me indican donde está la parada de autobús, pero no sabe cada cuanto pasan. Afortunadamente está techada y tiene sombra.

Cuando llevo casi una hora esperando, aparece Pedrinho, un taxista que está haciendo mudanza de su casa y lleva el coche cargado hasta arriba; en ese momento está transportando las plantas. No estoy para elegir, así que me meto en mitad del “bosque” y adelante. No tenía reserva, pero si la dirección de una de las pousadas que aparecían en la guía Lonely Planet, Pousada La Roca. Pedrinho me dice que allá yo, pero que él elegiría una en el centro, hay muchas, pero que La Roca está en lo alto del morro y que de noche está muy oscuro. Pues si qué es complicada Praia do Rosa.

Confío en Pedrinho y me bajo en el centro, agotado. Lo primero, me tomo un suco (zumo) de açaí, que es una fruta tropical que tenía ganas de probar y que dicen que tiene muchas vitaminas. El de la tienda me recomienda la pousada Halliny do Rosa y allí me recibe Demian, que en cuanto me oye, me pregunta: “¿Gallego de dónde?”. Es argentino y ha trabajado cinco años en Marbella. El pueblo está lleno de argentinos, no sólo visitantes, sino también los que explotan los negocios. También hay mucho brasileiro de Rio Grande do Sud, por los “cimarraos” de hierba mate que se toman hasta en la playa con la caló.

La playa en sí está rodeada de vegetación. En la parte central hay una laguna y una montaña, el “morro”, que la protege. En esa montaña hay casas pero diseminadas y bien integradas en el paisaje. Tiene dos problemas: uno que para ir a la playa hay que cruzar la montaña, de diez a 20 minutos, según la ruta; más empinada la primera. El segundo, la lluvia. Llueve todos los días, al menos unas horas. Como dice Demian, si no lloviese, no estaría tan verde.
Para mi tiene todo lo que busco. Una playa bonita, con trilhas (senderos) que conducen a otras playas. Un pueblito pequeño, pero con varios bares y restaurantes. Un bar junto al mar, el de la foto, que sirve cerveza bien fría. Un ventilador en el techo de mi cama y una hamaca en mi porche para echarme la siesta y leer. Los de la pousada son muy agradables y por todos lados puedo hablar español. No tengo las vistas espectaculares de las pousadas del morro, pero no tengo que volver andando a oscuras por la noche ¡Qué providencial fue Pedrinho!

La foto no hace justicia a la playa. Lo bonito es que es que todo la parte interior está llena de vegetación. Es un sitio de surferos y muy cerca está la playa de Guarda de Embaú, que parece que es una de sus playas favoritas.
En un restaurante que preparan “torradas catalanas”, una de las dueñas, Paula, una enamorada de Barcelona, me dice que hay un malagueño, Jose, que lleva en el pueblo desde noviembre. Le digo que si lo veo, le invito a una caña. Le llama al móvil, pero está en cama resfriado, porque la tormenta del martes le pillo de camino. Una pena porque me hubiese gustado conocerlo.

Al final, me quedé más de lo que pensaba. El jueves me volví para Florianópolis y me aloje en el hostel de mochileros. De noche, se forman varios grupos. De un lado, los latinos (brasileños, argentinos y españoles) que son los que montan el jolgorio, compartiendo botellas de alcohol. Los no latinos por otro lado en varios grupos, algunos viendo películas en su propio ordenador, y un asiático que se calienta una sopa de noddles y no levanta la cabeza de su netbook. Una vez más, a pesar del buen rollo, esa noche me confirma lo lejos que estoy ya de los veinteañeros y sus bromas.

Mañana sábado vuelo a Rio de Janeiro y el martes por la noche a Nueva York. Un brindis por Pedrinho y por los “ángeles” españoles que me han solucionado un problema con las tarjetas.
Hotel Mercure Lindacap. Florianópolis. 26 febrero 2010.

martes, 23 de febrero de 2010

OSTRADAMUS


Mi hermano Diego se fue el sábado, después de una semana intensa. Yo me he ido a Praia do Rosa que está a unos cien kilómetros de Florianópolis hacia el sur, pero ya en el continente, entre Garopaba e Imbituba. A ella me referiré en el próximo blog, en este voy a seguir un poco más con la semana con mi hermano.
Fotos hay pocas. Por seguridad y para no parecer turistas muchas veces hemos salido sin cámara. Una pena en el sambódromo. Además Diego no se ha traído el cable para descargarlas al ordenador. Ha quedado en mandármelas por correo, pero es tan manitas informático como yo.

