domingo, 18 de abril de 2010

FIN


“Last night” era la última noche en Nueva York y al otro lado del Atlántico, pero no era el final del semestre sabático, que termina hoy. Mañana vuelvo a trabajar y empieza otra etapa de mi vida. Ayer me afeité la barba.

El primer día en España fue el peor, entre el “jet lag” y la sensación de sentirte extraño en tu casa y no estar muy seguro de algunas rutinas básicas que uno solía hacer (¿Dónde estaban los vasos?). La primera sorpresa fue descubrir que la televisión no funcionaba; he sido víctima del apagón analógico. Por otro lado, he recuperado el número de mi móvil, que ya está operativo, aunque sí he perdido todos los teléfonos que tenía apuntados en la tarjeta de memoria.

Han sido días de hacer algunas gestiones pendientes y de quedar con familiares y amigos para contar el viaje en directo. La sensación más fuerte es lo rápido que pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando me estaba despidiendo, y, como, gracias al correo y al blog, en el fondo no he estado tan lejos. A Málaga bajo el próximo fin de semana. ¿Qué si me apetece “pescaito”? Mato por un espeto de sardinas en Pedregalejo.

He releido las primeras entradas para comprobar si he sido fiel al espíritu de este viaje. Como recomendaba mi amigo de vuelo, me he pesado. Aunque con tres kilos menos, creo que sigo siendo el mismo, básicamente, aunque sí siento que vuelvo mejor. Más seguro de mi mismo, con menos miedos absurdos, más curioso, desde luego más informatizado, pero, sobre todo, más abierto al mundo y a descubrir lo que este ofrece, más consciente de las cosas importantes de la vida. He conocido gente maravillosa y he visto paisajes increíbles. He visto un continente lleno de vida y espero que esta sea de verdad su década. A mi no me lo van a tener que contar porque volveré para verlo. Seguramente no tanto tiempo y espero que la próxima vez acompañado, pero volveré. De este viaje saldrán más viajes. Como decía la canción de Moon River. “There are such a lot of world to see”.

Me queda un profundo agradecimiento a mis amigos del otro lado del charco y a los que he conocido en el viaje. A la mayoría no los volveré a ver, aunque quien sabe, el mundo es cada vez más pequeño. Pocas cosas negativas me han pasado, la peor, con diferencia, la pena por el terremoto de Chile. Me ha sorprendido que en Estados Unidos hay muchos recordatorios por Haití, pero ninguno por Chile. Me queda pendiente invitar a una cena a Lalo Lloves y a Carlos Bote en el Pimpirinpausa de Santiago. Puede que tarde algunos años, pero lo haré; soy cabezón.

Aquí termina el blog y el semestre sabático, pero no el año sin invierno. La primavera no ha hecho más que empezar. Dentro de unos meses, espero que con algunas entradas más y más fotos, esto se convierta en un libro. Ya le estoy dando vueltas a la portada. Habrá que ir pensando en plantar un árbol. Lo otro,…, lo otro lo veo más difícil.
Madrid. 18 abril 2010.

domingo, 11 de abril de 2010

LAST NIGHT


Hoy es la última noche en Nueva York y en esta orilla del Atlántico. Mañana por la tarde vuelo a Madrid y el martes por la mañana estaré en España. ¡Qué poco queda ya de esta aventura!

Hoy he quedado con Elisa y sus hijas para disfrutar de la primavera en Central Park. Un domingo esplendido y todo verde. ¡Qué diferencia con la otra visita que hice a principios de marzo, cuando los árboles estaban desnudos y la tierra sin césped! Ni siquiera había nieve, salvo algunos montones con barro. Creo que fueron las dos únicas semanas de invierno en estos seis meses. Aunque el verano patagónico no está muy lejos de un invierno malagueño; no de este invierno, según me han contado.

