

Valparaiso, que los chilenos llaman cariñosamente Valpo, está pegada a Viña, pero no tiene nada que ver.
Es un puerto, el puerto más grande de Chile y uno de los más importantes del Pacífico, desde la época española, después del Callao (Lima). Es una concha llena de colinas que hace que parezca como un gran anfiteatro fragmentado e irregular. Hay una zona baja, que llaman el plan, y que es donde está la zona comercial y financiera. Es una zona de relleno ganada al mar. Un portugués le llamaría la Baixa, como en Lisboa, en Oporto o en Bahía. Durante muchas décadas Valparaiso fue casi una sucursal de la City londinense.
Pero la ciudad de verdad son las casas que trepan por las colinas de manera que parece imposible. Los nombres de estas colinas, hay más de veinte, son sonoros y evocadores: Cerro Alegre, Cerro Concepción, Cerro Placeres,…Todo con cientos de escaleras, y ascensores y pequeños funiculares. Neruda dice que subiendo y bajando las escaleras de Valparaiso uno da la vuelta al mundo.
La primera tarde exploro hasta que oscurece y mi instinto me va aconsejando prudencia en las zonas con poca gente. Como todo gran puerto, exige su respeto. Al día siguiente quedé con uno de los contactos que traía de España y que no conocía personalmente. Tatiana vive en Viña, pero ha nacido en Valpo y se la conoce como la palma de la mano. Callejea con el coche y poco a poco me va descubriendo los mejores miradores.
La visita central es La Sebastiana una de las tres casas de Neruda que se visitan. Está en lo alto de un cerro, con vistas espectaculares y llena de detalles del niño coleccionista y disfrutón que el poeta llevaba dentro. Una casa para recibir a los amigos y beberse la vida y sus placeres. Una foto es la vista desde su cama; la otra es un detalle del salón con un caballito de un carrusel de feria.
Isla de Chiloé. 19 de noviembre de 2009.

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