Para variar un poco de playa, ¡qué cansado es descansar!, nos fuimos a Blumenau que está en el interior. Para llegar sufrimos los autobuses “pinga pinga”, que hacen paradas intermedias. El viaje, que puede hacerse en dos horas y medias, duró cuatro y media, con el único aliciente de que conforme nos acercábamos iban subiendo más brasileiras alemanas.
Blumenau es la ciudad alemana por excelencia de Brasil. Gramado era un pueblito turístico, pero esta es una ciudad con más de 400.000 habitantes. Es famosa por su Oktoberfest, que, según dicen es la segunda fiesta más importante después del carnaval. La ciudad tiene un centro histórico muy cuidado en el que se pueden ver las casas y mansiones de los primeros pobladores, aunque el museo de la cerveza es bastante flojo. Pero para mi lo más espectacular es la selva que la rodea y que se mantiene en parques dentro de la ciudad y en las riberas del rio Itajaí-Açú que cruza la ciudad. Allí vimos dos capibaras, que son los roedores más grandes del mundo (cara de rata y cuerpo de cerdo).
La pena es que vamos mal de tiempo y no nos quedamos el tiempo suficiente para hacer alguna excursión, ya que hay parques grandes en la propia ciudad y rutas de senderismo a poca distancia. Una comida curiosa es una especie de merienda-cena en el Café Colonial, que es el café de nuestro hotel (Hotel Gloria). Por 22 reales (9 €) había un bufé libre de picoteo salado y tartas. El sitio era el punto de reunión de la ciudad, con la gente más arreglada y comprobamos como se mantiene la sangre alemana en la zona. ¡Qué rubias!

El viernes conseguimos quedar con un contacto que traía Diego. Paula es amiga de una compañera del hospital. Es carioca (de Rio), pero trabaja como fotógrafa en Florianópolis. Es una enamorada de Málaga, donde estuvo el año pasado. Después de contarle lo que ya habíamos hecho, decide llevarnos al sur de la isla, a comer ostras a Riberao da Ilha. El restaurante que elige, el Ostradamus, es impresionante. Comemos en un muelle encima del mar y nos ponemos tibios de ostras: naturales, cocidas, gratinadas, con mango y gengibre,…Un auténtico homenaje.

Yo no he estado en Arcachon, pero desde aquí lanzo un desafio a mi amigo, afrancesado, Jean Phillippe Buhigas. Las ostras de Santa Catarina a lo mejor no tienen tanta variedad como las francesas, pero yo apuesto a que son mejores. Un sitio tan natural y un paisaje tan espectacular deben dar un producto mejor que la decadente Francia. ¡Ahí va el guante! Ya encontraremos jurados independientes que puedan desplazarse a los dos sitios y decidir este reto.

Por la noche no puede acompañarnos por trabajo, pero por la tarde nos da una vuelta por las zonas que no habíamos visto de la isla y nos enseña su casa, donde nos damos un bañito en su piscina. Una pena no haberla contactado antes, porque el domingo de carnaval celebró su cumpleaños y terminaron la fiesta en su casa con un chapuzón.
Pousada Halliny do Rosa. Praia do Rosa. 23 febrero 2010.

domingo, 21 de febrero de 2010

CAMARAO DA ILHA


A la isla de Santa Catarina aquí la llaman “ilha mágica” o “ilha bela”. La guía Lonely Planet resume este destino como “Grandes olas, una bulliciosa vida nocturna, deliciosas ostras, playas desiertas, pintorescos pueblos de pescadores y mucho más”. Desde luego, no parece mal sitio. En las próximas líneas voy a intentar explicar qué es ese “mucho más”.
La isla es alargada. Tiene unos 150 kilómetros de largo y unos 18 en su parte más ancha, y más de 40 playas, bastante diferentes. Tiene una gran laguna, Lago do Conceiçao en el centro, y otra más pequeña en el sur.
Ya el primer día decidimos alquilar un coche un par de días para conocerla y para decidir en qué zona buscar alojamiento. Con el tiempo descubrimos qué nos equivocamos, ya que durante el carnaval la isla está hasta los topes y se producen bastantes atascos. La carretera que cruza el lago central es el peor punto y recuerda algo a La Manga. Debimos quedarnos en la ciudad durante la mayor parte del carnaval y pasar a la isla cuando se ha ido mucha gente y recorrerla es un auténtico gustazo.

