sábado, 10 de abril de 2010

I HAVE A DREAM







Al principio, dudaba si seis días eran muchos días para Washington. Al final, se me han pasado volando. El tiempo espectacular, más de verano que de primavera, aunque me pierdo con los setenta y tantos, u ochenta de la escala Fahrenheit. Me he pegado unas palizas de andar, que pa mí se quedan. Salía del hotel por la mañana y ya no regresaba hasta la noche después de cenar.

Los primeros días los dediqué a patear el Cherry Blossom, el Mall y los Memoriales de los Presidentes. Es el momento en que hay más turistas y no tenía muchas ganas de hacer colas. Para subirse al obelisco (Washington Memorial) había que estar a las seis y media de la mañana, por lo que me tuve que conformar con verlo desde abajo. Visitar la Casa Blanca, ni lo intenté; creó que se necesita invitación.

Tenía muchas ganas de ver el Memorial de Lincoln, con esa estatua gigantesca que casi no cabe en el templo griego (jaula) en que lo han metido. Ese abogado de provincias por el que nadie daba un duro en la Convención republicana. Uno de los grandes, aunque siempre se le ha criticado que la guerra, en el fondo, no la hizo para liberar a los negros, sino para salvaguardar la Unión.

En la escalinata del Memorial, fue donde Martin Luther King dio el famoso discurso “I have a dream” ante la multitud reunida en el Mall, en la marcha por los derechos civiles. El guía turístico, un guarda de los Parques Nacionales, ha puesto un radiocassette en la escalera y se escucha la voz, emocionante y profunda, del discurso:

(…)
I have a dream that one day this nation will rise up and live out the true meaning of its creed: "We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal."

I have a dream that one day on the red hills of Georgia, the sons of former slaves and the sons of former slave owners will be able to sit down together at the table of brotherhood.

I have a dream that one day even the state of Mississippi, a state sweltering with the heat of injustice, sweltering with the heat of oppression, will be transformed into an oasis of freedom and justice.

I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character.
I have a dream today!

I have a dream that one day, down in Alabama, with its vicious racists, with its governor having his lips dripping with the words of "interposition" and "nullification" -- one day right there in Alabama little black boys and black girls will be able to join hands with little white boys and white girls as sisters and brothers.

I have a dream today!

I have a dream that one day every valley shall be exalted, and every hill and mountain shall be made low, the rough places will be made plain, and the crooked places will be made straight; "and the glory of the Lord shall be revealed and all flesh shall see it together."
(…)

Se te pone la piel de gallina. Yo me acordaba de las caras tristes que vi en los negros de Savannah (Georgia). Junto a mí, hay una familia negra. El padre y la madre escuchan emocionados la voz del discurso; ella con los ojos húmedos, al borde de la lágrima. ¡Qué no habrá visto de joven! Al lado, los hijos adolescentes se agitan nerviosos en la escalinata, aburridos.

El tercer gran Memorial es el de Jefferson, que fue un empeño de Roosevelt (FDR), que quería empatar con los republicanos, por Lincoln, y hacer un homenaje a su presidente demócrata favorito. El Memorial es un gran templo, inspirado en el Panteón de Roma. El guía cuenta con una pasión no frecuente la historia de su construcción en plena Gran Depresión, las damas de la alta sociedad que se encadenaron (como la Thyssen) para que no talasen los cerezos, las críticas de los arquitectos,… Frank Lloyd Wright propuso que era más acorde con los tiempos modernos construir un estadio de futbol dedicado a Jefferson. Por cierto el Memorial de Kennedy es un centro de espectáculos (ópera, conciertos, teatro,…).

Roosevelt, el presidente con el mandato más largo (1933–1945) quiso para si una simple losa de mármol en la Avenida Pennsylvania, la que une la Casa Blanca y el Capitolio. Le hicieron caso, pero no por mucho tiempo, en los noventa le hicieron un Memorial, más horizontal y moderno, con grandes rocas, fuentes y esculturas. Hay una parte dedicada a cada mandato, con frases del presidente, famoso por sus discursos en la radio. Más que la guerra, a mí me interesa especialmente la parte de la Gran Depresión y el New Deal, con tantas similitudes con la época actual. Hay una escultura con una familia a la que le embargan la casa, otra con una cola de parados; los turistas, divertidos, se hacen fotos posando sonrientes entre ellos. ¡Imbéciles! Simplemente mirad a vuestro lado lo que ESTA pasando. Como se necesita ahora alguien realista como Steinbeck que nos cuente lo que le ocurre a la gente, pero también alguien optimista como Capra que nos diga que se puede (Yes, We Can!).

La representación del presidente está basada en la foto de la cumbre de Yalta, en la que una gran capa militar le cubre casi todo el cuerpo; al lado su perrito. Esta estatua fue muy criticada, porque disimula el hecho de que, como consecuencia de la polio, prácticamente hizo toda su carrera política desde una silla de ruedas, una simple silla de cocina adaptada. A principios de los dos mil, se añadió un prólogo al monumento en el que aparece otra estatua, más pequeña, de FDR en su silla de ruedas. En su época era un gran secreto, un secreto de Estado.



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