Para la última noche en NY he escogido una despedida a lo grande: subir al Empire State Building de noche y decir adios a esta ciudad y, de paso, a este viaje. La vista es espectacular y cubre todo Manhattan, Brooklyn, New Jersey, Hooboken, … pero yo he mirado al sur, muy lejos, muy lejos y, si cerraba un poco los ojos, me parecía ver el Salar de Atacama, las Torres del Paine, el Perito Moreno y la Isla de Santa Catarina.

sábado, 10 de abril de 2010

I HAVE A DREAM







Al principio, dudaba si seis días eran muchos días para Washington. Al final, se me han pasado volando. El tiempo espectacular, más de verano que de primavera, aunque me pierdo con los setenta y tantos, u ochenta de la escala Fahrenheit. Me he pegado unas palizas de andar, que pa mí se quedan. Salía del hotel por la mañana y ya no regresaba hasta la noche después de cenar.

Los primeros días los dediqué a patear el Cherry Blossom, el Mall y los Memoriales de los Presidentes. Es el momento en que hay más turistas y no tenía muchas ganas de hacer colas. Para subirse al obelisco (Washington Memorial) había que estar a las seis y media de la mañana, por lo que me tuve que conformar con verlo desde abajo. Visitar la Casa Blanca, ni lo intenté; creó que se necesita invitación.

Tenía muchas ganas de ver el Memorial de Lincoln, con esa estatua gigantesca que casi no cabe en el templo griego (jaula) en que lo han metido. Ese abogado de provincias por el que nadie daba un duro en la Convención republicana. Uno de los grandes, aunque siempre se le ha criticado que la guerra, en el fondo, no la hizo para liberar a los negros, sino para salvaguardar la Unión.

En la escalinata del Memorial, fue donde Martin Luther King dio el famoso discurso “I have a dream” ante la multitud reunida en el Mall, en la marcha por los derechos civiles. El guía turístico, un guarda de los Parques Nacionales, ha puesto un radiocassette en la escalera y se escucha la voz, emocionante y profunda, del discurso:

(…)
I have a dream that one day this nation will rise up and live out the true meaning of its creed: "We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal."

I have a dream that one day on the red hills of Georgia, the sons of former slaves and the sons of former slave owners will be able to sit down together at the table of brotherhood.

I have a dream that one day even the state of Mississippi, a state sweltering with the heat of injustice, sweltering with the heat of oppression, will be transformed into an oasis of freedom and justice.

I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character.
I have a dream today!

I have a dream that one day, down in Alabama, with its vicious racists, with its governor having his lips dripping with the words of "interposition" and "nullification" -- one day right there in Alabama little black boys and black girls will be able to join hands with little white boys and white girls as sisters and brothers.

I have a dream today!

I have a dream that one day every valley shall be exalted, and every hill and mountain shall be made low, the rough places will be made plain, and the crooked places will be made straight; "and the glory of the Lord shall be revealed and all flesh shall see it together."
(…)

Se te pone la piel de gallina. Yo me acordaba de las caras tristes que vi en los negros de Savannah (Georgia). Junto a mí, hay una familia negra. El padre y la madre escuchan emocionados la voz del discurso; ella con los ojos húmedos, al borde de la lágrima. ¡Qué no habrá visto de joven! Al lado, los hijos adolescentes se agitan nerviosos en la escalinata, aburridos.

El tercer gran Memorial es el de Jefferson, que fue un empeño de Roosevelt (FDR), que quería empatar con los republicanos, por Lincoln, y hacer un homenaje a su presidente demócrata favorito. El Memorial es un gran templo, inspirado en el Panteón de Roma. El guía cuenta con una pasión no frecuente la historia de su construcción en plena Gran Depresión, las damas de la alta sociedad que se encadenaron (como la Thyssen) para que no talasen los cerezos, las críticas de los arquitectos,… Frank Lloyd Wright propuso que era más acorde con los tiempos modernos construir un estadio de futbol dedicado a Jefferson. Por cierto el Memorial de Kennedy es un centro de espectáculos (ópera, conciertos, teatro,…).

