
“Last night” era la última noche en Nueva York y al otro lado del Atlántico, pero no era el final del semestre sabático, que termina hoy. Mañana vuelvo a trabajar y empieza otra etapa de mi vida. Ayer me afeité la barba.
El primer día en España fue el peor, entre el “jet lag” y la sensación de sentirte extraño en tu casa y no estar muy seguro de algunas rutinas básicas que uno solía hacer (¿Dónde estaban los vasos?). La primera sorpresa fue descubrir que la televisión no funcionaba; he sido víctima del apagón analógico. Por otro lado, he recuperado el número de mi móvil, que ya está operativo, aunque sí he perdido todos los teléfonos que tenía apuntados en la tarjeta de memoria.
Han sido días de hacer algunas gestiones pendientes y de quedar con familiares y amigos para contar el viaje en directo. La sensación más fuerte es lo rápido que pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando me estaba despidiendo, y, como, gracias al correo y al blog, en el fondo no he estado tan lejos. A Málaga bajo el próximo fin de semana. ¿Qué si me apetece “pescaito”? Mato por un espeto de sardinas en Pedregalejo.
He releido las primeras entradas para comprobar si he sido fiel al espíritu de este viaje. Como recomendaba mi amigo de vuelo, me he pesado. Aunque con tres kilos menos, creo que sigo siendo el mismo, básicamente, aunque sí siento que vuelvo mejor. Más seguro de mi mismo, con menos miedos absurdos, más curioso, desde luego más informatizado, pero, sobre todo, más abierto al mundo y a descubrir lo que este ofrece, más consciente de las cosas importantes de la vida. He conocido gente maravillosa y he visto paisajes increíbles. He visto un continente lleno de vida y espero que esta sea de verdad su década. A mi no me lo van a tener que contar porque volveré para verlo. Seguramente no tanto tiempo y espero que la próxima vez acompañado, pero volveré. De este viaje saldrán más viajes. Como decía la canción de Moon River. “There are such a lot of world to see”.
Me queda un profundo agradecimiento a mis amigos del otro lado del charco y a los que he conocido en el viaje. A la mayoría no los volveré a ver, aunque quien sabe, el mundo es cada vez más pequeño. Pocas cosas negativas me han pasado, la peor, con diferencia, la pena por el terremoto de Chile. Me ha sorprendido que en Estados Unidos hay muchos recordatorios por Haití, pero ninguno por Chile. Me queda pendiente invitar a una cena a Lalo Lloves y a Carlos Bote en el Pimpirinpausa de Santiago. Puede que tarde algunos años, pero lo haré; soy cabezón.
Aquí termina el blog y el semestre sabático, pero no el año sin invierno. La primavera no ha hecho más que empezar. Dentro de unos meses, espero que con algunas entradas más y más fotos, esto se convierta en un libro. Ya le estoy dando vueltas a la portada. Habrá que ir pensando en plantar un árbol. Lo otro,…, lo otro lo veo más difícil.
Madrid. 18 abril 2010.














