domingo, 21 de febrero de 2010

CAMARAO DA ILHA


A la isla de Santa Catarina aquí la llaman “ilha mágica” o “ilha bela”. La guía Lonely Planet resume este destino como “Grandes olas, una bulliciosa vida nocturna, deliciosas ostras, playas desiertas, pintorescos pueblos de pescadores y mucho más”. Desde luego, no parece mal sitio. En las próximas líneas voy a intentar explicar qué es ese “mucho más”.
La isla es alargada. Tiene unos 150 kilómetros de largo y unos 18 en su parte más ancha, y más de 40 playas, bastante diferentes. Tiene una gran laguna, Lago do Conceiçao en el centro, y otra más pequeña en el sur.
Ya el primer día decidimos alquilar un coche un par de días para conocerla y para decidir en qué zona buscar alojamiento. Con el tiempo descubrimos qué nos equivocamos, ya que durante el carnaval la isla está hasta los topes y se producen bastantes atascos. La carretera que cruza el lago central es el peor punto y recuerda algo a La Manga. Debimos quedarnos en la ciudad durante la mayor parte del carnaval y pasar a la isla cuando se ha ido mucha gente y recorrerla es un auténtico gustazo.

Nosotros hicimos el recorrido en plan circular desde Florianópolis hacia el norte el primer día y empezando por el oeste para terminar en el este donde están las mejores playas. En el oeste están los pueblos que fundaron los primeros pobladores portugueses. Eran fundamentalmente pescadores y balleneros de las Azores. Ahora son las peores playas, pero son pueblitos tranquilos, más cuidados y la vista es muy relajante; parece como una gran laguna rodeada de montañitas e islitas con una luz neblinosa. En San Antonio de Lisboa cayeron las primeras ostras en un chiringuito pegado al mar.
Luego fuimos a las playas más turísticas: Jureré, Canasvierias, Lagoinha y Praia Brava. Para un español no son nada del otro mundo; muy turístico (sin bloques, ni adosados) y poca arena, llena de gente. De ellas la mejor con diferencia Praia Brava, que ya da al este, al mar abierto. Allí dimos un buen paseo playero, pero no sé por qué mirábamos más hacía el interior. Buen nivel.
Por la tarde, descubrimos Barra de Lagoa, que es un pueblito pequeño de pescadores, al final del Lago Conceiçao. Tiene buena playa, que conecta con la de Mozambique, la más salvaje. Allí los hostel estaban llenos y cogimos un hotelito.
El segundo día fuimos hacia el sur. Empezamos Pantano do Sul, comiendo en el Arante, un restaurante lleno de mensajes pegados a la pared y techos, que viene de los primeros surferos que los ponían para comunicarse, cuando no había móviles. Luego siestecita a la sombra de los árboles en la playa de Armaçao, la de la foto, que estaba bastante desierta, y nos asomamos a la de Campeche, antes de terminar en la de Barra, nuestra casita.

En otros días, hicimos excursión a la playa de Joaquina (Joaca para los amigos) que tiene unas dunas enormes en las que se hace sandboard, chorrándose con tablas de snow por la arena. Entre la playa de Barra y Joaquina está Praia Mole, que es la Ibiza de aquí, la marchosa. No entramos, pero si sufrimos los atascos que provocaba, especialmente en carnaval, con las fiestas de DJs, mañana y tarde.

Desde Barra hicimos una excursión muy simpática a Costa de Lagoa, que es un pueblito pequeño en el lago, al que solo se puede llegar andando o en barco. Esta zona está llena de chalecitos (y chaletazos) con sus muelles de atraque. El barquito paró un par de veces para bañarnos y al final nos dejó en un restaurante donde tomamos el plato estrella de la zona: Secuencia de Camaroes (gambas). Bafos, alho e olheo, milanesa y filete de peixe con molho do camarao, es decir, cocidos, con ajo y aceite, empanados y un pescado a la plancha con salsa de gambas. Nuestra comida típica son los camaraos milanesa con una botella de cerveza helada, que tapan con un protector de plástico para mantener el frío, lo que le da un aspecto de botella de lejía amarilla.

Cuando termina el carnaval, las playas quedan más tranquilas y es más fácil moverse por la isla. Decidimos mudarnos aunque fuese solo una noche a un hostel que nos había gustado, Barra Beach Club, que está en el mismo pueblito, pero al otro lado del río, cruzando un puente elevado de hierro. Da a una playita preciosa llena de vegetación, la prainha. Allí nos pegamos un baño estupendo, una tarde que empezó a llover y se había quedado vacía. La playita pide fiestecita, pero en el hostel avisan en una nota que la gente no está acostumbrada a que la gente se bañe desnuda.

La isla está llena de argentinos y uruguayos. Familias y jóvenes que se pagan las vacaciones con lo que “laburan” allí. A nosotros nos resulta más fácil comunicarnos con ellos que con los brasileños, aunque la gente local es muy amable y la zona en general muy segura.
El ambiente nocturno está claramente en Lagoa de Conceicao, con pubs a la española y calles llenas de gente. Muy agradables los sitios con música en vivo, con coletazos del carnaval todavía.

Ilha Bela, Ilha Mágica, aunque hay que elegir bien la playa. Hay para todos, desde el marchoso ibicenco al surfero más alternativo.
Hotel Mercure Lindacap. Florianópolis. 21 de febrero 2010.


2 comentarios:

  1. De Florianópolis a Ilha Mágica. Tu viaje está empezando a tomar toques de literatura fantástica. Me quedo con la foto de los ex-votos mensajiles surferos. ¿Ves algo por la pantalla, o la foto es a tientas?

    Un abrazo.

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  2. Hola Fran: sigues hablándome de un mundo tan desconocido para mí como interesante.

    Sigo esperando una foto en la que salgáis tu hermano y tú juntos.

    Un abrazo.



    Juan Francisco

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