Roosevelt, el presidente con el mandato más largo (1933–1945) quiso para si una simple losa de mármol en la Avenida Pennsylvania, la que une la Casa Blanca y el Capitolio. Le hicieron caso, pero no por mucho tiempo, en los noventa le hicieron un Memorial, más horizontal y moderno, con grandes rocas, fuentes y esculturas. Hay una parte dedicada a cada mandato, con frases del presidente, famoso por sus discursos en la radio. Más que la guerra, a mí me interesa especialmente la parte de la Gran Depresión y el New Deal, con tantas similitudes con la época actual. Hay una escultura con una familia a la que le embargan la casa, otra con una cola de parados; los turistas, divertidos, se hacen fotos posando sonrientes entre ellos. ¡Imbéciles! Simplemente mirad a vuestro lado lo que ESTA pasando. Como se necesita ahora alguien realista como Steinbeck que nos cuente lo que le ocurre a la gente, pero también alguien optimista como Capra que nos diga que se puede (Yes, We Can!).

La representación del presidente está basada en la foto de la cumbre de Yalta, en la que una gran capa militar le cubre casi todo el cuerpo; al lado su perrito. Esta estatua fue muy criticada, porque disimula el hecho de que, como consecuencia de la polio, prácticamente hizo toda su carrera política desde una silla de ruedas, una simple silla de cocina adaptada. A principios de los dos mil, se añadió un prólogo al monumento en el que aparece otra estatua, más pequeña, de FDR en su silla de ruedas. En su época era un gran secreto, un secreto de Estado.



jueves, 8 de abril de 2010

CHERRY BLOSSOM




Cherry Blossom (Cerezos en flor) es el momento en que Washington DC se pone guapa. En 1912 los japoneses regalaron cerezos a Estados Unidos como símbolo de la amistad entre los dos pueblos. Los plantaron en la capital, alrededor del Tidal Basin y en la ribera este del Potomac. Tidal Basin es un gran estanque cerca del Mall, el gran parque que une el Capitolio a un lado, con el Memorial de Lincoln al otro, y la Casa Blanca en medio. Desde el estanque se ve al norte el gran obelisco (Memorial de Washington) y el Memorial de Jefferson, al sur. El sitio es realmente “terreno sagrado” para Estados Unidos, como recordaba una de las autoridades en una de las ceremonias. No sé cuantos árboles regalaron, pero ahora hay más de tres mil, además de otros muchos dispersos por la capital.

Durante un par de semanas al año, se produce la floración. La fecha varía cada año, dependiendo de la temperatura, pero normalmente es entre finales de marzo y principios de abril. Yo llegué el día 2 de abril y ya había pasado el momento culminante y estaban empezando a caer las flores y a reverdecer los cerezos. La ciudad aprovecha para celebrar un festival que dura unas tres semanas. Se celebra la llegada de la primavera (este invierno, por lo visto, ha nevado muchísimo), la amistad con el pueblo japonés, pero, sobre todo, el espectáculo de la naturaleza, esa belleza temporal y frágil, que llena la ciudad de colorido. Rosa y blanco.

Washington se llena de turistas, cientos de autobuses cargados de gente que toma posesión de los parques. Como me decía el taxista que me trajo del aeropuerto, un hindú de Tanganika, eso es el Cherry Blossom, una horda de turistas que se saltan los semáforos y arrasan el césped. Rodeado de gente, uno tiene una sensación anticipada del próximo futuro de este mundo nuestro: Asia. Hay americanos blancos, sí, hay negros, sí, hay latinos, sí, pero por encima de todo hay asiáticos: amarillos, e hindúes y pakistanies. Muchas familias, con muchos niños y cargados de bolsas de comida. El siglo XXI es de ellos, ya podemos ir preparándonos.

La ciudad tiene una belleza elegante y clásica. Es un concentrado del idealismo de los padres fundadores (“We the People” – Nosotros el Pueblo-, como dice el preámbulo de su Constitución) y de sus grandes figuras y presidentes. Pero, detrás de ese idealismo, que uno percibe con la vista, uno no puede dejar de sentir el poder, la fuerza bruta, que emana de la Casa Blanca y del Capitolio. Pues bien, ver esa misma Casa Blanca o el Capitolio, a través de los cerezos, da esa sensación de que el mundo podría ser mejor, más armónico, menos duro con los débiles. Es una especie de revolución de los claveles, pero en este caso no es el pueblo el que pone flores en los fusiles y en los cañones de los tanques, es la Naturaleza la que pone flores en esos símbolos de poder para recordarnos, ahora que empieza una nueva estación, que otro mundo es posible. Ojalá.

