


El miércoles pasado, casi recién llegado, coincidí con la celebración del día de San Patricio, que es la principal festividad en la ciudad. Por lo visto es la tercera en importancia, después de la de Nueva York y Chicago, pero por delante de Boston y Philadelphia. No es una ciudad colonizada por irlandeses, pero parece que hace un siglo sí había una asociación irlandesa muy activa, la Hibernian Society, que ha conseguido que la fiesta cale en la ciudad y la transforme esos días. El 17 todos somos irlandeses, aunque sea de corazón. Ya el martes se veía el ambiente festivo y la gente compraba cosas verdes para ponerse: camisetas, gorros, collares, gafas…Incluso ponen colorante verde en las fuentes para celebrarlo. Así que la gran fuente del parque Forsyth echaba el agua de un verde brillante por todos sus chorros. Según una de las guías, en los años sesenta intentaron teñir las aguas del río Savannah, pero el resultado fue muy pobre.
El martes el ambiente se concentraba en la zona del City Market, donde están la mayoría de los bares. Los miembros de las bandas de música ya habían llegado y se juntaban entre ellos formando corrillos entre el público, mientras ensayaban y calentaban. Se oía el inconfundible sonido de las gaitas que a mí, de siempre, me emociona particularmente. Casi todos hombres, aunque había alguna gaitera. No sé la profesión de los músicos, pero la mayoría llevaba falda escocesa y camisetas de un cuerpo de policía o bomberos, de algún distrito de Nueva York o de distintos condados. Por lo visto el uniforme de gala de la policía, al menos en Nueva York, incluye la falda escocesa. Unos muy tradicionales, otros con camisetas y tatuajes, pero todos agarraban una cerveza en cuanto podían y tocaban, a veces juntándose distintos grupos entre los aplausos del público.
El miércoles era el gran desfile, the Parade. En el desayuno ya se podían oir las primeras gaitas y el jaleo de los preparativos. Yo elegí una de las plazas más bonitas, la de Lafayette, y me propuse verlo entero. Casi tres horas. La mayoría de la gente pone sillas en el recorrido y tienen mesas auxiliares con comida y bebida. La ciudad a tope.
El desfile en sí es muy heterogéneo: coches adornados, carrozas o simplemente gente desfilando o andando. Da la sensación de que cualquiera podría ponerse una chaqueta verde y unirse a la marcha. En coche desfila el Grand Marshall de este año, junto con su familia, que va andando detrás, incluso con los niños en carrito. También los Marshall de otros años, el obispo, una juez, un diputado del Parlamento de Irlanda, uno que tiene un deportivo y hace sonar el motor entre los alaridos del público. A los americanos les gusta mucho dar esos gritos de alegría, WOW, WOW, para demostrar que se lo están pasando en grande. Los de los coches saludan a un lado y a otro, y van todos con esa sonrisa tan enorme que sólo saben poner los estadounidenses.
Las carrozas son de sociedades irlandesas, de clanes familiares, de instituciones, pero también de Coca-Cola, de Home Depot o de algunos negocios locales. Una de las más divertidas es la de los miembros del Alee Temple, con sus gorros turcos; esta sociedad es una mezcla de rotarios y de peña de cachondos. Las carrozas están adornadas de modo casero, sin grandes lujos, lo que le da una gracia especial a la celebración. ¡Que diferencia con las lujosas carrozas del carnaval de Floripa!
A pie desfilan bandas de gaitas y tambores, grupos disfrazados de la época de la revolución americana, soldados, veteranos de guerra, sociedades irlandesas y las bandas de música de las High School; con estas se mezcla la negritud y su alegría en esta fiesta irlandesa. Cuando pasa la bandera, los policías que vigilan la marcha se cuadran de modo marcial y también lo hacen algunos del público. Los que desfilan tienen que tener cuidado porque son asaltados continuamente por mujeres del público que les dan un sonoro beso, dejándoles en la mejilla una marca carmín bien visible. Delante de mí hay una chica gordita que es una auténtica “killer” en este aspecto.
Una vez terminado el desfile la fiesta continúa en River Street y en el City Market, donde se concentran los pubs y bares. Hay algunas actuaciones al aire libre de folk, rock y, como no, gaitas. Yo me retiré sobre las diez de la noche y para mi sorpresa el ambiente sigue alegre, pero sin peleas ni broncas, aunque llevan bebiendo desde la mañana. La policía mira relajada y algunos grupos de ellos se ponen hasta arriba de cerveza, claro que no son los de Savannah, sino los que han desfilado y ahora están de marcha con sus uniformes.
¿Qué imagen me queda como resumen del desfile? Muchas, pero, sin duda, la mejor son los gestos, serios y profundos, con que los jefes de las bandas de gaitas llevan el paso del desfile, agitando en el aire una maza, que también utilizan para dirigir la música y hacer que pare. Ese paso marcial que contrasta con el desenfado festivo de la gente alrededor.
The Inn at 909 Lincoln St. Savannah. 23 marzo 2010.

Hola Fran: muy interesante tu relato del día de San Patricio. Ya echaba de menos tus crónicas...
ResponderEliminarPor cierto, podrías ¿decirme cómo se pronuncia Savannah?
Un abrazo.
Juan Francisco
Preciosa la crónica San Patrikciana. Me hace gracia lo que dices sobre lo que les gusta ponerse el kilt a los irlandeses (o más bien biznietos de irlandeses) del NYPD. Nó yo sé si la feria de Abril de Liverpool sería tan purista con los faralaes.
ResponderEliminarSeguimos pendientes de Savannah contigo dentro.
Un abrazo.
Por lo que cuentas eso es algo así como el Jueves Santo y la Legión en nuestra Málaga. Ya habíamos visto en las pelis que los irlandeses están especialmente arraigados en los cuerpos de Bomberos y Policía, y por lo que dices del desfile es así.
ResponderEliminarImpresionante lo del intento de teñir de verde el río.
Lo que no nos comentas es si tú te has puesto algo verde. Con tantos Km de por medio no me atrevería a aventurar nada (?).
Muy buena crónica !!