
El domingo, en cambio, amanece con un sol esplendido. La lluvia del día anterior y el cielo absolutamente despejado, permiten una vista espectacular. Un semicírculo de montañas con picos nevados rodea literalmente la ciudad. Es una imagen similar a la de Granada con Sierra Nevada al fondo o como Ribadesella con los Picos de Europa, sólo que a lo bestia. Parece algo irreal, un montaje de photoshop no muy conseguido. Como si un pintor hubiese realizado un gran telón de teatro para un musical de “Sonrisas y lagrimas”. (La foto es de Google; en esta época no hay tanta nieve).
Lo más alucinante es que los días anteriores la presencia de las montañas estaba totalmente diluida por las nubes, pero sobre todo por la contaminación (el “smog”). Santiago tiene un sombrero de polución casi permanente, ya que el semicírculo de montañas impide que el viento circule y limpie el ambiente.
Santiago es una ciudad muy extensa, con muchas casas bajas, parece que por los terremotos. La zona por la que yo me muevo es pequeña. Incluye el centro histórico y la zona residencial de Providencia. Es una franja alrededor del río Mapocho, llena de parques y jardines, por lo que no se tiene esa sensación de aire sucio.
El río Mapocho no es el Sena o el Tamesis, placidos y señoriales. Es un río bronco y color chocolate, como si fuese de los Pirineos. El nombre resulta simpático y evocador, como de una película de vaqueros.
Por la mañana voy al Palacio de la Moneda y por lo pelos me pierdo un cambio de guardia que parece que es muy ceremonioso. Ya volveré. Es una pena que ya no se pueda visitar, según un carabinero por las protestas políticas que se organizaban. En la Plaza de Armas el ambiente es impresionante; a reventar de gente. Me llaman la atención los caballitos de pega que tienen los fotógrafos para subir a los niños y que me recuerdan fotos de mi infancia. Hay un círculo enorme y en su interior varias parejas bailan la “cueca” con un pañolito en la mano.
El resto de la tarde la paso en el parque, lleno de niños y familias, en un día precioso en que parece que todo el mundo es feliz y el mundo está bien hecho.
Lo más alucinante es que los días anteriores la presencia de las montañas estaba totalmente diluida por las nubes, pero sobre todo por la contaminación (el “smog”). Santiago tiene un sombrero de polución casi permanente, ya que el semicírculo de montañas impide que el viento circule y limpie el ambiente.
Santiago es una ciudad muy extensa, con muchas casas bajas, parece que por los terremotos. La zona por la que yo me muevo es pequeña. Incluye el centro histórico y la zona residencial de Providencia. Es una franja alrededor del río Mapocho, llena de parques y jardines, por lo que no se tiene esa sensación de aire sucio.
El río Mapocho no es el Sena o el Tamesis, placidos y señoriales. Es un río bronco y color chocolate, como si fuese de los Pirineos. El nombre resulta simpático y evocador, como de una película de vaqueros.
Por la mañana voy al Palacio de la Moneda y por lo pelos me pierdo un cambio de guardia que parece que es muy ceremonioso. Ya volveré. Es una pena que ya no se pueda visitar, según un carabinero por las protestas políticas que se organizaban. En la Plaza de Armas el ambiente es impresionante; a reventar de gente. Me llaman la atención los caballitos de pega que tienen los fotógrafos para subir a los niños y que me recuerdan fotos de mi infancia. Hay un círculo enorme y en su interior varias parejas bailan la “cueca” con un pañolito en la mano.
El resto de la tarde la paso en el parque, lleno de niños y familias, en un día precioso en que parece que todo el mundo es feliz y el mundo está bien hecho.


En el Palo hay una calle que se llama Mapocho donde vive una antigua vecina tuya (Fátima) jajaja me encantan estas conexiones.
ResponderEliminarBesos
Fran, lo que envidio es poder pasear sin tener que llegar a ningún sitio, sin tener que ver nada en especial y sin pensar que en los próximos días tienes juicios, clientes que atender y administraciones contra las que pelear.
ResponderEliminarDe mayor quiero tener la oportunidad que tu estás teniendo, pero eso si, no me gusta viajar solo, es lo único que no te envidio. parece que si uno va solo las imaganes se borrarán antes pues uno no tiene con quien comentarlas. Bueno, te sigo en ese viaje. ya sabes que me gustan los libros de viaje, es la forma de viajar de quienes no podemos hacerlo de otra manera. Un abrazo
Hola Fran,
ResponderEliminarentre el blog de Eli y el tuyo, me parece que no hago más que viajar sin moverme de mi ordenador. ¡Es magnífico!
Espero que comiences bien tu andadura y que podamos seguirla nosotros desde aquí con los dientes laaarrrgooossss.
Un abrazo
Pilar
... y estarás pensando.... ¿qué Pilar?....
pues, la de AmigosTodos (¿ahora ya sí caes?...)
Ayer leía en rehabilitación un artículo del Biciclwon (al que ya conoces) y decía que estos viajes tan largos tienen el peligro de que llegue un día en que dejes de mirar la realidad con ojos de turista, al que todo le parece nuevo y distinto de la suyo. Tú dices al final del comentario de hoy "en un día precioso en que parece que todo el mundo es feliz y el mundo está bien hecho".
ResponderEliminarNo pierdas esa mirada nueva sobre todo. Será difícil porque son muchos días y seguramente llegará un punto en que todo será menos sorprendente. Pero haz un esfuerzo para sacar todo el partido a esta loca "inversión".
Un abrazo.
HOLA:
ResponderEliminarGUAU! QUE BONITO EL PAISAJE.OJALA YO ESTUVIER AHI Y LO MEJOR DE TODO ESQUE NO TENDRIA COLE.
(AUNQUE MI PADRE ME MATRIA DE CANSANCIO CON LAS EXCURSIONES) TUVISTE UN VUELO MUY LARGO PERO HA MERECIDO LA PENA. VAS A VER COSAS PRECIOSAS E INCREIBLES. ESPERO QUE TE LO PASES MUY BIEN TODO LO K FALTA DE ESTA AVENTURA.Y K LA DISFRUTES,(la abuela me conto k tenias este sueño desde k eras muy pequeñito). Y NO CREO K LO PUEDAS VOLVER VIAJAR TANTO TIEMPO.
UN ABRAZO, TQ (te queremos) OOOXXX
PALOMITA Y JAVI