Con el festival, se celebran varios espectáculos, aunque yo estaba bastante perdido. El sábado al anochecer ví que la gente no se iba y acampaba esperando algo. Pregunté y pude ver los fuegos artificiales. El domingo de casualidad pillé la ceremonia del encendido de la linterna. Es una llama en un monumento de piedra, de cientos de años de antigüedad, que Japón regaló en los años cincuenta a EEUU para conmemorar el centenario del primer Tratado de Comercio que los dos países firmaron en 1854; allí encendieron una linterna similar. (Vamos a llamarle “tratado”, pero fue cuando la marina de guerra estadounidense, al mando del Comodoro Perry, obligó a Japón a abrirse al comercio internacional). En la ceremonia, hay japonesas vestidas de kimono, se tocan instrumentos tradicionales y un pequeño coro cantó, entre otros, los dos himnos y una divertida versión “a capella” de la Marcha Radetzky. Hay discursos de autoridades, muy simpático el del embajador del Japón y, también, claro y directo el del Senador de Virginia que preside el Comité de Relaciones con Japón, recordando su primera visita a es país, como marine.

Mi hotel, el Helix, de la cadena Kimpton, está bien situado (unos diez minutos al norte de la Casa Blanca), pero es bastante peculiar. Lo elegí porque tenía una oferta para seis días coincidiendo con el Cherry Blossom. Las críticas de Tripadvisor no tenían término medio: o lo ponían por las nubes o no les gustaba nada. Digo peculiar, porque es un hotel muy “pop”, con una decoración muy moderna, un poco gay. En el armario, hay un albornoz y ropa interior de leopardo, por si los quieres comprar y sacar tu lado salvaje. Something Wild? No, thanks.
Hotel Best Western President. Nueva York. 8 marzo 2010.


VANYA EN LA CALLE 48




Tengo un par de entradas sobre Washington, pero no me resisto a contar una anécdota que me ha sucedido hace unos minutos.

Mi primer encuentro con un actor. Al bajar del taxi en Nueva York para llegar a mi hotel, un señor esperaba a que quedase libre. Lo he reconocido. El dialogo no ha sido muy impresionante:

- “Are you an actor, aren´t you? Tio Vanya in forty …. street. Beautiful movie".

- “Thanks, thanks”.

Ha sonreido, se ha metido en el taxi y se ha ido. En el hotel han visto la escena y me lo han comentado. No es muy conocido, no es un galán, pero tengo muy buen recuerdo de la película. Si la memoria no me falla, la última del director francés Louis Malle.


El título es “Vanya on 42nd St.”, basada en “Tio Vanya” de Chejov. He buscado su nombre en Internet, Wallace Shawn, y he visto que ha hecho otras películas, como “La princesa prometida”, casi todas en papel cómico, no la de Vanya.

Por cierto, mi hotel está en la calle 48th.







viernes, 2 de abril de 2010

MIDNIGHT IN THE GARDEN OF GOOD AND EVIL


En Savannah, “Medianoche en el jardín del Bien y del Mal” es “El Libro”. Pocas veces un libro ha convertido una ciudad en un destino turístico, especialmente cuando su tema central es un posible asesinato. A los habitantes no les gusta la imagen que da de ellos, pero le están agradecidos, “porque puso a la ciudad en el mapa”. El incidente ocurrió a principios de los ochenta y el libro no se publicó hasta enero de 1994. Fue un auténtico bestseller y durante 5 años estuvo en la lista de libros más vendidos del New York Times. La película, dirigida por Clint Eastwood, es de 1996 y tiene una muy buena banda sonora, con canciones de John Mercer, que es uno de los savannenses más famosos. Es el autor de la letra de canciones muy conocidas, entre otras “Moon River” (la música es de Henry Manzzini).