Nosotros hicimos el recorrido en plan circular desde Florianópolis hacia el norte el primer día y empezando por el oeste para terminar en el este donde están las mejores playas. En el oeste están los pueblos que fundaron los primeros pobladores portugueses. Eran fundamentalmente pescadores y balleneros de las Azores. Ahora son las peores playas, pero son pueblitos tranquilos, más cuidados y la vista es muy relajante; parece como una gran laguna rodeada de montañitas e islitas con una luz neblinosa. En San Antonio de Lisboa cayeron las primeras ostras en un chiringuito pegado al mar.
Luego fuimos a las playas más turísticas: Jureré, Canasvierias, Lagoinha y Praia Brava. Para un español no son nada del otro mundo; muy turístico (sin bloques, ni adosados) y poca arena, llena de gente. De ellas la mejor con diferencia Praia Brava, que ya da al este, al mar abierto. Allí dimos un buen paseo playero, pero no sé por qué mirábamos más hacía el interior. Buen nivel.
Por la tarde, descubrimos Barra de Lagoa, que es un pueblito pequeño de pescadores, al final del Lago Conceiçao. Tiene buena playa, que conecta con la de Mozambique, la más salvaje. Allí los hostel estaban llenos y cogimos un hotelito.
El segundo día fuimos hacia el sur. Empezamos Pantano do Sul, comiendo en el Arante, un restaurante lleno de mensajes pegados a la pared y techos, que viene de los primeros surferos que los ponían para comunicarse, cuando no había móviles. Luego siestecita a la sombra de los árboles en la playa de Armaçao, la de la foto, que estaba bastante desierta, y nos asomamos a la de Campeche, antes de terminar en la de Barra, nuestra casita.

En otros días, hicimos excursión a la playa de Joaquina (Joaca para los amigos) que tiene unas dunas enormes en las que se hace sandboard, chorrándose con tablas de snow por la arena. Entre la playa de Barra y Joaquina está Praia Mole, que es la Ibiza de aquí, la marchosa. No entramos, pero si sufrimos los atascos que provocaba, especialmente en carnaval, con las fiestas de DJs, mañana y tarde.

Desde Barra hicimos una excursión muy simpática a Costa de Lagoa, que es un pueblito pequeño en el lago, al que solo se puede llegar andando o en barco. Esta zona está llena de chalecitos (y chaletazos) con sus muelles de atraque. El barquito paró un par de veces para bañarnos y al final nos dejó en un restaurante donde tomamos el plato estrella de la zona: Secuencia de Camaroes (gambas). Bafos, alho e olheo, milanesa y filete de peixe con molho do camarao, es decir, cocidos, con ajo y aceite, empanados y un pescado a la plancha con salsa de gambas. Nuestra comida típica son los camaraos milanesa con una botella de cerveza helada, que tapan con un protector de plástico para mantener el frío, lo que le da un aspecto de botella de lejía amarilla.

Cuando termina el carnaval, las playas quedan más tranquilas y es más fácil moverse por la isla. Decidimos mudarnos aunque fuese solo una noche a un hostel que nos había gustado, Barra Beach Club, que está en el mismo pueblito, pero al otro lado del río, cruzando un puente elevado de hierro. Da a una playita preciosa llena de vegetación, la prainha. Allí nos pegamos un baño estupendo, una tarde que empezó a llover y se había quedado vacía. La playita pide fiestecita, pero en el hostel avisan en una nota que la gente no está acostumbrada a que la gente se bañe desnuda.

La isla está llena de argentinos y uruguayos. Familias y jóvenes que se pagan las vacaciones con lo que “laburan” allí. A nosotros nos resulta más fácil comunicarnos con ellos que con los brasileños, aunque la gente local es muy amable y la zona en general muy segura.
El ambiente nocturno está claramente en Lagoa de Conceicao, con pubs a la española y calles llenas de gente. Muy agradables los sitios con música en vivo, con coletazos del carnaval todavía.

