sábado, 23 de enero de 2010

THOMAS GOODALL, SUPONGO


Como contaba, las estancias de la Patagonia son más “pobres” que las del norte. No permiten casi agricultura. El suelo originalmente se regalaba, unas 20.000 hectáreas, a los colonos que quisiesen venir a ocupar el territorio. Obviamente en estas tierras vivían indios nómadas (tehuelches, pampa, comechingones,…según las zonas) que cazaban guanacos y ñandúes, y caballos y vacas cimarronas. Las ovejas las trajeron los ingleses a finales del siglo XIX desde las Malvinas y se desarrollaron espectacularmente, aunque son más agresivas para la vegetación, porque arrancan las raíces de los matorrales.

Desde la invención de los tejidos sintéticos y, especialmente a partir de los noventa, por exceso de oferta, el precio de la lana bajó mucho y la rentabilidad de las estancias es baja. Algunas se han abandonado y otras han tenido que complementar los ingresos con el turismo. Tenía ganas de alojarme en alguna, pero resulta difícil cuando se viaja en autobús, porque suelen estar a cientos de kilómetros de los pueblos o ciudades.

En Ushuaia me propuse visitar a toda costa la Estancia Harberton que tiene una historia bien bonita. Está a 180 kilómetros de la ciudad. Intenté ir en autobús, pero el grupo mínimo es de 4 personas y prácticamente no sale ningún día. Había otra excursión por mar que, después de recorrer varias islas del canal del Beagle, desembarca en Harberton, está unas horas y luego vuelve por tierra. Sólo era unas horas, pero era mi oportunidad.

La historia es la siguiente. En Inglaterra a mediados del XIX, encuentran un niño abandonado debajo de un puente, con una “T” bordada en el traje. Lo adopta un misionero y le bautiza como Thomas Bridges. Este dirigía una misión que pretendía convertir a los indios yámanas, que vivían en los canales de la Tierra del Fuego. Para ello van a las Malvinas y desde allí hacen varios intentos, que terminan con el asesinato por los indios de los que desembarcaron. El padre decide abandonar, pero el pequeño Tom decide aprender primero el idioma de los indios con algunos yámanas que han llevado a las Malvinas. Cuando domina la lengua, vuelve a la zona y forma un poblado que es el origen de la actual Ushuaia. Años después Argentina envía soldados y monta una prisión para afianzar la soberanía sobre el territorio, algo que no consideraba suficientemente garantizado con una simple misión anglicana con indios.

Poco a poco la zona va creciendo y empiezan a constituirse estancias ovejeras en la zona. Thomas Bridges siente que eso terminará con el territorio de los indios. Decide solicitar al gobierno argentino un terreno de 20.000 kilómetros cuadrados en el que los yámanas podrían vivir libremente con sus costumbres y él les proporcionaría alimento a cambio de trabajo. Así nace Harberton. Posteriormente, uno de los hijos, Lucas, decide crear otra estancia parecida en las montañas para los indios onas, la Estancia Viamonte. El libro de Lucas “El último confín de la Tierra”, en el que cuenta estas historias es impresionante.

Actualmente las dos estancias siguen en poder de la familia. El principal dueño es Thomas Goodall, que representa a la cuarta generación y desciende de una de las hijas de Thomas Bridges. Ahora Harberton ya no tiene ganado y se dedica prácticamente al turismo. En el libro que comentaba en el blog anterior, hacen una descripción perfecta de él, tímido, que parece un viejo leñador canadiense. Así que cuando bajamos del barco y veo a un señor mayor con pantalón de peto que ayuda a amarrar el barco, me digo ese es y en cuanto puedo me escapo de mi grupo y le persigo. Parafraseando al famoso Doctor Livingstone, le pregunto: “Thomas Goodall, I presume”. Efectivamente es él y le pido que me dedique el libro. Lo hace, pero se nota que estas cosas no le gustan nada. Al irnos es el primero en acercarse al autobús, pero se esconde, cuando aparece la gente. Aunque su familia es fueguina de cuatro generaciones y habla español, a uno le sale hablarle en inglés. Es “british” por los cuatro costados.

La estancia Harberton es bonita. Tiene la belleza de lo sencillo y de lo auténtico, pero mucho más bonita es su historia. La pena es que ya sin ganado y sin empleados indios es como un precioso árbol que ya está seco. En todo caso, toda mi admiración y mi respeto por lo que hicieron los Bridges en estas tierras.
Hotel Amado. El Calafate. 23 enero 2010.




2 comentarios:

  1. El sábado estuvimos Pepe y yo cenando en casa de Ramón y Marta, con Chema, Patricia, Emilio y Estrella. Nos acordamos de ti, hubo hasta un brindis por ti.
    Un beso, Cris

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  2. El que viaja con un libro (o muchos) en la mochila y unos cuantos en la cabeza es un viajero muy distinto, casi ni se le podría llamar turista. Pon un poquito de mi admiración en tu mochila.

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