Todavía estoy impresionado por las imágenes que veo del fuerte terremoto que ha sufrido Chile. Cómo sabéis los seguidores de este blog, Chile ha sido el principal lugar de este año sin invierno, casi dos meses, aunque la zona más afectada por el terremoto es precisamente una de las que no visité, desde Valparaiso hasta Osorno. En las imágenes de los destrozos he podido reconocer zonas ya familiares para mi, como el precioso Palacio de Bellas Artes, o infraestructuras importantes, como la América Vespucio, pero, sobre todo, las caras de dolor y sufrimiento de los chilenos, un pueblo trabajador y acostumbrado a luchar para salir adelante, a que nadie les regale nada.
Por los correos que he recibido veo que este blog os ha acercado también a vosotros un poco más a Chile, un gran desconocido, y os ha hecho sentir la tragedia un poco más cerca. Como decía mi hermano Javier en un comentario antiguo, para él, Puerto Montt era ya como Cuenca.
Yo me enteré del terremoto el sábado por la mañana en al avión de Florianópolis a Río, porque junto a mi viajaba Carlos, un estudiante chileno-brasileño, que iba a pasar un día con sus abuelos y luego volaba a Santiago. En su móvil tenía un mensaje de que el aeropuerto de Santiago estaba cerrado por un terremoto, pero no pensábamos que era uno de los grandes. Compartimos taxi hasta Ipanema, y el taxista ya nos dijo que había sido fuerte y que había 45 muertos, con lo que ya se empezó a preocupar.
En Río el día estaba nublado y justo ese día la temperatura, antes a 40 grados, había bajado casi 15 grados de golpe. Al pasar por la Lagoa, no se sabe todavía por qué, habían muerto miles de peces, que los servicios de limpieza estaban sacando y el olor de toneladas de pescado muerto invadía el ambiente, como si fuese una anticipación de lo que iba a ver al encender la tele en el hotel.
En el hotel me conecté a Internet y a la tele, especialmente CNN, con una cierta sensación que me recordaba al 11-M de Madrid. Conforme pasaban las horas la programación de los informativos brasileños recuperaba su normalidad y la CNN parecía dedicar más atención al previsible tsunami en Hawai y a los preparativos de evacuación, así que salí a pasear por la playa de Ipanema para despejarme. Me acordaba de los carteles de rutas de escape de maremotos que había visto en Iquique y que me habían parecido ridículos, porque a 20 metros del mar, señalaban la dirección contraria. No estoy seguro de si hice alguna foto.
No he contactado con mis amigos chilenos, porque tengo la certeza de que están bien, teniendo en cuenta las zonas afectadas, y no me los imagino conduciendo a las tres de la mañana. Seguro que están ahora lidiando con problemas cotidianos de aprovisionamiento, de transporte, de localizar conocidos,… y siento que mi correo sería una molestia más que una ayuda.
Precisamente uno de mis amigos españoles me había comentado que estadísticamente tocaba un terremoto fuerte cada diez años y que el último había sido en 1995, creo, así que…Casi todo Santiago está construido con casas bajas, pero en los últimos años se habían construido muchas torres grandes y aunque cumplían la normativa antisísmica no se sabía de verdad que podría pasar con ellas. Este terremoto no ha sido fuerte, ha sido muy fuerte, más de cien veces el de Haití, porque las escalas de medición son exponenciales, pero parece que efectivamente se había construido bien y cumpliendo la ley, lo que ha permitido limitar muchísimo el número de muertes. Días después, por el contrario parece que no ha funcionado tan bien la previsión de maremotos y las alertas de evacuación. La mala suerte es que ha afectado a las zonas más pobladas del país, aunque a unas horas en que no suele haber mucha gente en las carreteras.
Una de las ideas que he intentado transmitir en mi blog es que lo que más llama la atención en Chile es la fuerza de la Naturaleza, que hace aparecer a los hombre como hormigas, como vulnerables ante el enorme tamaño de todo, de las montañas, de los bosques, de los desiertos,...Esa sensación tiene algo de mágico, para los que venimos de partes del mundo donde el hombre parece dominarlo todo. Pero también su lado oscuro. Desgraciadamente esa fuerza de la naturaleza ha pegado un coletazo más, como regularmente suele hacer, y va a poner a prueba una vez más el carácter de los chilenos. No es la primera vez, ni será la última. Pero si creo que les conozco algo, me parece que van a tardar muy poco tiempo en secarse las lágrimas y enterrar a sus muertos, para ponerse manos a la obra.
Así que me uno a su Presidenta y les animo: ¡Fuerza, Chile!
Por los correos que he recibido veo que este blog os ha acercado también a vosotros un poco más a Chile, un gran desconocido, y os ha hecho sentir la tragedia un poco más cerca. Como decía mi hermano Javier en un comentario antiguo, para él, Puerto Montt era ya como Cuenca.