A finales de los setenta, un periodista neoyorquino, John Berendt, se da cuenta de que por lo que cuesta una cena en NY puede volar a una ciudad de Estados Unidos y decide gastar su dinero conociendo su país. Durante una estancia en Charleston le animan a bajar a Savannah y saludar a la amiga de un amigo. La ciudad le resulta una auténtica sorpresa y decide quedarse más días de lo que esperaba. Se da cuenta de que vive al margen de todo y de que es una auténtica desconocida. Va conociendo personajes muy singulares (en Savannah lo extraordinario es lo ordinario) e historias muy extravagantes. Alquila un apartamento y pasa temporadas largas, hasta que finalmente está más días aquí que en NY. Piensa que puede escribir un buen libro sobre la ciudad.

Entre estos personajes está Joe Odom, Lady Chablis, Luther Driggers, Emma Kelly, Jim Williams y muchos otros. Joe Odom, “sentimental gentleman”, es un abogado, dedicado con poco éxito al negocio inmobiliario, que es encantador y toca el piano como pocos. Invade mansiones abandonadas y allí desembarca con su trouppe de amigos. Cuando se le acaba el rollo, cambia de casa. Hay vecinas que entran a ver que está pasando para denunciarlo a la policía y salen como una amiga más y con la permanente hecha, porque entre los ocupas hay un simpático peluquero.
Lady Chablis es una drag queen negra. Actúa en cabarets y es un personaje deslenguado y muy lanzado. Alberto me preguntó si todavía está viva. Sí, lo está, ahora reside en Carolina del Sur, pero sigue actuando en Savannah un par de veces al mes en el Club One, como se puede ver en la foto. La última fue el día de St. Patricks´. Debe tener cerca de sesenta años, pero yo creo que morirá con los tacones puestos.
Emma Kelly, la mujer de las seis mil canciones, como la bautizó Johnny Mercer por el número de canciones que se sabía. Era un personaje imprescindible en las fiestas de la ciudad y también tocaba su piano en varias iglesias los domingos. Incansable. Conducía como una loca de una fiesta a otra, y, si a algún policía novato se le ocurría pararla, al día siguiente se llevaba una buena bronca de su jefe.
Luther Driggers era un inventor loco, que paseaba con moscas atadas con hilos. La gente le temía porque se rumoreaba que guardaba un veneno que pensaba echar en el sistema de aguas de la ciudad.
Jim Williams era un nuevo rico que había hecho fortuna vendiendo antigüedades y restaurando casas. Era irónico y mordaz. Celebraba unas fiestas de Navidad increíbles a las que toda Savannah quería ser invitada.

Estando John Berendt en Savannah, Jim Williams disparó a un joven en su casa en lo que él alegó como legítima defensa. El caso dió lugar a cuatro juicios y es el tema central del libro. No cuento como termina porque recomiendo vivamente que veáis la película. En ella intervienen como actores algunos personajes reales, como Lady Chablis (aunque su papel es mucho mayor en la película), Emma Kelly, el peluquero, o el abogado Sonny Sailer, que en la película hace de juez. Otro personaje interpreta a su padre; Uga IV, un bulldog blanco que hace de Uga III, la mascota del equipo local de futbol (americano).

El nombre tan largo, “Medianoche en el jardín del Bien y del Mal”, se le ocurrió al propio autor. El acusado, Jim Williams, contrató para su defensa a un abogado, pero decidió recurrir también a Minerva, una bruja de “vudú”. Esta recomendó ir a un cementerio a media noche, porque la media hora anterior a las doce pertenece al Bien y la media hora siguiente al Mal, y ella pensaba que en este caso iba a necesitar a ambos.

“´We're going to go to the garden´, she said, which is the graveyard. And she said, `We have to go at deadtime. Now you know about deadtime. Deadtime lasts onehour--half-hour before midnight to a half-hour after midnight. First half-hour´s for doing good. Second half-hour´s for doing evil. Seems like we need a little bit of both tonight´.”

