jueves, 19 de noviembre de 2009

CAP DUCAL


El fin de semana pasado estuve en Viña del Mar / Valparaíso. Son dos ciudades pegadas, pero no tienen nada que ver.

Viña del Mar, Viña como dicen los chilenos, es la ciudad turística más conocida de Chile. Era la zona de veraneo de la alta sociedad durante el sigo pasado y hasta hace décadas. Ahora, como suele ocurrir, se ha popularizado más y hay otras ciudades más exclusivas más al norte (Reñaca, Concón y, sobre todo Zapallar). Está cerca de Santiago y las comunicaciones son muy buenas. Sólo hora y media de autobús y bastante frecuencia de salidas, algo bastante raro para este viaje en que todo está lejísimos y en que, al no ser temporada de verano, hay que pelear los horarios.
La ciudad conserva algunas villas espectaculares, que se conservan como museos, como la Quinta Rioja, de un millonario de origen español de finales del siglo XIX y decorada como un palacio rococó. También la zona pegada al mar conserva casas antiguas, de todos los estilos del mundo (una casa alpina alemana, otra inglesa con tablones de madera cruzados,…una minieuropa de recreo), pero incluso las modernas están construidas con cierto buen gusto y sobre todo destacan la pasión de los villamarinos por las flores. En cualquier jardín, en cualquier terraza, uno descubre pequeños rincones de belleza.

También tiene buenas playas, llenas de gente joven y aprovecho para darme el segundo baño, después de Iquique. El agua es más tranquila, aunque está también bastante fría y la gente solo entra unos minutos a refrescarse. Para los chilenos este agua está caliente, la fría es la de las playas del sur. No seré yo quien la pruebe.

En Viña intenté quedar con dos españoles que conocí en Atacama y que están con una beca de investigación en la Universidad de Valparaiso, pero justo ese fin de semana ellos estaban fuera. Resulta difícil quedar a través de Internet. Además, el hostal tiene un solo ordenador y los dueños tienen tres hijos que se pelean entre ellos por ocuparlo. Como echa uno de menos la inmediatez del móvil. Quien lo iba a decir.

Mi gran descubrimiento en Viña es un restaurante impresionante, el Cap Ducal, que es como un barco y decido que será un buen lugar para la cena. Me encantan los restaurantes que se meten en el mar y ya he estado en alguno en Chile, pero este es especial. Es un sitio de lujo y los camareros me esconden un poco, al verme con mis botas de trekking y mis vaqueros. Al menos, me dan una mesa pegada a la cristalera. La cena es esplendida con una vista de todo el frente marino y un reflejo mágico, verde y caramelo, de la barra del bar que está al otro lado y que está hecha de botellas vacías. He intentado sacar varias fotos, pero no he conseguido captar ese reflejo.
Al día siguiente me paro a hacer una foto del Cap Ducal y, cuando estoy concentrado, una ola gigante me deja hecho unos zorros. Aquí las olas son así, una tras otra, tranquilas, y, de pronto una se destaca y sorprende al desprevenido. Me tocó a mí. Pues nada, a secarse el sol.

1 comentario:

  1. Hola Fran: aunque con un poco de retraso te hago un comentario.

    Si te gustan los restaurantes que entran en el mar (como a mí), no dejes de visitar La Rosa Náutica cuando vayas a Lima: merece la pena.

    Me gusta cómo relatas lo que te ocurre.

    Gracias por mantenernos al día de tus peripecias y un abrazo.



    Juan Francisco

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