Yo me enteré del terremoto el sábado por la mañana en al avión de Florianópolis a Río, porque junto a mi viajaba Carlos, un estudiante chileno-brasileño, que iba a pasar un día con sus abuelos y luego volaba a Santiago. En su móvil tenía un mensaje de que el aeropuerto de Santiago estaba cerrado por un terremoto, pero no pensábamos que era uno de los grandes. Compartimos taxi hasta Ipanema, y el taxista ya nos dijo que había sido fuerte y que había 45 muertos, con lo que ya se empezó a preocupar.
En Río el día estaba nublado y justo ese día la temperatura, antes a 40 grados, había bajado casi 15 grados de golpe. Al pasar por la Lagoa, no se sabe todavía por qué, habían muerto miles de peces, que los servicios de limpieza estaban sacando y el olor de toneladas de pescado muerto invadía el ambiente, como si fuese una anticipación de lo que iba a ver al encender la tele en el hotel.
En el hotel me conecté a Internet y a la tele, especialmente CNN, con una cierta sensación que me recordaba al 11-M de Madrid. Conforme pasaban las horas la programación de los informativos brasileños recuperaba su normalidad y la CNN parecía dedicar más atención al previsible tsunami en Hawai y a los preparativos de evacuación, así que salí a pasear por la playa de Ipanema para despejarme. Me acordaba de los carteles de rutas de escape de maremotos que había visto en Iquique y que me habían parecido ridículos, porque a 20 metros del mar, señalaban la dirección contraria. No estoy seguro de si hice alguna foto.
No he contactado con mis amigos chilenos, porque tengo la certeza de que están bien, teniendo en cuenta las zonas afectadas, y no me los imagino conduciendo a las tres de la mañana. Seguro que están ahora lidiando con problemas cotidianos de aprovisionamiento, de transporte, de localizar conocidos,… y siento que mi correo sería una molestia más que una ayuda.
Precisamente uno de mis amigos españoles me había comentado que estadísticamente tocaba un terremoto fuerte cada diez años y que el último había sido en 1995, creo, así que…Casi todo Santiago está construido con casas bajas, pero en los últimos años se habían construido muchas torres grandes y aunque cumplían la normativa antisísmica no se sabía de verdad que podría pasar con ellas. Este terremoto no ha sido fuerte, ha sido muy fuerte, más de cien veces el de Haití, porque las escalas de medición son exponenciales, pero parece que efectivamente se había construido bien y cumpliendo la ley, lo que ha permitido limitar muchísimo el número de muertes. Días después, por el contrario parece que no ha funcionado tan bien la previsión de maremotos y las alertas de evacuación. La mala suerte es que ha afectado a las zonas más pobladas del país, aunque a unas horas en que no suele haber mucha gente en las carreteras.
Una de las ideas que he intentado transmitir en mi blog es que lo que más llama la atención en Chile es la fuerza de la Naturaleza, que hace aparecer a los hombre como hormigas, como vulnerables ante el enorme tamaño de todo, de las montañas, de los bosques, de los desiertos,...Esa sensación tiene algo de mágico, para los que venimos de partes del mundo donde el hombre parece dominarlo todo. Pero también su lado oscuro. Desgraciadamente esa fuerza de la naturaleza ha pegado un coletazo más, como regularmente suele hacer, y va a poner a prueba una vez más el carácter de los chilenos. No es la primera vez, ni será la última. Pero si creo que les conozco algo, me parece que van a tardar muy poco tiempo en secarse las lágrimas y enterrar a sus muertos, para ponerse manos a la obra.
Así que me uno a su Presidenta y les animo: ¡Fuerza, Chile!
Hotel Ipanema Inn. Rio de Janeiro. 1 de marzo de 2010.

Me ha encantado tu comentario sobre Chile y creo que he tenido la suerte de conocer a cuatro chilenos en estos últimos años y también me parece gente ilusionante sin ser deslumbrona , con mucha capacidad de trabajo y con un buen coco mezcla de un buen nivel cultural y buena capacidad de instrospección, alejados de las imagenes que la tele nos estan transmitiendo solo de pillaje y saqueos que aunque ciertas solo reflejan una parte de lo que allí ocurre,seguro que los ejemplos de solidaridad son mucho mayores.
ResponderEliminarDesde aquí me uno a tu apoyo para ellos.
Un abrazo.
Hola Fran: gracias a tu blog el terremoto de Chile ha sido mucho más cercano. Enseguida pensé en ti. Espero que puedan recuperarse pronto del duro golpe.
ResponderEliminarCreo que hoy llegas a Nueva York, territorio conocido gracias al blog de Eli. Siento como que se acaba ya la parte "más interesante" de tu viaje (para mí, cualquier viaje es interesante) y empiezo a verle el final, lo cual me produce cierta desazón.
Un abrazo.
Juan Francisco
Llama la atención el dato que das de la fuerza del terremoto. Cien veces el de Haití, menos de la centésima parte de las víctimas. "A perro flaco todo son pulgas" dice el castellano. Impresiona tu comentario de que los hombres se ven como hormigas ante la Naturaleza. Eso es algo que se nos olvida en cuanto sale un río a recuperar la llanura que le pertenece.
ResponderEliminarBuena suerte en tu última fase del viaje.