Para la cubierta del libro la editorial mandó a un fotógrafo a la ciudad. Estuvo en el cementerio de Bonaventure y descubrió una preciosa escultura, the Bird Girl, la de la foto. La estatua se hizo tan famosa que la familia propietaria de la tumba, harta del acoso de los fans de la novela, decidió sacarla del cementerio y depositarla en un museo.

Para terminar de un modo menos truculento y en homenaje a John Mercer, adjunto el video de You Tube de “Moon River”, en la película “Desayuno con diamantes”. A los chicos, imaginad que acabáis de alquilar un apartamento y la primera noche escucháis una canción, os asomáis a la ventana y veis lo que veis. Irresistible.

Adios Savannah. Franky goes to Washington.
Chartlotte´s Airport. 2 marzo 2010.

miércoles, 31 de marzo de 2010

BREAKFAST IN AMERICA

My nephew Diego challenges me to write the blog in English. So I go.

One of my favourite moments in the days I´ve spent in Savannah is breakfast time. “Breakfast in America” was a famous song by Supertramp. That´s what I have every day. Most of the Inn´s guests stay just a few days so they change continuously. They come from all over the United States and Canada. One of the days there was a phillipine family so it was more a United Nations´ breakfast.

It usually starts at 8:30 and it ends at 10:00. We all sit in the big table of the dinning room of the Inn and enjoy Elaine´s food. Natural juice, coffee or tea, yoghourt with fruits, one big dish and a final dessert. The big dish varies; sometimes it is an Italian bruschetta or sometimes a more American dish with eggs and grits. Grits is a “puré” made of corn that is typical southern food.

The food is delicious but what I really enjoy is the talk. The first question is where are you from but it expands to a lot of subjects: recommendations in Savannah, Spain and Europe in general, travels, jobs, Obama´s project about Health Care,…

I can´t remember everybody but these are some of them:

- A couple from San Antonio that runs a Bed&Breakfast there.

- A couple of Canadians. They are retired now. He was an officer in the Canadian Army and afterwards worked in a bank. She was married previously with a man from Syria and it was a complete disaster. I went with them to have dinner in one of the best restaurants in Savannah, Elizabeth´s, that is included in a list of one of the 1,000 Places to Visit Before Dye.

- A couple of gay men. One of them was in the Navy and the other was a student. I don´t realise their condition, but Elaine told us the day after, because the Canadian man had asked them about the policy on gay subject in the US Army.

- A couple in their honeymoon. They left the Inn one day before expected because she thought the house was haunted. Afterwards I slept in the same room and I didn´t see or listening anything at all, maybe the spirit doesn´t speak spanish.

- A young sculptor from Pasadena and his girlfriend, a cloth designer, from New York.

- A mid-twenty man from New Jersey that has been fired from a financial company and was travelling through the south to think what he would like to do the rest of his life.

- A couple of old ladies from Arkansas that had come for the Homes and Gardens Tour. This is celebrated one weekend a year in Savannah and you can visit several private houses that open their doors. By chance I was in the same tour so we did it together.

- A couple of Canadian men. They have travelled to Florida to pick a friend´s car and they have to drive it back to Toronto, but they were not in a hurry. It was a convertible red car. They plan to visit a lot of cities in their way back.

- A couple from Sarasota (Florida). He plays the french horn in an orchestra and she is music teacher in a school.

- A couple of phillipines that live in Atlanta and were visiting Savannah with two relatives.
- A nice couple from Baltimore. They recommend me to go to Washington for the Cherry Blossom. It is similar to the Jerte´s cherryes but in DC.

- And couples from Atlanta, Nebraska, Alabama, Chicago,…Usually they spend a few days in Savannah or just they stopped here for one day in a travel somewhere, usually to Florida.

As you see it is really Breakfast in America. This is another way of travelling. I met people from several places but I stay in the same place, even in the same table.
Inn at 909 Lincoln St. Savannah. March 31st 2010.