lunes, 11 de enero de 2010

NADANDO CON LOBOS



El fin de semana pasado fue otro de los grandes del viaje. Estuve en Puerto Madryn que da acceso a la Península Valdés. Este lugar es famoso por el avistamiento de ballenas francas. La Península crea dos golfos a los lados (Nuevo y San José) que son una especie de piscinas tranquilas que aprovechan las ballenas para dar a luz (si me oyera Fernando Rueda). La temporada es larga, de mayo a mediados de diciembre, pero cuando he llegado ya no queda ninguna ballena.

Con todo la Península Valdés es un paraíso para la fauna. Además de guanacos, ñandúes (avestruces), cormoranes y petreles, que ya he visto sobradamente en otros lugares, es una reserva de pingüinos, lobos marinos y elefantes marinos. La ventaja de esta zona es que siempre hay algo.

Los pingüinos son magallánicos, pequeñitos, son la especie que vi en el Seno Otway, cerca de Punta Arenas. Allí estaban empollando los huevos y el padre, o la madre (se turnan), está tumbado en el nido mientras el otro va a la playa a pescar. Nada de hielo. Los nidos son agujeros, parecidos a los de los conejos debajo de matas espinosas. Los machos llegan primero y preparan los nidos. Las hembras llegan después, eligen casa (por su cercanía al mar, por lo protegido,…) y de paso al macho que la ha preparado. Eso fue a principios de diciembre. En Península Valdés ya han nacido los pichones (uno, dos o tres por nido) y están pidiendo comida, con lo que el padre y la madre tienen que hacer más viajes a por el pescado. En la Punta Norte hay un sendero entre los nidos, del que no te puedes salir, pero los pingüinos pasan por todos lados yendo y viniendo e incuso se para alguno a tus pies para aprovechar tu sombra.

La excursión incluye también un viaje en un barquito a una lobera en Punta Pirámides. En este momento los lobos marinos (o leones marinos) están pariendo. Se forman como harenes de unas diez hembras y un macho grande, que posa erguido con su melena; uno entiende entonces por qué les llaman también leones marinos. Los lobos están en plataformas de rocas formadas por la erosión, a las que suben con la marea o por pequeños salientes. Desde el mar vemos el momento emocionante de cómo nace un lobito y cómo luego se lanzan las gaviotas a comerse la placenta. La gestación dura casi un año. Las hembras vienen a dar a luz y sólo están siete días en celo hasta que vuelven a quedarse a embarazadas y al año volverán a la zona a repetir el ciclo. Algunos juveniles, como llaman a los que todavía no son adultos, están por el agua practicando la natación y la pesca.

A mediodía vamos a la Caleta Valdés a ver otra lobera desde tierra. El espectáculo es impresionante, de visión y de sonido, con sus berreos y gruñidos. Se ven machos peleando, juveniles que distraen a los machos en grupo, para intentar robarle alguna hembra,…Uno se quedaría todo el día mirando las pequeñas historias de la colonia. Hay también unos pocos elefantes marinos, pero en esta época están tumbados al sol, cambiando la piel. Por lo visto sus peleas de machos, hace unos meses, son aún más impresionantes. En esta zona pueden aparecer orcas a comer lobos o pingüinos. Ese día no vimos ninguna, ni siquiera aletas en el agua. Parece que es más fácil en febrero, cuando los pingüinos jóvenes y los lobos recién nacidos empiezan a nadar y hay más caza.

Al día siguiente hice una excursión que recomiendo a todo el que vaya. snorkling (o buceo, el que sepa) con lobos marinos. Un barquito te acerca al lobera de Punta Loma y te deja en al agua a unos cincuenta metros. Enseguida se acercan juveniles a jugar con los buzos y nadan entre ellos. Puedes acariciarlos con cuidado. La foto es de la página web de Aquqtours, pero se ven a esa distancia. A mi uno me picoteó las gafas de bucear. De los mejores momentos del viaje. La pena es que uno del grupo se mareó y el instructor prácticamente no pudo hacer fotos. .

Toda la zona de Península Valdés es propiedad privada. Por ejemplo, la parte norte pertenecía a familias vascas, Benzunarte y luego Machinea. Ahora son ricos, pero cuando llegaron a criar ovejas a finales del XIX, las condiciones de vida eran durísimas. Los primeros siete años la mujer del estanciero no fue al pueblo ni una sola vez. En ese tiempo tuvo siete hijos y, estando embarazada, no podía ir en sulky (pequeño carromato) dando botes por las piedras. No había caminos. Bueno un poco como las lobas marinas, a hijo por año.


Hotel Galicia. Trelew. 11 enero 2009.






4 comentarios:

  1. Hola Fran: después del paréntesis navideño, en el que he estado desconectado de Internet, hoy he terminado de leer tus crónicas atrasadas.

    Veo, en esta última, que tus experiencias allí son de lo más variado. Creo que yo también habría disfrutado entre los leones marinos.

    Por cierto: ¿el agua no era gélida?

    Un abrazo.



    Juan Francisco

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  2. Siempre he pensado que Argentina tiene que ser impresionante. De hecho, estuvimos a punto de ir cuando estuvo por ahí Chema, pero al final no recuerdo que pasó, que no fuimos. ¡Qué envidia me das! Si no fuera un viaje tan largo y caro... Habrá que pensárselo...
    Un beso fuerte y sigue disfrutando.
    Cristina y Pepe

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  3. que chuloo!!
    te pareces a papi que le gusta el mar
    te echamos de menos tenemos ganas de verte
    un abrazo muy fuerte
    rodri

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  4. Pero qué imponente estampa la de ese lobo de mar. Sí, el lobo de mar con gafas y neopreno... Sigue sigue empapándonos de Cono Sur, que se nos hace la boca agua.

    Gracias

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