
Cuando estaba en Santiago me desaconsejaban ir a Arica. Nadie había estado allí. "No tiene nada que ver", me decían.
A mi me parece un pueblo agradable, con algunas buenas playas. El hostal que he buscado por internet es acogedor y los dueños muy amables. El centro de Arica está bastante cuidado. Está al final de un valle muy fertil, el Valle de Azapa. En su tiempo alimentaba Potosí, la ciudad más grande de su época por las minas de plata. Los españoles lo abandonaron por la malaria, ya erradicada. Tiene olivos de regadio, lo que se hace raro comparado con los árboles que he visto hasta ahora. Un gobernador español del Perú logró traer tres olivos sevillanos y les puso guardía; uno lo robaron y acabó en Chile.
En el Museo de Azapa exponen las momias más antiguas que se han encontrado. Tienen 7.000 años de antiguedad y pertenecen a la cultura Chinchorro, llamada así por un tipo de pesca, parecido al copo malagueño. Los indígenas están protestando por su exhibición, porque lo consideran una falta de respeto a los muertos. Por ello, el rostro lo han cubierto con una máscara de barro. En el museo de San Pedro, directamente han tenido que quitar las momias del expositor y guardarlas en un depósito.
La principal excursión es al Lago Chungará, muy cerca de Bolivia y al pie de dos volcanes nevados. Un sitio espectacular. Es una zona de pequeños pueblo aymara. A la vuelta nos traemos a un niño aymara de unos diez años, Marcelo, que va a pasar unos días con su abuela. Es tímido y se siente cohibido por los extranjeros. Va con un chandal y como todos los niños se pone los cascos y se pone a jugar a una especie de gameboy. Le preguntamos si habla aymara y nos dice que no. El guía nos cuenta que los niños no quieren lo aymara, que lo sienten inferior. Luego van a la ciudad y se dan cuenta de que eso no es lo suyo; es entonces cuando vuelven a lo aymara.
¡Qué tengas suerte en la ciudad, Marcelo, pero nunca te avergüences de ser aymara!

Gracias Fran por compartir la experiencia con Marcelo. Son esos encuentros los que dan vida. Un abrazo muy fuerte desde el Norte de este continente que nos tiene cautivados este año.
ResponderEliminark-cho, nos ha gustado mucho tu historia ¡te estamos siguiendo en el mapa por todo Chile.!¡No sabes la de cosas que estamos aprendiendo! y las fotos son muy chulas.
ResponderEliminarUn abrazo y cuidate mucho.
Familia Carballás Boluda
Hola Fran: cuando dices "A la vuelta nos traemos a un niño aymara..." me imagino que te refieres que volvió en el autobús o en el medio de transporte en el que regresaste a Arica, ¿no?
ResponderEliminarEcho de menos alguna foto tuya del lago Chungará.
Gracias por seguir manteniéndonos al día de tus peripecias.
Un abrazo.
Juan Francisco
Me he ido al Google Maps a buscar Arica y me he quedado impresionado. La carretera que te deja allí acaba en la población. O sea que de paso nada, allí vas a Arica o no vas. Eso sí, tiene un pueto apañadete.
ResponderEliminarLo que cuentas de los niños aimaras es el pan de cada día de las migraciones (en este caso internas). Lo triste que debe ser perder las raices y no encontrar-te sobre las nuevas.
Un abrazo.
PD. El frío empieza a llegar a esta Málaga nuestra. Te lo digo para que te regodees en este año sin invierno.
Me encanta lo de la cultura Chinchorro...
ResponderEliminarUn abrazo,
Carlos