Ilha Bela, Ilha Mágica, aunque hay que elegir bien la playa. Hay para todos, desde el marchoso ibicenco al surfero más alternativo.
Hotel Mercure Lindacap. Florianópolis. 21 de febrero 2010.


miércoles, 17 de febrero de 2010

VENTO ENCANADO

Florianópolis, Floripa para los amigos, es una ciudad cortada en dos: el centro histórico y una especie de Paseo Marítimo (Beira Mar) están en la parte central de la Isla de Santa Catarina. La parte más industrial está al otro lado en el continente. Están unidas por dos puentes: uno colgante, más bonito, el Hercilio Luz, que ya no se usa, pero su iluminación de noche es una de las fotos características de la ciudad. El otro puente es más moderno y funcional.
El centro histórico es pequeño, pero está bastante cuidado. Pero lo más destacable es la Isla. Está llena de lagos y colinas, con un gran lago central, Lago do Conceiçao, en la parte central. A la isla y a sus playas dedicaré otro blog, porque…es carnaval.

El primer día en Florianópolis coincide con el comienzo del carnaval. El carnaval dura 4 días (sábado a martes), pero en la práctica se extiende de viernes a miércoles. Yo llego en autobús desde Porto Alegre con más de tres horas de retraso por obras en la carretera y por el tráfico. Mi hermano está esperando en el hotel, todavía con el jet lag encima. El ya ha dado una vuelta por el centro y salimos a recibir el carnaval, que en teoría empieza en la madrugada del sábado a las cuatro de la mañana.

A mi me había contado una brasileña de Curitiba, que el carnaval sólo se vive en unas pocas ciudades, que en el resto se organizan fiestas privadas por grupos de amigos, además de los espectáculos que organizan las discotecas y bares. Ni en Porto Alegre, ni en la Sierra Gaucha, vi ningún preparativo de carnaval. Pero Diego ya ha dado una vuelta por el centro y dice que sí se ve algún jaleillo. Primero vamos a cenar a un sitio tradicional en el Mercado Público, el Box 32. Picamos algo por los pelos porque casi están cerrando. Luego en el mismo centro, en un callejón al lado de la catedral, vemos una especie de fiesta privada. Preguntamos y nos dicen que para entrar, tenemos que comprar las camisetas del bloco de samba, Vento Encanado, pero que sólo dura hasta las 11 de la noche.
Así que por 60 reais (unos 23 €) nos hacemos “Amigos de la Espiga”, porque casi parece una caseta de feria y empezamos con la samba. Desde un escenario canta Vento Encanado y lo acompañan los tambores desde abajo:

É carnaval
Na ilha da magia
Com o vento encanado
Ninguém vai ficar parado

Vento encanado significa cruce de vientos o vientos enfrentados, aunque seguramente exista un término marinero más preciso en español; a ver si Pepelu lo sabe. El ambiente es totalmente de caseta, con mucho brasileño con pinta de alemán. Se forman congas y algún “Paquito el Chocolatero” y hasta las personas mayores se dejan llevar por el ritmo. Allí vemos nuestros primeros bumpas bailongos, sobre taconazos, sobre plataformas o con simples hawaianas.

Vai soprar felicidade
Sacudir essa cidade
Deixa o vento te levar
A brisa da noite
Faz meu Coraçao
Viver esse amor, essa paixao

La “caseta” termina pronto y nos vamos a la plaza central donde hay un escenario con actuaciones.

Pero el carnaval de verdad empieza el sábado. En Floripa hay un pequeño sambódromo y nos vamos a la reventa. Participan 5 blocos de samba; 4 carrozas y unas 300 personas cada uno, con diferentes tandas de disfraces. Tardan unos 45 minutos en pasar, pero el problema es que casi pasa una hora entre uno y otro. Para mi gusto, los disfraces llevan mucha ropa y poco “hilo dental”.
Aquí el parecido es mayor con las procesiones de Semana Santa, especialmente al terminar cuando se ven cientos y cientos de personas, cansadas y con sus disfraces a cuestas, y a los amigos y familiares que van a recogerlos con un bocadillo y una bebida.

Ya el lunes por la noche, en Barra de Lagoa, el pueblito de la isla al que nos hemos ido de playitas, vemos por la noche el carnaval de barrio. Un camión adornado de aquella manera, con cuatro mulatas y un cantante incansables, y todo el pueblo detrás siguiendo el ritmo y la música.
Hotel Ilha Bela. Barra do Lagoa. 17 febrero 2010.